Un estado es una situación invariable del mundo definida por unas variables de estado. Un proceso es un cambio continuo de los estados del sistema, es decir una evolución de sus variables. Un acontecimiento es el paso de un estado de sistema a otro. Los acontecimientos tienen un estado inicial y uno final. La distinción entre acontecimientos y proceso es imprecisa.
La acción es un tipo especial de acontecimiento en el que interviene un agente humano. El agente humano interfiere en el normal decurso de las cosas. El acto ha de ser voluntario para poder hablar de acción. La acción es además intencional. Mis intenciones son las ideas que yo quiero realizar. La intención de un hombre es aquello que elige. Su motivo lo que justifica esa elección.
La acción presenta un elemento interno, y uno externo. El interno es la intencionalidad de la acción. La intención es lo que da una unidad de acción. Una conducta intencional puede ser objeto de una explicación teleológica.
Se plantea el problema de si la relación entre voluntad y conducta es una relación causal o lógica. Los causalistas consideran que la intención es una causa humeana de la conducta. Los intencionalistas consideran que es una conexión lógica. Los causalistas explican la acción mediante unas leyes generales y unas condiciones iniciales.
Frente a estos Von Wright ha recuperado como esquema de la explicación teleológica intencional la inferencia práctica, que es una versión del silogismo aristotélico: 'A se propone dar lugar a p', 'A considera que no puede dar lugar a p a menos de hacer a' (la cual vincula la intención y el conocimiento de los medios con la realización de la acción,) teniendo en cuenta factores temporales que permitan por ejemplo la posibilidad de cambiar de intención o poder realiza la acción. Lo que se plantea es si la relación entre las premisas y la conclusión de esta inferencia práctica es empírica (causal) o lógica (conceptual). Von Wright rechaza ambas. La necesidad de argumento solo aparece a posteriori, cuando se ha realizado la acción, y esta se construye mediante la inferencia práctica. Esta reconstrucción supone que la conducta adquiera una carácter intencional, gracias a una descripción de la misma que la sitúa en un contexto de objetivos sociales. La intencionalidad de una acción es algo social antes que psicológico o mental, ya que sólo puede ser verificado en un contexto social de expectativas corrientes.
Comprender consiste en la habilidad para construir, a la vista de un conjunto determinado de hechos, un relato fluido. La comprensión supone una cierta reactualización, es decir, la posibilidad de acomodar el acto comprendido en un relato que tenga en cuenta el transfondo contextual de los motivos y el propósito del agente.
(F.J. Martinez Martinez, Metafísica, T22)