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Inicialmente Platón se acoge al dogma parmenideo 'El ser es, el no ser no es', pero luego para consolidar su teoría de las ideas frente a los ataques sofistas va a hacer suya la visión orféico-pitagórica del no-ser penetrando en el ser para darle forma. Es el giro pitagórico de Platón (Teresa Oñate, El nacimiento de la filosofía en Grecia).
Platón arranca identificando el no-ser en el cambio y en las formas:
- ¿Diremos, entonces, en forma polémica y sin temor
alguno, que el cambio es diferente del ser?
- Sin el más mínimo temor.
- ¿No es acaso evidente que el cambio es realmente
algo que no es, aunque también sea, pues participa del ser?
- Es evidentísimo.
- Es, entonces, necesario que exista el no-ser en lo
que respecta al cambio, y también en el caso de todos los géneros. Pues, en
cada género, la naturaleza de lo diferente, al hacerlo, diferente del ser, lo
convierte en algo que no es, y, según este aspecto, es correcto decir que todos
ellos son algo que no es, pero al mismo tiempo, en tanto participan del ser,
existen y son algo que es.
- Es probable que así sea.
- Respecto de cada forma, entonces, hay mucho de ser,
pero también mucho de no-ser.
- Así parece. Debe decirse entonces, que el ser mismo
es diferente de las otras.
- Es necesario.
- Y así, para nosotros, el ser no existe tanto cuanto
existen las otras. Pues al no ser aquellas, si bien él es un algo único, no es las otras cosas,
cuyo número es infinito.
- Es muy probable.
- Y no hay entonces que enojarse, ya que la naturaleza
de los géneros admite una comunicación recíproca Si alguien no está de acuerdo con esto, que trate de convencer a nuestros
primeros argumentos, y que, luego, haga otro tanto con los que vinieron
después.
- Según parece, cuando hablamos de lo que no es, no
hablamos de algo contrario a lo que es, sino sólo de algo diferente.
- ¿Cómo?
- ¿Acaso cuando hablamos de algo no-grande, te parece
que con esa expresión designamos más a lo pequeño que a lo igual?
- ¿Por qué habría de ser así?
- No estemos de acuerdo, entonces, cuando se diga que
la negación significa lo contrario, y admitamos sólo que el ‘no’ colocado antes
hace alusión a algo diferente de los nombres que siguen, o más aún, de los
hechos respecto de los cuales se colocan los nombres pronunciados después de la
negación.
- Completamente de acuerdo.
- Consideremos esto, si también estás de acuerdo.
- ¿Qué?
- Me parece que la naturaleza de lo diferente está
parcelada del mismo modo que la ciencia.
- ¿Cómo?
- Esta es sólo una, sin lugar a dudas, pero cada parte
de ella que se aplica a algo recibe un nombre propio determinado, según la
forma propia de cada cosa, y es por ello por lo que se dice que hay muchas
técnicas y ciencias.
- Completamente.
- Lo mismo ocurre con las partes de la naturaleza de
lo diferente, que es una.
- Quizá sea así, pero ¿cómo lo afirmaremos?
- ¿Existe alguna parte de lo diferente opuesta a lo
bello?
- Existe.
- ¿Consideraremos que ella es anónima, o que tiene un
nombre?
- Lo tiene. Es lo que en cada ocasión denominamos ‘no
bello’, y esto es diferente sólo de la naturaleza de lo bello.
- Avanza. Dime lo siguiente.
- ¿Qué?
- La existencia de lo no-bello, ¿no reside acaso en
algo separado de cierto género determinado de cosas, y, a su vez, opuesto
respecto de alguna otra cosa?
- Así es.
- Ocurre entonces que, según parece, lo no-bello es
una cierta oposición de lo que es respecto de lo que es.
- Justamente.
- ¿Y qué? ¿Según este argumento, lo bello sería acaso
para nosotros más ser, y lo no-bello menos?
- No.
- ¿Se dirá entonces que lo no-grande existe de igual
modo que lo grande mismo?
- Del mismo modo.
- ¿Acaso, entonces, lo no-justo debe colocarse en
igualdad con lo justo, puesto que uno no es para nada mayor que el otro?
- ¡Y cómo!
- Y diremos lo mismo acerca de todo lo demás; puesto
que la naturaleza de lo diferente demostró ser una realidad, en tanto que ella
existe, es necesario considerar que sus partes existen no menos que ella.
- ¿Cómo no?
- Entonces, según parece, la posición de una parte de
la naturaleza de lo diferente y de aquella del ser, contrastadas
recíprocamente, no es menos real, si es lícito decirlo, que el ser mismo, pues
aquella no significa lo contraría de este, sino sólo esto: algo diferente de
éste.
- Está clarísimo.
- ¿Y cómo la llamaremos?
- Es evidente que la llamaremos “no-ser”, que es
aquella que buscamos a causa del sofista.
- ¿Entonces cómo tú dices, no es para nada inferior a
las otras realidades, y se debe tener el coraje de decir que el no-ser existe
firmemente, y que tiene su propia naturaleza, así como lo grande era grande y
lo bello era bello, y, a su vez, lo no-grande era no-grande y lo no-bello,
no-bello, de tal modo que el no-ser es sí era y es no-ser, como una forma
contada entre muchas otras? ¿O nos queda aún cierta desconfianza al respecto,
Teeteto?
- Ninguna.
(Platón, El Sofista, 256d-258c)
