'La dialéctica no puede detenerse ante los conceptos de lo sano y de lo enfermo, de lo racional y lo irracional. Una vez que ha considerado enfermo lo universal dominante, ve la única garantía de curación en aquello que, comparado con dicho orden, parece enfermo, excéntrico, loco. Bajo este aspecto, la función de la dialéctica sería la de permitir que la verdad del loco llegara a la conciencia de su propia razón, sin la cual, por otra parte, perecería en el abismo de aquella enfermedad que el sano sentido común de los demás impone sin piedad' (Adorno, Minima moralia)

lunes, 29 de febrero de 2016

LA INTUICIÓN EN EL MÉTODO CARTESIANO (R. DESCARTES)

El objetivo fundamental de Descartes fue el logro de la verdad filosófica mediante el uso de la razón. La filosofía de Descartes quiere ser una matemática universal. Descartes utiliza la duda para buscar esa verdad. Deseando yo en esta ocasión ocuparme tan solo de indagar la verdad, pensé que debía hacer lo contrario, y rechazar como absolutamente falso todo aquello en que pudiera imaginar la menor duda (Descartes, Discurso, 4, p.123)

Descartes va a rechazar así la autoridad frente a la capacidad de la razón para alcanzar ideas claras y distintas. Descartes busca un método que ayude a la luz natural del entendimiento. Descartes entiende por método reglas ciertas y fáciles, gracias a las cuales el que las observe exactamente no tomará nunca lo falso por verdadero y llegará, sin gastar inútilmente esfuerzo alguno de la mente, sino siempre aumentando gradualmente la ciencia, al verdadero conocimiento de todo aquello que es capaz  (Descartes, Reglas, IV, p.11)

¿Cuales son esas operaciones de la mente que nos permiten alcanzar la verdad? Solo dos: Para no caer desde ahora en el mismo error, vamos a enumerar aquí todos los actos de nuestro entendimiento por medio de los cuales podemos llegar al conocimiento de las cosas, sin temor alguno a errar, no admitamos más que dos, a saber: la intuición y la deducción.  Entiendo por intuición no el testimonio fluctuante de los sentidos ni el juicio falaz de una imaginación incoherente, sino una concepción del puro y atento espíritu, tan fácil y distinta que no quede en absoluto duda alguna respecto de aquello que entendemos (...). Por deducción entendemos todo aquello que se sigue necesariamente de otras cosa conocidas con certeza (Descartes, Reglas, III, pp. 8-9).

En la deducción está implicada la intuición, porque hemos de ver clara y distintamente la verdad de cada proposición antes de proceder al paso siguiente. Por lo que la deducción no es sino una intuición sucesiva. Así, la verdad de las proposiciones que se deducen necesariamente de los primeros principios nos es conocida por una intuición sucesiva, mientras que los primeros principios se nos dan por una intuición inmediata. De donde resulta que puede decirse que aquellas proposiciones que se siguen inmediatamente de los primeros principios, bajo cierta consideración, pueden ser conocidas ya por intuición ya por deducción; pero los primeros principios mismos sólo por intuición, y, por el contrario, las conclusiones remotas por deducción únicamente (Descartes, Reglas, III, p.10).

Descartes va a completar así el método deductivo-sintético de las matemáticas con una componente analítico-intuitiva. Todo el método consiste en el orden y disposición de aquellas cosas hacia las cuales es preciso dirigir la agudeza de la mente para descubrir alguna verdad. Ahora bien, lo observaremos exactamente su reducimos gradualmente las proposiciones intrincadas y oscuras a otras más simples, y si después, partiendo de la intuición, de las mas simples, intentamos ascender por los mismos grados al conocimiento de todas las demás (Descartes, Reglas, V, p.15).

La primera parte del método es la de análisis o resolución. Trata de resolver el inconveniente que Descartes ve a la matemática euclidiana: que sus axiomas no están justificados.  La segunda parte es la de síntesis o composición. En la síntesis comenzamos por los primeros principios o proposiciones más simples, percibidas intuitivamente (a las que se llega mediante el análisis), y procedemos a deducir ordenadamente, asegurándonos de no omitir ningún paso. Según Descartes, mientras que el análisis es el método del descubrimiento, la síntesis es el método más apropiado para demostrar lo ya conocido

lunes, 15 de febrero de 2016

EL SER CREADO: ESENCIA Y EXISTENCIA (T.AQUINO)

Uno de los fundamentos de la obra de Tomas de Aquino es la conciliación de la obra de Aristóteles con el cristianismo. Para ello Tomas necesita pasar del concepto Aristotélico de ser eterno al concepto cristiano de ser creado.

Como Aristóteles y otros filósofos griegos, Avicena va a considerar inteligible solo lo necesario, lo no contingente. Para ello distingue el ser cuya esencia implica su existencia (Dios) y el ser cuya esencia no implica la existencia (el ser finito). Con ello Avicena considera el ser finito como emanado (no creado) necesariamente de Dios. Tomas no va a aceptar este principio de emanación necesaria, pero si acepta y desarrolla la distinción entre esencia y existencia. (Diego Sanchez Meca, Teoría del conocimiento, p.162).

Realmente, en Avicena encontramos una distinción real: la de ser posible y ser necesario; y una afirmación: la existencia es extrínseca a la esencia. La existencia queda fuera de la esencia, predicándose de esta, pero sin pertenecerle constitutivamente, aunque en el ser real la existencia acompañe siempre a la esencia. Pero Avicena no habló nunca explícitamente de la distinción real entre esencia y existencia; ha sido Tomas de Aquino, interpretando el principio aviceneano de que la existencia es extrínseca a la esencia, el que ha atribuido al pensador musulmán la distinción al modo como él la había realizado. Tomás dedujo la distinción real de esencia y existencia de la distinción entre el ser posible por sí y necesario por otro y del ser necesario sólo por sí y siempre. Por el contrario Duns Escoto negó la distinción real, apoyándose en la afirmación aviceneana de que las esencias meramente posibles son neutras, y no merecen más el ser que el no ser (Miguel Cruz Hernandez, Historia del pensamiento en el mundo islámico I, p.233-234).

Una de los puntos en los que Tomas no puede transigir es el concepto cristiano de creación. Las cosas no emanan de Dios. Dios las crea libremente. Así, Tomas distingue tres modos de estar la esencia en las sustancias. Uno es en la única sustancia divina en la que la esencia se identifica con la existencia. Dos el de los ángeles cuya esencia no incluye materia, pero es distinta de su existencia. Tres en las sustancias compuestas de materia y forma cuya esencia (potencia) deviene en acto (existencia) por la acción de una causa essendi (Dios): de un tercer modo se encuentra la esencia en la substancias compuestas de materia y forma, en las cuales también el ser es recibido y finito, por tener el ser por otro; y además su naturaleza o quiddidad es recibida en una materia signada. Y, por esto, son también finitas superiormente e inferiormente; y, en ellas, por esta división de la materia signada, es posible la mutiplicación de los individuos en una especie. Y como en estas sustanciasla esencia se relaciona con las intenciones lógicas, se ha dicho más arriba (Tomas de Aquino, El ente y la esencia, 5, 45).

En el capítulo LIV de la Suma contra los gentiles Tomas habla explícitamente de que no obedece a la misma razón la composición de materia y forma que la de substancia y ser, aunque ambas consten de potencia y acto. (...) [así] en las substancias compuestas de materia y forma hay una doble composición de acto y potencia: la primera, de la misma substancia, que está compuesta de materia y forma; la segunda, de la substancia ya compuesta y del ser, la cual puede también llamarse composición de “lo que es” (quod est) y “ser” (esse) o de “lo que es” (quod est) y “por lo que es” (esse).

Esto, pues, manifiesta que la composición de acto y potencia comprende más que la composición de materia y forma. Luego la materia y la forma dividen la substancia natural, mientras que la potencia y el acto dividen al ente común. Y por esto, cuanto se deriva de la división de potencia y acto, en cuanto tales, es común a las substancias materiales e inmateriales creadas, como “recibir” o “ser recibido”, “perfeccionar” o “ser perfeccionado”. Por el contrario, cuanto es propio de la materia y de la forma, en cuanto tales, como “ser engendrado” y “corromperse” y otras cosas parecidas, esto es exclusivo de las substancias materiales y en modo alguno conviene a las substancias inmateriales creadas.

Con esta distinción, Tomas va a reformar la metafísica aristotélica en el sentido siguiente: Aristóteles explica la constitución de las sustancias mediante la materia y la forma, que están en una relación potencia-acto (atribuyendo realidad necesaria, eterna e increada tanto a la materia como a las formas, de esta forma atribuye necesidad -por tanto inteligibilidad- y eternidad a la estructura del universo). Tomás dirá que también la esencia y la existencia están en una relación de potencia y acto (la existencia es el acto de la esencia). Así, la esencia, que no sólo comprende la forma (Aristóteles) sino también la materia de las formas compuestas, puede distinguirse de la existencia de las cosas mismas.

Así para Tomás las substancias están compuestas de esencia (materia y forma) y existencia, que pueden separarse 'realmente' entre sí por el poder divino. La unión de la esencia con la existencia, el paso de la potencia al acto, exige la intervención del poder de Dios. Dios se convierte así en causa essendi, que contiene virtualmente en sí las esencias de todas las criaturas, y les hace donación de su existencia por un acto de su libre voluntad.

Con esta reforma de la metafísica aristotélica, Tomás hace que la constitución de las sustancias finitas exija la intervención divina. El estudio del ser necesario (Aristóteles) pasa a convertirse en consideración del ser creado (Tomás).