'La dialéctica no puede detenerse ante los conceptos de lo sano y de lo enfermo, de lo racional y lo irracional. Una vez que ha considerado enfermo lo universal dominante, ve la única garantía de curación en aquello que, comparado con dicho orden, parece enfermo, excéntrico, loco. Bajo este aspecto, la función de la dialéctica sería la de permitir que la verdad del loco llegara a la conciencia de su propia razón, sin la cual, por otra parte, perecería en el abismo de aquella enfermedad que el sano sentido común de los demás impone sin piedad' (Adorno
, Minima moralia)
LA REDUCCIÓN A LA ESFERA TRASCENDENTAL CONSTITUYENTE DE LA CONCIENCIA PURA MEDIANTE LA EPOJÉ. LA NEUTRALIZACION DE LA EXISTENCIA DEL MUNDO CON LA EPOJÉ Y SU POSTERIOR REENCUENTRO EN EL EGO TRASCENDENTAL MEDIANTE LA REDUCCIÓN TRASCENDENTAL (HUSSERL).
- El efecto de la epojé es la reducción a
la esfera trascendental, a la conciencia pura con sus correlatos y su actividad
constituyente. Inicialmente, la epojé de Husserl no reinterpretaba no negaba la
realidad, sino que desechaba su interpretación natural. Ahora se trata de
fundar el sentido de la realidad reconduciéndolo a su fuente, a la conciencia.
Al parecer el Husserl maduro se ha dado cuenta de que la epojé era excesiva, y
no ofrecía una explicación del aparecer, recurre entonces a la reducción de la
vivencia a la inmanencia de la conciencia trascendental.
- Husserl se declara partidario del
idealismo trascendental, porque si el objeto se da a la conciencia en
correlación con ella, ahora es preciso
analizar el yo que unifica todas esas donaciones, el yo trascendental. Gracias
a al epojé ganamos la certeza de que el yo está enlazando con el mundo y es
fuente de significación. No es el yo empírico, porque Husserl intenta
fundamentar el conocimiento en estructuras a priori, no en estados de
conciencia como pretendía el psicologismo. Tampoco es el yo puro y puramente
lógico de Kant. El yo trascendente de
Husserl no es la condición última de la experiencia, sino solo uno de sus
polos. No es un yo diferente al yo empírico, sino ese mismo yo que tras la
epojé ha tomado conciencia de ser el polo subjetivo de conocimiento verdadero.
El otro polo de la correlación, el polo objetivo es el de lo trascendente.
- Decíamos que la reducción
fenomenológica sigue a la epojé. Ella superará la concepción psicologista de
la trascendencia como exterioridad real con respecto a la conciencia y nos
introducirá en la trascendencia verdaderamente fenomenológica: la de la
inmanencia intencional de las vivencias.
- Husserl
desarrolla por primera vez de manera sistemática la idea de la reducción en La idea de la fenomenología. Trata de
aclarar malentendidos de Investigaciones
Lógicas. Se ha interpretado la fenomenología como psicología descriptiva.
Husserl insiste en la necesidad de pasar de la fenomenología empírica a la
trascendental centrándose en la esencia del conocimiento a priori, desconectada
de su referencia empírica. Husserl se pregunta cómo el ser en sí puede darse a
un sujeto. Reformula la clásica pregunta por la adecuación entre la cosa y el
intelecto. Pero la fenomenología no se reduce a una metodología para alcanzar
esa adecuación, sino que es ciencia primera, ciencia de las esencias, idealismo
trascendental que somete a crítica los conocimientos establecidos y quiere
fundar el saber. Emprende una crítica del conocimiento natural con objeto de
interpretar correctamente los resultados de las otras ciencias. Considera que
estos son positivos pero que no se bastan a sí mismos y han de ser reconducidos
a interpretación a través de una crítica del conocimiento. La teoría del
conocimiento como disciplina filosófica no pretende explicar el conocimiento
analizando sus causas psicológicas sino reflexionar sobre él para encontrar los
elementos que lo constituyen.
- La reducción
hace corresponder cada fenómeno psíquico con uno puro que pone de manifiesto su
esencia singular inmanente como un dato absoluto. Cualquier posición de una realidad efectiva que no esté contenida en el
fenómeno queda puesta en suspenso. Le fenomenología abandona así por
completo el ámbito de la psicología y se centra en la investigación de esos
datos absolutos. Toda la obra de Husserl se va a dedicar, de un modo u otro, a
dilucidar el verdadero sentido de la reducción. No es que sea su meta, es solo
un concepto de su método. Pero es importante porque la reducción husserliana
tiene como finalidad el esclarecimiento de la vida de la conciencia entendida
ahora trascendentalmente, es decir, como clave de la constitución. La
reducción es el acto mismo de la reflexión filosófica, que si es una reflexión
simplemente intuitiva nos pone ante los fenómenos, pero si es una reflexión
absoluta, es decir si está dirigida a actos, nos pone en contacto con fenómenos
puros. La reflexión fenomenológica no es un procedimiento deductivo
complejo, sino una intuición que requiere sin embargo una nueva forma de visión
depurada.
- La reducción es una consecuencia
elaborada de la adopción de la actitud reflexiva o fenomenológica. Es una
reflexión que va a la raíz. Su función es reconducir lo que se muestra a la
forma como se muestra. Es erróneo decir que la reducción fenomenológica sea
reducción del mundo a la conciencia, porque el mundo sigue siendo lo que es;
lo que hace la reducción es prestar atención al mismo tal y como es dado a la
conciencia.
- Lo que debemos retener es que la
reducción no elimina nada, sino que todo lo reconduce a la conciencia, a esa
región que resiste a la reducción, porque es constituyente o absoluta, y lo es
no solo porque está fuera de duda, sino también porque todo lo otro es relativo
-ontológica y gnoseológicamente- a ella, por eso, podemos decir que la
conciencia es lo irrelativo. Así, la reducción nos ha conducido a la
conciencia pura. Todo lo inmanente a ella tiene carácter absoluto y
necesario, mientras que todo lo que la trasciende tiene carácter fenoménico y
contingente: Así resulta perfectamente claro que todo cuanto en el mundo de las
cosas está ahí para mí, es por principio solo una presunta realidad. En cambio
yo mismo, para quien ese mundo está ahí, o que la esfera de actualidad de mis
vivencias es una realidad absoluta. Frente a la tesis del mundo, que es una
tesis ‘contingente’, se alza pues la tesis de mi yo puro y de la vida de este
yo, que es una tesis ‘necesaria’, absolutamente indubitable. Toda cosa dada en
persona puede no existir, ninguna vivencia dada en persona puede no existir.
Tal es la ley esencial que define esta necesidad y aquella contingencia.
- ¿Qué significa este poder constitutivo?
No la creación ni la nada, sino el acontecimiento de esta vivencia, es decir,
la donación de sentido a la experiencia vivida. Constitución no es
imposición de sentido por la conciencia, o algo que podamos encontrar ya en el
objeto, sino eso que habita en la vivencia del mismo. Esta posee una estructura
de correlación, por lo que los objetos se constituyen como tales para una
conciencia, y por tanto, en los actos. La constitución es la salida de la
conciencia al encuentro con las cosas mismas. Este carácter ek-stático no es
sino su intencionalidad. Esta conciencia intencional es el factor previo a
toda constitución. Su autoconstitución posibilita la constitución de todos los
objetos. Gracias al yo trascendental descubro que la subjetividad es un modo de
ser inseparable y diferente del mundo que constituye, y eso justamente porque
lo constituye.
- Lo que en la actitud natural era una
relación entre dos entes intramundanos, la conciencia y el mundo, es abordado
después de la reducción como una relación trascendental o de constitución. Esta
no es obra de la conciencia aislada, sino de su intencionalidad, la cual, una
vez efectuada la reducción, se convierte en una relación trascendental, pues el
ser intencionado del objeto deviene ser constituido, es decir, dotado de
sentido. La intencionalidad ya no es apertura a una realidad exterior,
porque el ser intencionado o nóema pertenece a la conciencia intencional, y en
tanto que dicha conciencia es trascendental, el ser intencionado es el Ser
mismo. Lo constituido es cogitatum o
polo intencional de una vivencia. El otro polo, el cogitato, solo es algo en sus vivencias, ya que el mundo es el otro
polo intencional de estas.
- Hay que tener en cuenta que epojé y reducción no son sinónimos. La primera es
el paso previo a la segunda en cuanto descubre la subjetividad y su
intencionalidad. Pero la reducción supera la actitud natural y penetra en la
trascendentalidad de lo subjetivo. La epojé neutraliza la existencia del
mundo. Con la reducción trascendental lo encontramos en el ego trascendental,
basamento último de la constitución del sentido. Se trata de reintegrar el
mundo en la esfera del ser que lo trasciende.
- La reducción trascendental es un
resultado de la reducción fenomenológica, y es simultánea a la adopción de la
actitud trascendental, fundamental para llegar a las cosas mismas, sin
reducirlas ni a sus contenidos de experiencia ni a la simple identificación con
la cosa que se sigue de toda suspensión del juicio. Las cosas mismas, reconducidas ahora al ego trascendental, son las
vivencias, que pueden descomponerse en: contenidos de conciencia o nóema y acto
de expresión de dicho contenido o noesis. Tras la reducción trascendental, no
solo aparece lo que se da a conocer a la conciencia esencialmente y como unidad
de sentido, sino también la unidad de la conciencia, configurada por la
correlación entre noesis y noema. Ambas no son realidades
independientes, sino la correlación característica de la conciencia intencional
entre el acto de conciencia y el objeto. No hay noesis sin noema y viceversa. La noesis es producida
por el cógito y el noema por su
cogitatio. Su unidad en la conciencia implica la de la vida como polo subjetivo
de la constitución del sentido y eso es el ego trascendental.
- La
constitución del sentido es posibilitada porque la reducción trascendental
re(con)duce todo lo dato al ego trascendental. Este es
condición de posibilidad del sentido del mundo, constituyente - no creador ex
nihilo- del mismo. Gracias a él el mundo se convierte en una unidad intencional
motivada conscientemente. Ya hemos visto que esa subjetividad no es el yo
empírico, ni otro yo superpuesto a este, sino una instancia reflexiva no
relativa a otra y que, por ello, no puede denominarse absoluta.
- Con la epojé accedemos a la conciencia
pura o trascendental a la vez que a la región fenomenológica entera, en la que
podemos estudiar objetividades. En cambio el mundo natural es un mundo
infundado. La actitud natural no nos da su fundamento, sino simplemente la
creencia de que está ahí dado. Para averiguar en qué radica su posibilidad,
Husserl plantea la epojé como un ejercicio de libertad consistente en poner
entre paréntesis el carácter de existencia del mundo, y dejar fuera de juego
toda tesis sobre él absteniéndonos de juzgar. Este paréntesis no nos separa
para siempre del mundo, pues la conciencia siempre tiende a lo que le
trasciende.