Frente al predominio de la vida contemplativa medieval, la época moderna asiste al predominio de la vida activa en sus aspectos poético (constructor) y práxico (ético-político). La antigüedad clásica había ensalzado los aspectos prácticos ligados a la acción política pero había menospreciado los aspectos poéticos del homo faber. Aristóteles, Platón y el cristianismo habían privilegiado la actividad teórica. En la modernidad el hombre no es visto como una mente que contempla las Ideas o a Dios, sino como unas manos que trabajan y un lenguaje que permite la relación práxica con los demás hombres.
Bacon con su visión del conocimiento como fuente de praxis y Maquiavelo y Hobbes como creadores de la ciencia política moderna destacan el carácter práxico del ser humano. G.Vico bascula hacia las ciencias históricas cuando dice que solo conocemos aquello que hacemos. Descartes introduce la introspección como método en la filosofía moderna, lo que permite descubrir similitudes entre los hombres.
Marx no sólo hace una filosofía de la praxis, sino que considera la filosofía un momento de la propia praxis transformadora del mundo. Un elemento fundamental de la filosofía marxista es la inserción de la propia teoría en el proceso de la realidad. Para sustituir las formas burguesas por las nuevas formas comunistas del proceso vital no sirve sólo la especulación, sino que es preciso una ciencia real y positiva. El momento teórico es un momento del proceso vital humano. La fundamentación filosófica debe basarse en la reproducción intelectual de los procesos vitales reales de la sociedad, no darse de manera abstracta e ideológica.
(F.J. Martinez Martinez, Metafísica, T20)