En los últimos tiempos se ha producido un intento de rehabilitación de la razón práctica. Un tratar de poner en primer plano los aspectos activos y prácticos del ser humano en oposición a sus aspectos activos y tecnológicos. Se promueve hablar de un ethos de la ciencia moderna. Un ethos científico que incluye como notas esenciales por ejemplos el universalismo (en el sentido de someter los títulos de verdad a criterios impersonales y superar el etnocentrismo), el comunismo (los resultados de la ciencia son producto de la colaboración social y están destinados a la comunidad), el desinterés y el escepticismo organizado
El científico es para Peirce un agente que debe controlar sus hábitos, no un espectador pasivo de la realidad. La realidad es aquello que corresponde a los juicios verdaderos logrados por una comunidad ideal de investigadores. Así, para Peirce la razón teórica se encuentra relacionada, e incluso subordinada, a la razón práctica.
Puesto que la razón práctica se ocupa del reino de los fines, se opone a la posición positivista de que éstos son algo dado previamente de manera prerracional. La discusión de esta problemática se recoge en la disputa del positivismo en la sociología alemana que enfrentó a Adorno y Popper inicialmente y luego a Habermas y Albert. Los problemas centrales de la discusión se refieren a la posibilidad de establecer racionalmente los valores y a la cuestión de la posibilidad de una fundamentación última de la ética. En la discusión se enfrentan una concepción analítica y científica frente a una dialéctico-crítica. Una razón monológica frente a una razón dialógica basada en el lenguaje. Se enfrentan dos concepciones ontológicas de la razón: la que la concibe de manera instrumental y la que la concibe de una forma global como la capacidad que tiene el ser humano para llegar a acuerdos tanto sobre los medios como sobre los fines por medio del lenguaje, donde el discurso se configura así como una de las dimensiones fundamentales del ser humano (la otra la constituye el trabajo). La posibilidad de una dimensión práctica de la razón sólo se encuentra en esta concepción dialógica de la misma. La razón instrumental es una razón limitada que deja fuera de su ámbito la mayor parte de las dimensiones esenciales del hombre, fundamentalmente sus aspectos éticos y políticos.
La reivindicación del uso práctico de la razón nos viene exigido para poder distinguir de una manera racional los usos decentes e indecentes de dicha razón instrumental. La razón práctica no es indiferente a los fines. Ha de analizarlos, criticarlos y establecer preferencias entre ellos. La razón práctica no puede obviar los problemas relacionados con el bien supremo, tanto en su aspecto individual (ético) como colectivo (político) y que se resumen en la noción de vida justa.
La razón práctica no considera inamovibles los valores, sino que está dispuesta a modificarlos en un proceso de aprendizaje práctico. El proceso de decisión de la razón práctica conlleva un momento teórico (en el que se modifican las opiniones previas) y uno práctico (en el que se modifican las actitudes y valores previos) todo ello con el objetivo de conseguir un consenso sobre la acción. El buen funcionamiento de la razón práctica supone la voluntad de llegar a una convicción común en el plano teórico y a una voluntad de acción común en el plano práctico, lo que exige el reconocimiento mutuo y simétrico de los intereses de todos los afectados en la decisión, así como la predisposición a aceptar las opiniones de los demás si son más convincentes que las propias.
(F.J. Martinez Martinez, Metafísica, T21)