'La dialéctica no puede detenerse ante los conceptos de lo sano y de lo enfermo, de lo racional y lo irracional. Una vez que ha considerado enfermo lo universal dominante, ve la única garantía de curación en aquello que, comparado con dicho orden, parece enfermo, excéntrico, loco. Bajo este aspecto, la función de la dialéctica sería la de permitir que la verdad del loco llegara a la conciencia de su propia razón, sin la cual, por otra parte, perecería en el abismo de aquella enfermedad que el sano sentido común de los demás impone sin piedad' (Adorno, Minima moralia)

martes, 22 de marzo de 2016

EL SUJETO TRASCENDENTAL COMO POSIBILIDAD DEL CONOCIMIENTO (KANT)

En la Crítica de la Razon Pura,  Kant busca el tribunal que delimite las pretensiones legítimas de la razón y condene las que no tienen fundamento, así como el motivo de la continua tendencia del hombre a trascender la experiencia.

El punto de partida indiscutible ha de ser el fenómeno, es decir, los contenidos de la conciencia considerados en sí mismos, abstraídos de su inherencia a un sujeto psicológico y de su valor representativo de un objeto ontológico. ‘Ocurre aquí como con los primeros pensamientos de Copérnico. Éste, viendo que no conseguía explicar los movimientos celestes si aceptaba que todo el ejército de estrellas giraba alrededor del espectador, probó si no obtendría mejores resultados haciendo girar al espectador y dejando las estrellas en reposo’ (Crítica Razón Pura, Prologo, BXVI, p.20).

Pero para no caer en el error del empirismo, a quienes al  disociar las ideas en elementos menores luego les resultaba un problema explicar las uniones que existen entre ellos, el punto de partida de Kant son los contenidos de la conciencia tal y como se presentan. El análisis de los contenidos de conciencia debe respetar las relaciones naturales de los elementos que disocia.

Kant considera que todo nuestro conocimiento empieza en la experiencia, pero no se origina totalmente en ella. Es una combinación de las impresiones que proceden de la experiencia y algo que pone nuestra facultad de conocer. ‘Nuestro conocimiento surge básicamente de dos fuentes del psiquismo: la primera es la facultad de recibir representaciones (receptividad de las impresiones); la segunda es la facultad de conocer un objeto a través de tales representaciones (espontaneidad de los conceptos). A través de la primera se nos da un objeto; a través de la segunda lo pensamos en relación con la representación (como simple determinación del psiquismo). La intuición y los conceptos constituyen pues los elementos de todo nuestro conocimiento, de modo que ni los conceptos pueden suministrar conocimiento prescindiendo de una intuición que les corresponda de alguna forma, ni tampoco puede hacerlo la intuición sin conceptos. Ambos elementos son o bien puros o bien empíricos. Son empíricos si contienen una sensación (la cual presupone la presencia efectiva del objeto). Son puros si no hay en la representación mezcla alguna de la sensación. Podemos llamar a esta última materia del conocimiento sensible. La intuición pura únicamente contiene pues la forma bajo la cual intuimos algo. El concepto puro no contiene por su parte sino la forma bajo la cual pensamos algo en general. Tanto las intuiciones puras como los conceptos puros son posibles a priori, mientras que las intuiciones empíricas y los conceptos empíricos únicamente lo son a posteriori’ (Crítica Razón Pura, I, II,  Introducción, I, A50-A51, p.85)

Kant va a considerar que la posibilidad fundamentadora del saber no puede buscarse en el nivel de la materia del conocimiento, múltiple y cambiante, sino en la forma del conocimiento, (elementos y funciones a priori que dan orden y unidad a las impresiones)

Distinguimos así en nuestro conocimiento una materia (las impresiones sensibles)  y una forma (el orden y unidad que nuestra facultad de conocer da a esa materia). El objetivo de la crítica es determinar las condiciones de posibilidad del conocimiento, su principal tarea será disociar la síntesis objetiva de los elementos materiales y formales que presenta.

Kant no va a hacer la disociación desde un punto de vista objetivo (disociación metafísica), sino desde un punto de vista trascendental. Trascendental en Kant está asociado a aprioridad. Lo trascendental designa tan solo al sujeto como pura función de determinación a priori de un contenido extraño. ‘Llamo trascendental todo conocimiento que se ocupa no tanto de los objetos, cuanto de nuestro modo de conocerlos, en cuanto que tal modo ha de ser posible a priori’ (Critica Razón Pura, Introducción, VII, A12, p.55)

Para Kant el conocimiento es posible por el sujeto trascendental, el cual posee las estructuras a priori que van a informar la materia del conocimiento dando lugar al conocimiento.  Como hemos comentado, Kant va a considera que todo nuestro conocer está constituido por dos elementos: las intuiciones y los conceptos.

De las intuiciones se encarga la estética trascendental. Lo que establece es que el caos de impresiones sensoriales se convierte en percepciones al ser organizado por las formas de espacio y tiempo. La estética trascendental estudia las formas de la intuición por las que las impresiones sensibles se convierten en percepciones. Espacio y tiempo no son propiedades de las cosas, sino las formas externa e interna de nuestra sensibilidad que hacen posible nuestra percepción de los fenómenos. ‘Así, pues, en la medida en que la sensibilidad contenga representaciones a priori que constituyan la condición bajo la que se nos dan los objetos, pertenecerá a la filosofía trascendental. (Crítica Razón Pura, Introducción, VII, B29-B30, p.57)

De los conceptos se encarga la analítica trascendental. De la misma forma que el caos de impresiones sensoriales para convertirse en percepciones sensibles debe ser informado por las formas de la intuición, estas percepciones sensibles para pasar el plano del conocimiento intelectual necesitan ser superiormente informadas por las formas de pensar. Estas formas de pensar son producidas espontáneamente por el entendimiento. Su estudio es objeto de la lógica trascendental kantiana. La diferencia con la lógica formal es que esta presupone el entendimiento y se ocupa sólo de las leyes del pensar, mientras que la lógica trascendental busca fundamentar el conocimiento mismo y sus funciones. Kant lleva a cabo una deducción metafísica de las categorías (principios constitutvos a partir de los que se configura todo el conocimiento que rebasa el mero nivel de la experiencia sensible) y una deducción trascendental de los objetos del conocimiento. La ontología ha de ser trascendental. La deducción se realiza a partir del yo trascendental, principio de unidad en torno al cual las categorías (formas de síntesis) se ordenan en una síntesis más elevada.

El sujeto trascendental lleva sin embargo en su propia estructura no solo la posibilidad del conocimiento, sino también la posibilidad de las ilusiones trascendentales, al aplicar los mecanismos de las categorías y su capacidad para generar conceptos a elementos que no proceden de la experiencia, como por ejemplo en el caso de la metafísica.



martes, 15 de marzo de 2016

EL YO PENSANTE COMO PRIMERA VERDAD EVIDENTE (R.DESCARTES)

Para alcanzar la verdad Descartes debe intuir primeros principios de los que deducir el resto de proposiciones. Principios que resulten evidentes. Pero Descartes se ha propuesto rechazar todo aquello que pueda ser falso. Y puesto que los sentidos nos engañan, a las veces, quise suponer que no hay cosa alguna que sea tal y como ellos nos la presentan en la imaginación; y puesto que hay hombres que yerran al razonar, aún acerca de los más simples asuntos de la geometría, y cometen paralogismos, juzgué que yo estaba tan expuesto al error como otro cualquiera, y rechacé como falsas todas las razones que anteriormente había tenido por demostrativas (Descartes, Discurso, 4, p.123). Así, Descartes rechaza como primer principio tanto lo que nos muestran los sentidos como el saber racional heredado, que tendrá que se redescubierto una vez tengamos un punto de partida fiable del que podamos deducirlo.

El primer principio que intuye, del cual considera que no es posible dudar, es el cogito ergo sum: Pero advertí luego que, queriendo yo pensar de esa suerte, que todo era falso, era necesario que yo, que lo pensaba, fuese alguna cosa; y observando que esta verdad 'yo pienso, luego soy', era tan firme y segura que las más extravagantes suposiciones de los escépticos no son capaces de conmoverla, juzqué que podía recibirla, sin escrúpulo, como el primer principio de la filosofía que andaba buscando (Descartes, Discurso, 4, pp.123-124).

Para Descartes por tanto, yo soy una cosa que piensa. ¿Y que es una cosa que piensa? Una cosa que duda, que concibe, que afirma, que niega, que quiere, que no quiere, que también imagina y que siente (Descartes, Meditaciones, 2, p.173).

En sus Meditaciones, Descartes no procede por el ordo essendi, sino del ordo cognocendi. No se trata de saber qué es lo primero en el orden del ser, que va a ser Dios, sino que es lo primero que puedo conocer, que no va a ser Dios. Descartes escribe así sus meditaciones ascendiendo por ese orden del conocer:
  • Primera meditación: acerca de las cosas que se pueden poner en duda.
  • Segunda meditación: acerca de la naturaleza del espíritu humano: y que es más fácil de conocer que el cuerpo.
  • Tercera meditación: acerca de Dios, que existe.
  • Cuarta meditación: acerca de lo verdadero y de lo falso.
  • Quinta meditación: acerca de la esencia de las cosas materiales, y otra vez acerca de Dios, que existe.
  • Sexta meditación: acerca de la existencia de las cosas materiales, y de la distinción real entre el alma y el cuerpo del hombre.

El planteamiento de Descartes es el primero en tomar como punto de partida no el mundo exterior, sino mi mundo interior. Si bien es cierto que ya San Agustín había dicho que si me engaño existo, el que no existe no puede engañarse, y por eso, si me engaño existo, luego si existo, si me engaño, ¿cómo me engaño de que existo, cuando es cierto que existo me engaño (...) (S.Agustin, La ciudad de Dios, XI, 26) como argumento para concluir la realidad de la conciencia como esencia pensante y combatir así el escepticismo, Descartes va a ser el primero en considerarlo no como una conclusión que nos muestra el hecho fundamental de la percepción interna, sino como la primera verdad racional de toda su filosofía. 

Pero si bien es cierto que Descartes intentó fundamentar su filosofía en la subjetividad, y que fue una innovación importante cuando se contempla retrospectívamente su relación con el idealismo posterior, Descartes se esforzó en establecer una interpretación objetiva de la realidad, que no le parecía reductible a la actividad de la conciencia. Descartes quiere salir al mundo exterior. Toma como punto de partida la subjetividad, pero como primer paso en un método cuyo objetivo es poder explicar la realidad objetiva.

Así, en su segunda meditación Descartes demostrará la existencia de Dios (recurriendo eso sí al argumento ontológico al deducir de la idea innata que poseo de un ser perfecto a su existencia), que como ser perfecto ha de ser bueno y no puede engañarme,  lo que le permitirá dar validez a las demás ideas innatas, lo que le permitirá decir que puesto que Dios no es engañador es muy evidente que no me envía esas ideas de manera inmediata por sí mismo, ni tampoco por medio de alguna criatura en la que la realidad de tales ideas no esté contenida de manera formal, sino sólo eminente. Porque al no haberme dado ninguna facultad para conocer que así era,sino por el contrario una inclinación muy grande a creer que me son enviadas, o que parten de las cosas corporales, no veo como se lo podría excusar de engaño, si en efecto esas ideas partieran o fueran producidas por otras causas distintas de las cosas corporales. Por lo tanto hay que confesar que hay cosas corporales que existen (Descartes, Meditaciones, 6, p.212).

Descartes estaba convencido de estar siguiendo su método. Con independencia de lo acertado de estos pasos de Descartes, desde el punto de vista epistemológico su razonamiento es muy importante en la historia de la filosofía, pues al destruir la hipótesis del genio demonio engañoso, funda la confianza en al evidencia inmediata, ya que la perfección de Dios implica su veracidad. Al estar la autoconciencia no sólo cierta de sí misma, sino de Dios como fuente del conocimiento racional, Descartes funda así el racionalismo moderno, pues esto le permite atribuir suprema certeza a todos los principios clara y distintamente evidentes de la razón.