'La dialéctica no puede detenerse ante los conceptos de lo sano y de lo enfermo, de lo racional y lo irracional. Una vez que ha considerado enfermo lo universal dominante, ve la única garantía de curación en aquello que, comparado con dicho orden, parece enfermo, excéntrico, loco. Bajo este aspecto, la función de la dialéctica sería la de permitir que la verdad del loco llegara a la conciencia de su propia razón, sin la cual, por otra parte, perecería en el abismo de aquella enfermedad que el sano sentido común de los demás impone sin piedad' (Adorno, Minima moralia)

martes, 10 de mayo de 2016

LA NUEVA METAFISICA. VISION DIRECTA DEL ESPIRITU O INTUICION BERGSONIANA COMO CONCIENCIA INMEDIATA FUSION DEL INSTINTO CIEGO Y LA INTELIGENCIA ABSTRACTA. LA SUPERACION DE LA OPOSICION SUJETO-OBJETO. EL SENTIDO COMUN Y EL SENTIDO PRACTICO. LA APREHENSION POR SIMPATIA. LA DIALECTICA COMO DESCANSO DE LA INTUICION. (BERGSON)

  1. Con la intuición, Bergson propugna una nueva metafísica cuya función es penetrar en el interior de las cosas. Los movimientos de los otros seres vivos se captan por simpatía, es decir, por una aprehensión interior de lo que hay de análogo entre ellos y nosotros. La metafísica no cuantifica, sino que opera diferenciaciones e integraciones cualitativas. Esta metafísica positiva no se detiene en la experiencia  de conceptos, sino que capta la duración concreta. No es materialista. Quiere ser espiritualista. Su objeto es definir positivamente al espíritu. A las cosas no se llega por el camino que las objetiviza y separa del sujeto. Si la metafísica es posible no puede ser sino para colocarse, mediante una dilatación del espíritu, en la cosa que estudiamos.  Para ir de la realidad a los conceptos, y no de los conceptos a la realidad.
  2. La filosofía bergsoniana simplemente es un método basado en la intuición directa, liberada de las formas discursivas clásicas que mezclaban la especulación con la práctica. Solo así la filosofía nos pondrá en contacto con lo real. Para ello tendrá que dejar de ser un mero análisis de los conceptos implícitos en las formas comunes del lenguaje, y centrarse en la existencia real. Esta solo se da en la experiencia. La experiencia de objetos es visión o preparación; la del espíritu, es la intuición. La primera es típica de la ciencia, mientras que la última es la experiencia metafísica.
  3. A diferencia de la cuantificación científica, la intuición quiere aprehender el movimiento vivido por el móvil, y no solo experimentado por el observador. En lugar de reducir el movimiento al mecanicismo, Bergson lo explica mediante la proyección de la duración sobre la materia aprehendida desde su metafísica positiva (Para H.Gouhier -introducción a Bergson-, este es el fin de la era cartesiana, puesto que pasa el modelo de la filosofía del matemático al biológico).
  4. La filosofía no puede evitar conceptualizar la vida, porque  quiere comprenderla, pero debe de ser consciente de que los conceptos son expresiones simbólicas y de que no son autosuficientes. La metafísica que parte de conceptos congela la realidad dinámica. La metafísica positiva de Bergson se pone como meta la intuición de la duración real.
  5. La fuerza vital anima la evolución creadora, y es el peculiar modo de ser de un ente finito frente a una materia ya dada que le opone resistencia y le exige un esfuerzo. Pero no hay una diferencia irreducible entre materia y espíritu. Bergson llega a explicar a la materia como una detención posible del impulso vital espiritual. Todos los seres organizados participan de él. La materialidad es ese movimiento, aunque opuesto al del espíritu. Lo que ocurre es que nosotros percibimos las organizaciones biológicas como externas unas a otras en el tiempo y en el espacio, porque nos olvidamos de la unidad del impulso cuando nos detenemos a analizarlas. La intuición por el contrario nos permite percibir dicha unidad de movimiento, así como la continuación humana de ese impulso vital creador. La actualización de este impulso depende de la confrontación con la materia para transformarla al mismo tiempo que el impulso se transmuta.
  6. La conciencia humana es sobre todo inteligencia, pero Bergson sabe que para concentrase en ella la conciencia ha tenido que renunciar a bienes preciosos como la intuición. Esta sigue la dirección de la vida, mientras que la inteligencia va en sentido inverso, pues está regulada por el movimiento de la materia. Una humanidad perfecta debiera desarrollar por completo ambas formas de actividad consciente.
  7. El instinto se dirige a lo singular, al objeto concreto, al tiempo como duración. Pero es incapaz de distanciarse de sus objetos, y accede irreflexivamente a la duración. Solo cuando logra auto-conciencia el instinto se convierte en intuición, el esfuerzo necesario para pensar la vida: hay cosas que la sola inteligencia es capaz de buscar, pero que, por sí misma, nunca encontrará. El instinto podría encontrarlas, pero nunca las buscará. La inteligencia aislada es vacía. El instinto necesita una guía. La intuición es el instinto dirigido hacia la meta de la inteligencia, del conocimiento de lo general, que no es otra cosa que la vida.
  8. La fusión del instinto ciego y la inteligencia abstracta es la intuición. Esta es un esfuerzo que dilata el espíritu, pero que solo puede realizarse unos instantes; consiste en simpatizar con lo real, en coincidir con él: llamamos intuición a la simpatía por la que nos trasladamos al interior de un objeto, para coincidir con lo que tiene de único y en consecuencia de inexpresable. Cuando la conciencia simpatiza con el movimiento renovador de la naturaleza, queda superada momentáneamente la oposición entre el sujeto y el objeto. Como el resultado no es adquirido completamente, se hace imprescindible también la dialéctica para explicar ese esfuerzo. Es necesaria para poner a prueba la intuición, para que esta se refracte en conceptos y propague a otros hombres. La dialéctica no es sin embargo el objetivo de la filosofía, sino un descanso de la intuición.
  9. En Materia y Memoria, Bergson analiza las relaciones entre el cuerpo y el espíritu. El primero es la materia dirigida a la acción. El segundo es la memoria. Entiende que el cuerpo no puede explicarse por sí mismo, y que para entenderlo es necesaria la realidad del espíritu, cuyo testimonio más claro es la memoria, que nos introduce en el pasado, y este es la vida misma del espíritu evocado por un acto presente. Esto no implica volver al dualismo cartesiano entre la extensión y el pensamiento, porque ambos no pueden pensarse separadamente. Lo que le interesa a Bergson es la unión vivida, ese otro dato inmediato de la conciencia. Se opone así tanto al racionalismo idealista como al empirismo positivista. Para Bergson tan falso es reducir la materia a la representación que el sujeto se hace de ella como convertirla en cosa que produce las representaciones: la materia para nosotros es un conjunto de ‘imágenes’. Y por ‘imagen’ entendemos una cierta existencia que es más que lo que el idealista denomina representación, pero menos de lo que el realista denomina cosa, - una existencia situada a medio camino entre la ‘cosa’ y la ‘representación’.
  10. Tal es la concepción de la materia que tiene el sentido común. Existe independientemente de la conciencia, pero no se identifica por completo con el dato sensible. Es decir, el objeto existe por sí mismo y es como nosotros lo percibimos: es una imagen, pero una imagen que existe en sí. El sentido común alcanza esa naturaleza mejor que el realismo y el idealismo. El motivo es que estos orientan nuestra percepción consciente al conocimiento puro, no hacia la acción. Idealistas y realistas solo tienen interés especulativo en la percepción y la reducen a puro conocimiento. Olvidan su destino práctico. Ambos tropiezan con el dualismo. Niegan la realidad, que es comunicación entre materia y espíritu.
  11. Bergson hace de la intuición el centro de su filosofía. La actividad intuitiva nos hace percibir la individualidad de las cosas que escapa a la percepción común, debido a que esta solo retiene impresiones útiles para la acción. La intuición se expresa en la metafísica de Bergson de un modo anti-platónico, pero también anti-subjetivista, porque su objeto no son las ideas ni la propia subjetividad. La intuición no es pura contemplación activismo puro de la conciencia. No tiene nada que ver con la aprehensión de un principio del que todas las soluciones podrían deducirse. Tan tolo hace converger líneas de hechos. La intuición no emplea conceptos, ya que se dirige a la pluralidad. Tampoco hace uso de símbolos para aprehender, pues no pretende conocer la realidad, sino instalarse en su duración.
  12. Cumplir la humanidad es trascenderla creativamente. El espíritu es una única realidad capaz de crear, y sólo la creación libera. El movimiento de la conciencia es vida y espíritu. Es un dinamismo interno que el filósofo ha de aprehender internamente, y esto solo es posible por la intuición del puro devenir. Tal intuición es la realidad misma. La duración de la conciencia sin referirse a ningún punto de vista. Bergson alerta contra la especialización intelectual de la intuición.  No hay sistema duradero que no esté al menos en alguna de sus partes vivificado por la intuición. Ella nos hace conscientes de nuestra libertad, y nos permite alcanzar el impulso  vital que es fuerza evolutiva creadora.
  13. Pensar intuitivamente es pensar en duración. Aunque su dominio es el espíritu, hay intuición de la materia, e intuición de potencialidad  Por eso la intuición no se opone a la inteligencia, sino que la necesita para comunicarse. Naturalmente se dirige preferentemente a las ideas más concretas. No hay diferencia de valor entre la ciencia que trabaja con estas ideas y la metafísica, sino una diferencia de método. Bergson no intenta establecer un método para su filosofía. Y sobre todo se opone al método simplemente formal, que deja al margen los contenidos. Cualquier teoría del conocimiento es inseparable de la teoría de la vida: la teoría del conocimiento y la teoría de  la vida nos parecen inseparables una de otra. Una teoría de la vida que no se acompañe de una crítica del conocimiento está obligada a aceptar, tal cual, los conceptos que el entendimiento pone a su disposición: no puede ocuparse más que de hechos, de grado o de fuerza, en los marcos preexistentes que considera definitivos. Obtiene así un simbolismo cómodo, incluso necesario para la ciencia positiva, pero no una visión directa de su objeto. Por otro lado, una teoría del conocimiento que no sitúe de nuevo la inteligencia en la evolución general del conocimiento, no nos enseñará ni como se han constituido los contextos del conocimiento, ni cómo podemos ampliarlos o superarlos. Es preciso que estas dos investigaciones, teoría del conocimiento y teoría de la vida se reúnan, y por un proceso circular, se impulsen una a la otra.
  14. La inteligencia analiza. La intuición opera por simpatía, por coincidencia con lo que lo intuido tiene de único. Mientras que el análisis no puede llegar a lo Absoluto, la simpatía sí. Todo conocimiento está compuesto de análisis, pero también de intuición. El análisis permanece fuera de las cosas, adopta puntos de vista, las divide en partes y traduce en símbolos. La primera [la inteligencia] implica que nos volvamos alrededor de esa cosa, la segunda [la intuición] que entremos en ella. La primera depende del punto de vista en el que nos situamos y de los símbolos por los que nos expresamos. La segunda no se toma desde ningún punto de vista y no se apoya en ningún símbolo. Del primer conocimiento se dirá que se detiene en lo relativo; del segundo, allá donde sea posible, que alcanza lo absoluto.
  15. El análisis es relativo y abstracto. Bergson reconoce que el conocimiento metafísico es limitado, pero no relativo sino absoluto. La síntesis tendrá que reconstruir después las partes divididas analíticamente. Frente a ambas, la intuición bergsoniana no adopta un punto de vista ni reconstruye lo fragmentado, sino que penetra en las cosas, coincide inmediatamente con ellas mismas en el momento en el que está haciendo su experiencia, como una sucesión de estados de la que cada uno anuncia al que le sigue y contiene al que le precede.