'La dialéctica no puede detenerse ante los conceptos de lo sano y de lo enfermo, de lo racional y lo irracional. Una vez que ha considerado enfermo lo universal dominante, ve la única garantía de curación en aquello que, comparado con dicho orden, parece enfermo, excéntrico, loco. Bajo este aspecto, la función de la dialéctica sería la de permitir que la verdad del loco llegara a la conciencia de su propia razón, sin la cual, por otra parte, perecería en el abismo de aquella enfermedad que el sano sentido común de los demás impone sin piedad' (Adorno
, Minima moralia)
LA NUEVA METAFISICA. VISION DIRECTA DEL ESPIRITU O INTUICION BERGSONIANA COMO CONCIENCIA INMEDIATA FUSION DEL INSTINTO CIEGO Y LA INTELIGENCIA ABSTRACTA. LA SUPERACION DE LA OPOSICION SUJETO-OBJETO. EL SENTIDO COMUN Y EL SENTIDO PRACTICO. LA APREHENSION POR SIMPATIA. LA DIALECTICA COMO DESCANSO DE LA INTUICION. (BERGSON)
- Con
la intuición, Bergson propugna una nueva
metafísica cuya función es penetrar
en el interior de las cosas. Los movimientos de los otros seres vivos se
captan por simpatía, es decir, por una aprehensión interior de lo que hay de
análogo entre ellos y nosotros. La metafísica no cuantifica, sino que opera
diferenciaciones e integraciones cualitativas. Esta metafísica positiva no se detiene
en la experiencia de conceptos, sino que
capta la duración concreta. No es materialista. Quiere ser espiritualista. Su
objeto es definir positivamente al espíritu. A las cosas no se llega por el
camino que las objetiviza y separa del sujeto. Si la metafísica es posible no puede ser sino para colocarse,
mediante una dilatación del espíritu, en
la cosa que estudiamos. Para ir de
la realidad a los conceptos, y no de los conceptos a la realidad.
- La
filosofía bergsoniana simplemente es un método basado en la intuición directa,
liberada de las formas discursivas clásicas que mezclaban la especulación con
la práctica. Solo así la
filosofía nos pondrá en contacto con lo real. Para ello tendrá que dejar de ser un mero análisis de los
conceptos implícitos en las formas comunes del lenguaje, y centrarse en la
existencia real. Esta solo se da en la experiencia. La experiencia de
objetos es visión o preparación; la del espíritu, es la intuición. La primera
es típica de la ciencia, mientras que la última es la experiencia metafísica.
- A
diferencia de la cuantificación científica, la intuición quiere aprehender el movimiento vivido por el
móvil, y no solo experimentado por el observador. En lugar de reducir el movimiento al mecanicismo,
Bergson lo explica mediante la proyección de la duración sobre la materia
aprehendida desde su metafísica positiva (Para H.Gouhier -introducción a
Bergson-, este es el fin de la era
cartesiana, puesto que pasa el modelo de la filosofía del matemático al
biológico).
- La filosofía no puede evitar conceptualizar
la vida, porque quiere comprenderla,
pero debe de ser consciente de que los conceptos son expresiones simbólicas y
de que no son autosuficientes. La metafísica que parte de conceptos congela la
realidad dinámica. La metafísica positiva de Bergson se pone como meta la
intuición de la duración real.
- La fuerza vital anima la evolución creadora,
y es el peculiar modo de ser de un ente finito frente a una materia ya dada que
le opone resistencia y le exige un esfuerzo. Pero no hay una diferencia
irreducible entre materia y espíritu. Bergson llega a explicar a la materia
como una detención posible del impulso vital espiritual. Todos los seres
organizados participan de él. La materialidad es ese movimiento, aunque opuesto
al del espíritu. Lo que ocurre es que nosotros percibimos las organizaciones
biológicas como externas unas a otras en el tiempo y en el espacio, porque nos
olvidamos de la unidad del impulso cuando nos detenemos a analizarlas. La
intuición por el contrario nos permite percibir dicha unidad de movimiento, así
como la continuación humana de ese impulso vital creador. La actualización
de este impulso depende de la confrontación con la materia para transformarla
al mismo tiempo que el impulso se transmuta.
- La conciencia humana es sobre todo
inteligencia, pero Bergson sabe que para concentrase en ella la conciencia
ha tenido que renunciar a bienes preciosos como la intuición. Esta sigue la
dirección de la vida, mientras que la inteligencia va en sentido inverso, pues
está regulada por el movimiento de la materia. Una humanidad perfecta debiera
desarrollar por completo ambas formas de actividad consciente.
- El instinto se dirige a lo singular, al
objeto concreto, al tiempo como duración. Pero es incapaz de distanciarse de
sus objetos, y accede irreflexivamente a la duración. Solo cuando logra
auto-conciencia el instinto se convierte en intuición, el esfuerzo necesario
para pensar la vida: hay cosas que la sola inteligencia es capaz de buscar,
pero que, por sí misma, nunca encontrará. El instinto podría encontrarlas, pero
nunca las buscará. La inteligencia aislada es vacía. El instinto necesita una
guía. La intuición es el instinto dirigido hacia la meta de la inteligencia,
del conocimiento de lo general, que no es otra cosa que la vida.
- La
fusión del instinto ciego y la inteligencia abstracta es la intuición. Esta es un esfuerzo que dilata el espíritu,
pero que solo puede realizarse unos instantes; consiste en simpatizar con lo real,
en coincidir con él: llamamos intuición a la simpatía por la que nos
trasladamos al interior de un objeto, para coincidir con lo que tiene de único
y en consecuencia de inexpresable. Cuando la conciencia simpatiza con el
movimiento renovador de la naturaleza, queda superada momentáneamente la
oposición entre el sujeto y el objeto. Como el resultado no es adquirido
completamente, se hace imprescindible también la dialéctica para explicar ese
esfuerzo. Es necesaria para poner a prueba la intuición, para que esta se
refracte en conceptos y propague a otros hombres. La dialéctica no es sin
embargo el objetivo de la filosofía, sino un descanso de la intuición.
- En Materia y Memoria, Bergson analiza las
relaciones entre el cuerpo y el espíritu. El primero es la materia dirigida a
la acción. El segundo es la memoria. Entiende que el cuerpo no puede
explicarse por sí mismo, y que para entenderlo es necesaria la realidad del
espíritu, cuyo testimonio más claro es la memoria, que nos introduce en el
pasado, y este es la vida misma del espíritu evocado por un acto presente. Esto
no implica volver al dualismo cartesiano entre la extensión y el pensamiento,
porque ambos no pueden pensarse separadamente. Lo que le interesa a Bergson
es la unión vivida, ese otro dato inmediato de la conciencia. Se opone así
tanto al racionalismo idealista como al empirismo positivista. Para Bergson
tan falso es reducir la materia a la representación que el sujeto se hace de
ella como convertirla en cosa que produce las representaciones: la materia
para nosotros es un conjunto de ‘imágenes’. Y por ‘imagen’ entendemos una
cierta existencia que es más que lo que el idealista denomina representación,
pero menos de lo que el realista denomina cosa, - una existencia situada a
medio camino entre la ‘cosa’ y la ‘representación’.
- Tal es la concepción de la materia que tiene
el sentido común. Existe independientemente de la conciencia, pero no se
identifica por completo con el dato sensible. Es decir, el objeto existe por sí
mismo y es como nosotros lo percibimos: es una imagen, pero una imagen que
existe en sí. El sentido común alcanza esa naturaleza mejor que el realismo
y el idealismo. El motivo es que estos orientan nuestra percepción
consciente al conocimiento puro, no hacia la acción. Idealistas y realistas
solo tienen interés especulativo en la percepción y la reducen a puro
conocimiento. Olvidan su destino práctico. Ambos tropiezan con el
dualismo. Niegan la realidad, que es comunicación entre materia y espíritu.
- Bergson
hace de la intuición el centro de su filosofía. La actividad intuitiva nos hace percibir la individualidad de las cosas
que escapa a la percepción común, debido a que esta solo retiene impresiones
útiles para la acción. La intuición se expresa en la metafísica de Bergson de
un modo anti-platónico, pero también anti-subjetivista, porque su objeto no son
las ideas ni la propia subjetividad. La intuición no es pura contemplación
activismo puro de la conciencia. No tiene nada que ver con la aprehensión de un
principio del que todas las soluciones podrían deducirse. Tan tolo hace
converger líneas de hechos. La intuición no emplea conceptos, ya que se dirige
a la pluralidad. Tampoco hace uso de símbolos para aprehender, pues no pretende
conocer la realidad, sino instalarse en su duración.
- Cumplir la humanidad es trascenderla
creativamente. El espíritu es una única realidad capaz de crear, y sólo la
creación libera. El movimiento de la conciencia es vida y espíritu. Es un
dinamismo interno que el filósofo ha de aprehender internamente, y esto solo es
posible por la intuición del puro devenir. Tal intuición es la realidad misma.
La duración de la conciencia sin referirse a ningún punto de vista. Bergson
alerta contra la especialización intelectual de la intuición. No hay sistema duradero que no esté al menos
en alguna de sus partes vivificado por la intuición. Ella nos hace conscientes
de nuestra libertad, y nos permite alcanzar el impulso vital que es fuerza evolutiva creadora.
- Pensar
intuitivamente es pensar en duración.
Aunque su dominio es el espíritu, hay intuición de la materia, e intuición de
potencialidad Por eso la intuición no se
opone a la inteligencia, sino que la necesita para comunicarse. Naturalmente se
dirige preferentemente a las ideas más concretas. No hay diferencia de valor
entre la ciencia que trabaja con estas ideas y la metafísica, sino una
diferencia de método. Bergson no intenta establecer un método para su
filosofía. Y sobre todo se opone al método simplemente formal, que deja al
margen los contenidos. Cualquier teoría del conocimiento es inseparable de
la teoría de la vida: la teoría del conocimiento y la teoría de la vida nos parecen inseparables una de otra.
Una teoría de la vida que no se acompañe de una crítica del conocimiento está
obligada a aceptar, tal cual, los conceptos que el entendimiento pone a su
disposición: no puede ocuparse más que de hechos, de grado o de fuerza, en los
marcos preexistentes que considera definitivos. Obtiene así un simbolismo
cómodo, incluso necesario para la ciencia positiva, pero no una visión directa
de su objeto. Por otro lado, una teoría del conocimiento que no sitúe de nuevo
la inteligencia en la evolución general del conocimiento, no nos enseñará ni
como se han constituido los contextos del conocimiento, ni cómo podemos
ampliarlos o superarlos. Es preciso que estas dos investigaciones, teoría
del conocimiento y teoría de la vida se reúnan, y por un proceso circular, se
impulsen una a la otra.
- La
inteligencia analiza. La intuición opera por simpatía, por coincidencia con lo que lo intuido tiene
de único. Mientras que el análisis no puede llegar a lo Absoluto, la simpatía
sí. Todo conocimiento está compuesto de análisis, pero también de intuición. El
análisis permanece fuera de las cosas, adopta puntos de vista, las divide en
partes y traduce en símbolos. La primera [la inteligencia] implica que nos
volvamos alrededor de esa cosa, la segunda [la intuición] que entremos en ella.
La primera depende del punto de vista en el que nos situamos y de los símbolos
por los que nos expresamos. La segunda no se toma desde ningún punto de vista y
no se apoya en ningún símbolo. Del primer conocimiento se dirá que se
detiene en lo relativo; del segundo, allá donde sea posible, que alcanza lo
absoluto.
- El análisis es relativo y abstracto. Bergson
reconoce que el conocimiento metafísico es limitado, pero no relativo sino
absoluto. La síntesis tendrá que reconstruir después las partes divididas
analíticamente. Frente a ambas, la intuición bergsoniana no adopta un punto de
vista ni reconstruye lo fragmentado, sino que penetra en las cosas, coincide
inmediatamente con ellas mismas en el momento en el que está haciendo su
experiencia, como una sucesión de estados de la que cada uno anuncia al que
le sigue y contiene al que le precede.