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Este fin de semana El País publicaba dos artículos: uno sobre que el 1% de la población mundial tiene el 50% de las riquezas y otro sobre las compras y la adicción al consumo.
En 1781, Kant buscaba en la Crítica de la Razón Pura la necesidad de definir el tribunal que delimite las pretensiones legítimas de la razón y condene las que no tienen fundamento, así como el motivo de la continua tendencia del hombre a trascender la experiencia.
Para Kant el conocimiento es posible por el sujeto trascendental, el cual posee las estructuras a priori que van a informar la materia del conocimiento dando lugar al conocimiento. Kant va a considera que todo nuestro conocer está constituido por dos elementos: las intuiciones y los conceptos.
El sujeto trascendental lleva sin embargo en su propia estructura no solo la posibilidad del conocimiento, sino también la posibilidad de las ilusiones trascendentales, al aplicar los mecanismos de las categorías y su capacidad para generar conceptos a elementos que no proceden de la experiencia, como por ejemplo en el caso de la metafísica.
Podemos considerar que en ambos casos (la acumulación rosebudiana y la ontologización de las ideas) nos hemos salido de la 'zona de trabajo' prevista para el mecanismo en cuestión. Son los impulsos nietzcheanos incorporados a instintos que ya no aplican, o aplican menos.
La evolución nos hizo incorporar el instinto de acumular para poder sobrevivir, pero en muchas partes del mundo esa acumulación es casi más un problema que una ayuda. La conceptualization nos ayudó a ganar la batalla a la naturaleza proporcionándonos además una seguridad ante el cambio, pero nos condujo a crear cuentos de brujas.
Necesitamos utilizar los mecanismos que aplican cuando aplican, pero ¿es posible ganarle la lucha a los instintos consolidados para sobrevivir? ¿Realmente es la razón el mecanismo que puede y debe ayudarnos a ello? ¿Hay alguna alternativa mejor?
