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| www.elcorreo.com (Xabier Gezuraga) |
En el artículo publicado en El Correo sobre El rayo verde (foto de Xabier Gezuraga) se explica el por qué de este fenómeno: cuando el sol está por debajo del horizonte, la superficie marítima actúa como un prisma, y la última onda de la luz que consigue rebasarlo es la verde. Esta explicación científica se adereza con unas cuantas historias sobre las antiguas supersticiones de los marineros (allí donde apuntara, había escondido un tesoro).
El rayo verde es por tanto un fenómeno inusual que produce en nuestros sentidos algo que nos sorprende y estimula nuestra imaginación. Pero la ciencia se encarga luego de explicar el motivo. Parece que con ello nuestra imaginación se frena, nuestra vivencia pasa a ser un poco menos vivencia una vez que conocemos los motivos que explican el fenómeno.
¿Hasta que punto la veracidad de la explicación científica es superior a la vivencia? ¿Para cuantas personas es válida la explicación del tesoro? Sólo tomando a todos los menores de seis años nos salen ya varios millones... ¿Y qué hay de la experiencia estética que nos produce el fenómeno? ¿Cuantas personas se revolverán al contemplarlo...?
La explicación científica, más allá de que cuenta con el prestigio de ser explicación, y científica, nos produce además un confort de seguridad. De conocimiento objetivo. ¿Pero realmente hoy podemos hablar de conocimiento objetivo?
La vivencia del rayo verde estimula nuestros sentidos de una forma especial. Se proyecta en nuestros sentidos de una forma especial. Pero, ¿qué es la explicación científica sino otra proyección de ese mismo hecho sobre nuestro entendimiento?
La vivencia del rayo verde como una proyección del hecho sobre nuestra vida estimula nuestra imaginación. La explicación del rayo verde como una proyección del hecho sobre nuestro entendimiento refuerza nuestra sensación de seguridad. Pero ambas son proyecciones. ¿Qué otras proyecciones podría haber? ¿Podemos hablar de una auténtica expresión del hecho? ¿Es esa expresión nuestra vivencia? Si lo es, la vivencia del tesoro y la explicación del modelo causal que lo justifica están a la misma altura.
