La carencia instintiva del ser humano le exige construir una segunda naturaleza o cultura que le provea de lo que le niegan sus instintos. Esta segunda naturaleza está compuesta de artefactos e instituciones, para cuya realización es necesario elaborar una teoría previa. Tenemos así esbozadas las tres dimensiones aristotélicas teoría, praxis y poiesis.
El hombre es un animal teórico que contempla las cosas desinteresadamente. Para Heidegger el Dasein es el ente en el que se da la cuestión del ser. El hombre es además un además práctico que en la interrelación con los otros mediante el lenguaje produce instituciones éticas y políticas. Además el hombre es un ser poético, creador y transformador de la naturaleza mediante el trabajo. El ser práctico del hombre supone una relación intersubjetiva sujeto-sujeto que no puede reducirse a la relación sujeto-objeto predominante en la relación tecnica.
La antigüedad clásica colocaba la actividad política en la cima de las actividades. En Platón, Aristóteles y el Cristianismo fue sustituida por la dimensión teórico-contemplativa. En la época moderna por la dimensión técnico-poética. La modernidad eleva a primer rango la capacidad constructiva del ser humano, no solo en el aspecto tecnológico, sino también en el político. En Maquiavelo y Hobbes la relación intersubjetiva queda sustituida por una relación de dominio, donde los dominantes reducen a los dominados a objetos. La política deja de entenderse como acción para entenderse como fabricación. Los mismos mecanismos empleados para dominar la naturaleza se emplean para dominar seres humanos. La política pasa de ser un arte de la palabra a ser un arte de la dominación para obtener poder (Maquiavelo). Un arte de construir artefactos para asegurar la paz social a cambio de perder soberanía (Hobbes).
(F.J. Martinez Martinez, Metafísica, T21)