'La dialéctica no puede detenerse ante los conceptos de lo sano y de lo enfermo, de lo racional y lo irracional. Una vez que ha considerado enfermo lo universal dominante, ve la única garantía de curación en aquello que, comparado con dicho orden, parece enfermo, excéntrico, loco. Bajo este aspecto, la función de la dialéctica sería la de permitir que la verdad del loco llegara a la conciencia de su propia razón, sin la cual, por otra parte, perecería en el abismo de aquella enfermedad que el sano sentido común de los demás impone sin piedad' (Adorno
, Minima moralia)
LA EPOJÉ COMO PASO DE LA ACTITUD NATURAL A LA FENOMENOLÓGICA O REFLEXIVA MEDIANTE LA SUSPENSIÓN DEL JUICIO COMO MÉTODO (HUSSERL)
- Husserl rechaza el historicismo, el
psicologismo (reduce las leyes lógicas a hechos psicológicos); critica el
cientificismo y el positivismo, y reacciona también contra el irracionalismo.
Husserl confía en la razón, y entiende la filosofía como razón en constante
autocrítica. Se opone a la división kantiana de una razón teórica y otra
práctica, así como a su separación del entendimiento. Su crítica de la razón se
dirige fundamentalmente a los objetos mentados por el pensamiento natural, los
cuales serán puestos en tela de juicio por la epojé, y después por la
reducción. Husserl no considera a la fenomenología una corriente de
contenidos, sino una actitud intelectual específicamente filosófica.
- La epojé no es una duda. No siquiera es
intento de duda. Marca el inicio de filosofar de un modo similar a como lo
hacía para los griegos el extrañamiento ante lo que les rodeaba. La epojé se
aplica a todo lo trascendente, incluyendo la actitud natural o el yo como
existente, hasta llegar a un yo puro que efectúa la epojé y que se revela como
necesario a diferencia de las cosas contingentes.
- Mientras que las cosas y la existencia
son contingentes, el residuo de la epojé, el ego que la realiza, es necesario.
Este, a diferencia del ego cogito cartesiano, no es una cosa o una sustancia
más, no se da a sí mismo como se dan las cosas, sino que es la raíz desde la
que todo se da. Ahora bien, lo que queda tras la epojé no es ese ego puro
aislado, sino que este es aprehendido como referencia o polo de todas sus
vivencias. Estas serán las que estudie la fenomenología. Así pues, solo una vez que ha tenido lugar la
epojé, tenemos la certeza de nuestro entrelazamiento con el mundo. Gracias a
ella, la psicología fenomenológica se convierte en eidética, pues estudia la
conciencia trascendental a la que ha llevado la epojé, apoyándose en la
eidética de la conciencia. Esta aparece como residuo de la epojé, es decir,
como una región que no resulta afectada por la neutralización de la tesis de la
existencia.