Como Aristóteles y otros filósofos griegos, Avicena va a considerar inteligible solo lo necesario, lo no contingente. Para ello distingue el ser cuya esencia implica su existencia (Dios) y el ser cuya esencia no implica la existencia (el ser finito). Con ello Avicena considera el ser finito como emanado (no creado) necesariamente de Dios. Tomas no va a aceptar este principio de emanación necesaria, pero si acepta y desarrolla la distinción entre esencia y existencia. (Diego Sanchez Meca, Teoría del conocimiento, p.162).
Realmente, en Avicena encontramos una distinción real: la de ser posible y ser necesario; y una afirmación: la existencia es extrínseca a la esencia. La existencia queda fuera de la esencia, predicándose de esta, pero sin pertenecerle constitutivamente, aunque en el ser real la existencia acompañe siempre a la esencia. Pero Avicena no habló nunca explícitamente de la distinción real entre esencia y existencia; ha sido Tomas de Aquino, interpretando el principio aviceneano de que la existencia es extrínseca a la esencia, el que ha atribuido al pensador musulmán la distinción al modo como él la había realizado. Tomás dedujo la distinción real de esencia y existencia de la distinción entre el ser posible por sí y necesario por otro y del ser necesario sólo por sí y siempre. Por el contrario Duns Escoto negó la distinción real, apoyándose en la afirmación aviceneana de que las esencias meramente posibles son neutras, y no merecen más el ser que el no ser (Miguel Cruz Hernandez, Historia del pensamiento en el mundo islámico I, p.233-234).
Una de los puntos en los que Tomas no puede transigir es el concepto cristiano de creación. Las cosas no emanan de Dios. Dios las crea libremente. Así, Tomas distingue tres modos de estar la esencia en las sustancias. Uno es en la única sustancia divina en la que la esencia se identifica con la existencia. Dos el de los ángeles cuya esencia no incluye materia, pero es distinta de su existencia. Tres en las sustancias compuestas de materia y forma cuya esencia (potencia) deviene en acto (existencia) por la acción de una causa essendi (Dios): de un tercer modo se encuentra la esencia en la substancias compuestas de materia y forma, en las cuales también el ser es recibido y finito, por tener el ser por otro; y además su naturaleza o quiddidad es recibida en una materia signada. Y, por esto, son también finitas superiormente e inferiormente; y, en ellas, por esta división de la materia signada, es posible la mutiplicación de los individuos en una especie. Y como en estas sustanciasla esencia se relaciona con las intenciones lógicas, se ha dicho más arriba (Tomas de Aquino, El ente y la esencia, 5, 45).
En el capítulo LIV de la Suma contra los gentiles Tomas habla explícitamente de que no obedece a la misma razón la composición de materia y forma que la de substancia y ser, aunque ambas consten de potencia y acto. (...) [así] en las substancias compuestas de materia y forma hay una doble composición de acto y potencia: la primera, de la misma substancia, que está compuesta de materia y forma; la segunda, de la substancia ya compuesta y del ser, la cual puede también llamarse composición de “lo que es” (quod est) y “ser” (esse) o de “lo que es” (quod est) y “por lo que es” (esse).
Esto, pues, manifiesta que la composición de acto y potencia comprende más que la composición de materia y forma. Luego la materia y la forma dividen la substancia natural, mientras que la potencia y el acto dividen al ente común. Y por esto, cuanto se deriva de la división de potencia y acto, en cuanto tales, es común a las substancias materiales e inmateriales creadas, como “recibir” o “ser recibido”, “perfeccionar” o “ser perfeccionado”. Por el contrario, cuanto es propio de la materia y de la forma, en cuanto tales, como “ser engendrado” y “corromperse” y otras cosas parecidas, esto es exclusivo de las substancias materiales y en modo alguno conviene a las substancias inmateriales creadas.
Con esta distinción, Tomas va a reformar la metafísica aristotélica en el sentido siguiente: Aristóteles explica la constitución de las sustancias mediante la materia y la forma, que están en una relación potencia-acto (atribuyendo realidad necesaria, eterna e increada tanto a la materia como a las formas, de esta forma atribuye necesidad -por tanto inteligibilidad- y eternidad a la estructura del universo). Tomás dirá que también la esencia y la existencia están en una relación de potencia y acto (la existencia es el acto de la esencia). Así, la esencia, que no sólo comprende la forma (Aristóteles) sino también la materia de las formas compuestas, puede distinguirse de la existencia de las cosas mismas.
Así para Tomás las substancias están compuestas de esencia (materia y forma) y existencia, que pueden separarse 'realmente' entre sí por el poder divino. La unión de la esencia con la existencia, el paso de la potencia al acto, exige la intervención del poder de Dios. Dios se convierte así en causa essendi, que contiene virtualmente en sí las esencias de todas las criaturas, y les hace donación de su existencia por un acto de su libre voluntad.
Con esta reforma de la metafísica aristotélica, Tomás hace que la constitución de las sustancias finitas exija la intervención divina. El estudio del ser necesario (Aristóteles) pasa a convertirse en consideración del ser creado (Tomás).