En el marxismo la praxis está fundamentada ontológicamente en una concepción general materialista, que permite considerar dicha doctrina como una ontopraxeología (concepción materialista-dialéctica que aplica el principio de la unidad de lo lógico y lo histórico y que considera el fundamento esencial y primero del pensamiento humano la transformación de la naturaleza por los hombres y no la naturaleza sola como tal). Sin embargo algunos autores marxistas han obviado esto y han caído en el idealismo de la praxis, donde el típico idealismo teórico de la tradición occidental se transforma en un idealismo de acción.
Un ejemplo de esta tendencia es Merleau-Ponty, el cual valora el concepto marxista de la praxis, pero rechaza el materialismo. Merlau-Ponty retoma la noción de la praxis en un intento de fundar la constitución del mundo en un comportamiento activo del cuerpo orientado espacialmente. Además, Merleau-Ponty considera la intersubjetividad como el horizonte de la práctica, la cual se muestra no como la transformación material de las relaciones humanas, sino como la mera coexistencia comunicativa de los seres humanos. La intersubjetividad es para Merlau-Ponty la comunicación entre individuos más que su cooperación material en procesos de transformación de la realidad objetiva. La actividad humana se contrapone al materialismo. El carácter transformador de la acción humana niega el estatuto ontológico autónomo de la materia. Para Merlau-Ponty el materialismo de Marx es un materialismo práctico, lo que supone que la materia interviene en como punto de apoyo de la praxis. La clave del idealismo de Merleau-Ponty es el predominio en él de una ontología fenomenológica que reduce la esfera de lo real a la esfera de lo vivido, desconociendo el estatuto ontológico de la materia que es previa al la constitución del mundo vivido.
La importancia del estatuto ontológico de la materialidad es también comprendida por Sartre, que reduce dicha materialidad a pura instrumentalidad, cuyo estatuto objetivo no depende ya de la conciencia que le da significado, sino de la acción que la transforma. Gramsci, Habermas y Nietzsche defienden posturas similares: la naturaleza aparece como un sustrato determinado que recibe su determinación de la praxis humana. Para Gramsci, sin la actividad del hombre la realidad del universo sería un caos (Cuaderno 11). Para la filosofía de la praxis el ser no puede ser separado del pensar, el hombre de la naturaleza, la actividad de la materia, el objeto del sujeto.
Para Nietzsche la praxis es la conformación del caos de sensaciones que constituye el mundo pre-humano, que da lugar a un mundo ordenado y regular. La praxis es la actividad configuradora y conformadora del material informe y caótico del mundo que nos proporciona cierta seguridad. Según Nietzsche el hombre no conoce en el sentido de escrutar esencias, sino que esquematiza: impone al caos tantas formas y regularidad como impone nuestra necesidad práctica. El conocimiento es un mecanismo para convertir el devenir no estructurado y fluyente en un mundo de entes que podemos prever con cierta seguridad. Nos ideamos a nosotros mismos como unidades en este mundo de imágenes por nosotros creadas, como lo que no cambia en medio de la mutación (La inocencia del devenir, ⊘1350). Nuestro 'mundo exterior' es un producto de la imaginación en cuya construcción se emplean anteriores ficciones hechas actividades acostumbradas, práctica corriente (⊘1418). Nietzsche considera que es la actividad imaginativa teórica y práctica del hombre la que produce a ficción de un mundo estable a partir del caos fluyente del devenir.
Habermas, y en general todos los que defienden una concepción instrumentalista del conocimiento, caen en este idealismo de la praxis, igual que los fenomenológicos, para los cuales es el ser humano, individualmente o de manera intersubjetiva, el que constituye el mundo.
Frente a este idealismo de la praxis, el realismo y el materialismo marxista y no marxista (Bunge, Popper) postulan que la realidad está estructurada independientemente de nuestro conocimiento, aunque el mundo objetivo tal como se presenta es el producto de las estructuras reales y una refiguración de nuestras categorías cognitivas, de manera que nunca podemos estar seguros de que hemos dado con la estructura de la realidad.
La praxis humana en sus niveles cognoscitivos y transformadores se da en un mundo que solo parcialmente es producto nuestro, y que condiciona esencialmente nuestra actividad, lo que no es obstáculo para que esa praxis produzca una objetualidad nueva que se añade a la objetualidad natural. Esta segunda naturaleza fruto del trabajo comprende el mundo de los artefactos materiales, pero también las instituciones sociales y políticas, y las producciones teóricas y científicas. La praxis no solo transforma mediante el trabajo el mundo natural, sino que transforma el mundo artificial de las instituciones y producciones teóricas, pero para ello debe basarse en el mundo natural y material, primario a ella pero independiente de la misma. La praxis no se autofundamenta. Tiene su fundamento ontológico en el mundo natural y material que le precede. La ontología del ser social se apoya en la ontología del ser natural como afirman Luckacs, Hartmann y Bunge entre otros.
(F.J.Martinez Martinez, Metaífica, T20)