'La dialéctica no puede detenerse ante los conceptos de lo sano y de lo enfermo, de lo racional y lo irracional. Una vez que ha considerado enfermo lo universal dominante, ve la única garantía de curación en aquello que, comparado con dicho orden, parece enfermo, excéntrico, loco. Bajo este aspecto, la función de la dialéctica sería la de permitir que la verdad del loco llegara a la conciencia de su propia razón, sin la cual, por otra parte, perecería en el abismo de aquella enfermedad que el sano sentido común de los demás impone sin piedad' (Adorno, Minima moralia)

viernes, 3 de febrero de 2017

MARX, ONTOLOGIA DEL SER SOCIAL (2/3). CRITICA DE LA ECONOMIA POLITICA.

Desde el principio Marx siempre separa el ser social (que existe independientemente de que se conozca más o menos exactamente) y el método de su más o menos adecuada aprehensión pensada. La prioridad de lo ontológico respecto al simple conocimiento se refiere no solo al ser en general, sino que la objetividad en su estructura dinámica concreta es en su ser en sí de la más alta importancia. Esta es la posición filosófica de Marx desde los Manuscritos económico-filosóficos. En estos estudios considera las relaciones recíprocas de la objetividad en sí como la forma originaria de las relaciones ontológicas entre los seres: un ente que no tiene objeto fuera de sí no es un ente objetivo (...). Marx rechaza todas las representaciones en las que determinados elementos del ser ontologicamente tuvieran una posición preferente respecto de las más complicadas y conexas, y aquellas en las que las funciones sintéticas del sujeto cognoscente desempeñaran cierto papel en el qué y el cómo de la objetividad.

Kant representó la incognoscibilidad de la cosa abstracta, con lo que el sujeto cognoscente efectúa la síntesis concreta en cada caso. Para Marx, el carácter objetivo es la particularidad ontológicamente primaria de todo ser. Por ello, el ente es siempre una totalidad dinámica. Unidad de complejidad y procesualidad. Para el ser social de Marx, la categoría de totalidad está dada más inmediatamente que en la investigación filosófica de la naturaleza. Hay un doble camino: por el primer camino se establecen las determinaciones abstractas de la representación entera, por el segundo esas representaciones abstractas llevan a la reproducción de lo concreto en el camino del pensamiento. Por eso Hegel incurre en la ilusión de captar lo real como resultado del pensamiento (Marx, Elementos fundamentales para la crítica de la economía política). 

La ruptura con el modo de representación idealista es doble:

Primero, el camino para ir al conocimiento de la realidad es un camino de conocimiento, no el de la realidad misma. El proceso de ésta consiste en recíprocas interacciones de los elementos conseguidos por abstracción dentro de una realidad escalonada. Así, un cambio en la totalidad sólo es posible si se desvela su génesis real. Su deducción a partir de conexiones categoriales pensadas como indica Hegel lleva a concepciones especulativas carentes de base. Esto no significa que las conexiones racionales de los elementos conseguidos por abstracción sean indiferentes para el conocimiento de la realidad. Pero es importante descubrir claramente como son en sí. El método de la economía política designado por Marx como camino de regreso presupone un trabajo conjunto histórico (genético) y abstracto sistemático constante que esclarece el modo de acción de leyes y tendencias. La interacción fructífera de estos dos caminos de conocimiento solo es posible sobre la base de una crítica ontológica permanente de cada paso. Ambos métodos tratan de captar los mismos complejos de realidad bajo ángulos diferentes. La elaboración puramente pensada puede fácilmente conceder una falsa autonomía a las partes, sea histórico-empírica sea abstracto-teórica. Solo una crítica ontológica ininterrumpida y despierta de lo conocido como hecho o como conexión, como proceso o como ley, puede restaurar en el pensamiento la verdadera inspección de los fenómenos. La economía burguesa está aquejada de esta dualidad de puntos de vista fijos y separados: la historia económica empírica por un lado, una ciencia teórica por el otro.

Segundo, la oposición entre elementos y totalidades nunca debe reducirse a uno, sea simple o complejo. Todo elemento es siempre un todo. Un complejo. Pero esta complejidad no suprime su carácter de elemento. Las categorías de la economía son analizables en su complejidad, pero no 'desmontables'. Estas relaciones implican una super o infraposición. Esto no contradice nuestra afirmación anterior en la que en nombre de la ontología del ser social combatíamos el principio jerárquico de los sistemas idealistas. Hay que distinguir entre prioridad ontológica y gnoseológica. Cuando establecemos una prioridad ontológica, decimos que una puede existir sin la otra y no al revés. Que el ser tenga prioridad sobre la conciencia significa que el ser puede darse sin la conciencia. Pero de ahí no se sigue una jerarquía entre ser y conciencia. El conjunto de relaciones de producción son una base real sobre la que se despliega el conjunto de formas de conciencia por las que ellas están condicionadas. No es la conciencia de los hombres la que determina su ser, sino su ser lo que determina su conciencia (Marx, Crítica de la economía política).

Como en el dominio del ser social el aislamiento de procesos singulares por medio de experimentos reales está ontológicamente excluído, sólo puede tratarse de experimentos abstractos en el pensamiento. Pero hay que realizarlos guiados por un vivo sentido de la realidad, no sobre fundamentos de realidad periférica como hace la economía burguesa, Marx se distingue por el sentido de la realidad, filosoficamente hecho consistente, tanto en la adecuada aprehensión de la totalidad móvil, como en la acertada valoración del qué y el cómo de las categorías singulares. Su sentido de la realidad apunta sin embargo a ir más allá de las fronteras de la pura economía. En estas abstracciones puede llevarse a cabo la interacción entre lo propiamente económico y la realidad extraeconómica, que tiene lugar en el marco conjunto del ser social, explicando cuestiones teóricas anteriormente insolubles dentro del marco de los problemas teóricos.

La permanente crítica ontológica y la autocrítica en la teoría del ser social en Marx le da al experimento ideal abstractivo en el domino de la economía un carácter nuevo y científicamente específico: la abstracción nunca es parcial, sino que aparece el dominio conjunto de la economía, donde se desplegan las categorías. La abstracción está en permanente contacto con el ser social. Este raramente entendido método dialéctico estriba ya la visión de Marx de que lo económico y lo extraeconómico en el ser social se transforman inniterrumpidamente lo uno en lo otro, donde no se distingue un desarrollo histórico único sin leyes, ni una dominación mecánico-abstracta de lo puro, sino la unidad orgánica del ser social en la cual a las leyes de la economía les corresponde sólo el papel de momento dominante.

Este recíproco penetrar lo uno en lo otro de lo económico y lo extraeconómico en el ser social entra muy profundamente en la teoría de las categorías. Marx continua con la teoría clásica porque encaja la teoría del salario en la teoría general del valor, pero sabe que la fuerza del trabajo es una mercancía especial, cuyo valor de uso tiene la propiedad de efectuar en su valor de uso real una creación de valor (Marx, El Capital). Mientras que el las demás mercancías la reproducción de los costes determina su valor, la determinación del valor del trabajo contiene un elemento histórico y moral (ibid). (...) El comprador de la mercancía quiere (con derecho) alargar la jornada. El vendedor (con derecho) quiere limitarla a una jornada normal. Es derecho contra derecho. Decide la fuerza (ibid). Sólo en base a la consideración de tal interacción recíproca entre lo económico y lo extraeconómico deviene comprensible la construcción del capital.

La posición central de la categoría de valor es un hecho ontológico. Por otra parte, su análisis teórico es un punto candente del análisis teórico de importantes tendencias de toda realidad social. 

En el valor como categoría social aparece igualmente el fundamento elemental del ser social: el trabajo. Una ontología del ser social debe considerar siempre dos puntos de vista. Primero, que los dos polos (los objetos naturales que finalmente son fruto del trabajo -pej. animales domésticos- y las categorías sociales -el valor mismo- de las que ha desaparecido toda naturalidaden la dialéctica del valor deben seguir inseparablemente unidos. Segundo, esta dialéctica es incomprensible para cualquiera que no se eleva por encima de la primitiva intuición de la realidad que simplemente reconocer la materialidad en tanto que cosa, y todas las demás formas de objetividad las atribuye a una actividad presuntamente autónoma de la conciencia

El innovador análisis de Marx acerca del valor se muestra también en su tratamiento de la abstracción. La transformación del trabajo en conexión con la relación cada vez más desarrollada del valor de uso y valor de cambio lleva a cabo la transformación del trabajo concreto en el trabajo abstracto creador de valor. En el  SXIX millones de artesanos vivieron el devenir efectivo de esta abstracción, sin presentir que se enfrentaban con una abstracción llevada a cabo por el progreso social. Tal abstracción tiene la misma dureza ontológica que el coche que a uno le atropella.


De igual manera deben concebirse ontológicamente las proposiciones y las relaciones. Marx no se contenta con mostrarlas como conjuntos entitativos del ser social, muestra que la necesidad de contar con ellos en la vida práctica debe transformarlos necesariamente en cosificaciones. Marx muestra en carácter fetiche de la mercancía, mostrando este proceso de cosificación, demostrando que no se limita a las categorías económicas, sino que llega más bien hasta el fundamento de una distorsión ontológica de los más importantes objetos espirituales de la vida del hombre, cada vez más sociales.

El complejo inmanente de contradicciones incrustado en el valor desemboca en un amplio despliegue de categorías económicas decisivas. Ya hemos hablado del trabajo. Debemos indicar el necesario surgimiento del dinero desde la forma general de valor.

La exposición científica de la génesis ontológica del valor, del dinero, podría despertar la falsa apariencia de una racionalidad del curso histórico real. Pero tal racionalidad no es la esencia de los procesos económicos singulares, sino del proceso económico conjunto. No debe olvidarse que estas legalidades son síntesis, que la realidad misma hace surgir a partir de los actos práctico-económico singulares de los individuos, cuyos resultados, que la teoría fija, van más allá de las posibilidades de comprensión de los individuos que ejecutan tales actos. Es pues conforme a leyes que el resultado de los actos económicos singulares, realizados prácticamente por los hombres, para los actores mismos adquiere la forma aparente de un destino trascendente.

Un mérito innovador de la teoría de Marx consiste precisamente en esto: que él descubrió la prioridad de la práctica, su función dirigente y de control del conocimiento. Pero añadió además el método para esclarecer el camino para llegar a esta adecuada comprensión entre teoría y praxis. Además demostró que toda praxis siempre tiene esta relación con la conciencia, ya que siempre es un acto teleológico en el que la finalidad de la realización precede tanto objetiva como temporalmente. De ahí no se sigue que sea posible saber las consecuencias de cada acto singular, ni como éste constituye la causa parcial de un cambio del ser social en su totalidad. El obrar social de los hombres establece estructuras que surgen exclusivamente por la praxis humana, cuyo modo de ser permanece ininteligible para su productor. Aquí muestra de nuevo su potencia englobante la génesis ontológica. Si se establece esta relación entre praxis y conciencia en hechos elementales de la vida cotidiana, los fenómenos de cosificación, de alienacion y de cosificación aparecen como autoproducciones de una realidad no entendida, no ya como expresiones misteriosas de fuerzas desconocidas e inconscientes, sino como extensas mediaciones dentro de la praxis misma.

El modo en que Marx investiga el despliegue de cada complejo de hecho (pej. dinero, trabajo), de cada categoría en la dirección de su devenir puramente social, pone los fundamentos de una teoría del desarrollo ontológico del ser social.

El ser social admite un desarrollo en el que las categorías naturales, aunque nunca desaparecen, retroceden cada vez con más fuerza a favor del papel dirigente de categorías no naturales. Por ejemplo, el ganado como método de cambio es reemplazado por el dinero. Además, surgen categorías puramente sociales. El valor está ligado a una base natural transformada.

Los análisis económicos de El Capital, estrictamente científicos, abren perspectivas de tipo ontológico fundadas acerca de la totalidad del ser social. Tendencia de Marx, que desarrolla las generalizaciones filosóficas a partir de hechos comprobados por el método científico, es decir, fundamentación ontológica verificada de las aserciones tanto científicas como filosóficas.

En una reducción abstractiva a lo más esencial, todos los elementos (económicos y extraeconómicos) entran sin desfigurarse en el fenómeno, mientras que una abstracción no fundada ontológicamente u orientada a lo periférico tiene que llevar a una deformación de las categorías decisivas. En este nuevo método no son ni puntos de vista teóricos ni metodológicos los que determinan el modo y la orientación, de las abstracciones del experimento pensado, sino la cosa misma, la esencia ontológica de la materia tratada. El camino de los procesos singulares hacia el conjunto no representa ninguna más amplia abstracción, como es costumbre en los modos modernos de pensar, sino al contrario una supresión de determinados límites de la abstracción. 

El proceso conjunto de la reproducción económica lo constituye la unidad de tres procesos con sus tres planos: la circulación del capital-dinero, la del capital productivo, y la del capital-mercancía. No se trata de una descomposición metodológica del proceso, sino de tres procesos reales, y de captarlos con un enfoque unitario. La descomposición conceptual es un reflejo de tres procesos de reproducción. El análisis de estos procesos descodifica el capital y lo muestra como relación, cuyo modo de ser consiste en un proceso ininterrumpido.


(...)

El análisis de relación entre consumo y producción ofrece también interrelaciones importantes. Por ejemplo, la producción se realiza en el consumo. Sin consumo toda producción carecería de objetivo: el consumo crea el impulso de producir. Por el consumo se determina el contenido esencial de la posición teleológica que pone en movimiento y regula la producción. El consumo establece idealmente el objeto de la producción en tanto que imagen interna, como necesidad, impulso, finalidad (Marx, Elementos fundamentales para la crítica de la economía política). La interacción recíproca es multilateral, pero se pone en valor el hecho fundamental de la dialéctica materialista. Ninguna interacción recíproca sin momento determinante. Si se abandona esta surge una vaciedad ideal que Hegel critico en su momento. En el caso de la producción y el consumo, la producción es el punto de arranque real, y por ello el momento dominante. Esta verdad se transforma en error si se aplica al ser social sin sus presupuestos y consecuencias. 

Cuando analizamos la relación entre producción y distribución, tenemos problemas de otro tipo. Se trata de la relación entre las formas económicas puras y el mundo histórico-social, que hemos denominado como extraeconómico. Para el individuo hay una falsa apariencia de una ley efectiva que le determina su posición en la sociedad y en la producción. En casos de conquista se establece una nueva distribución. Todas estas variantes parecen apuntar a fuerzas extraeconómicas. A la producción le corresponde no obstante un momento dominante, pues siempre se impone la dirección del desarrollo basado en estas condiciones. 

(...)

En la relación entre lo económico y lo extraeconómico, el momento económico cumple la determinación. Sólo si se concibe con claridad la relación del carácter dominante de la producción en los cambios de la distribucion puede la relación entre lo económico y lo extraeconómico. Que el momento económico cumpla la determinación no significa que esta diferencia deba tratarse como mera apariencia.

Solo con el cumplimiento de la acumulación primitiva pueden ser efectivas las puras leyes económicas. Respecto al ser social esto significa que el nuevo sistema económico del capitalismo hubiera sido imposible sin esta previa y extraeconómica inversión de las relaciones de distribución [que produzco más de lo que necesito?]. Tales cambios en las relaciones de distribución también pueden desarrollarse de una forma puramente económica, como por ejemplo en inglaterra cuando surgió la maquinaria industrial. El desarrollo del capitalismo pueda avanzar en tempos muy diferentes.

Por otro lado, los cambios inmediatamente extraeconómicos se determinan económicamente. La forma inglesa de superación de las relaciones feudales de distribución discurre inmediatamente con el empleo de la fuerza, pero está determinada a ello, porque Inglaterra pasa de la agricultura feudal ganadera a la producción de materias primas para la industria textil. Pero no concierne a una simple consideración dialéctica de los hechos, según la que puedan enfocarse la esencia económica o extraeconómica como una identidad ni como contradicción excluyente, sino en tanto que identidad de la identidad y de la no identidad. En este caso es mejor valerse de la concepción de la realidad según Marx: que el punto de arranque de cualquier pensamiento son las manifestaciones reales del ser social. Esto no significa empirismo. Más bien debe concebirse cualquier hecho como parte de un complejo dinámico que, tanto interior como exteriormente determinado por leyes múltiples, está en interacción recíproca con otros complejos. La ontología del ser social en Marx se funda en esta dialéctica materialista (plenamente contradictoria) unidad de ley y hecho (que incluye naturalmente proporciones y relaciones). Aquella se realiza en este. Este contiene su determinación concreta, su modo de ser, según el modo de ser de aquella se impone en las recíprocas interacciones. Sin la comprensión de estos entrelazamientos, en los que la producción y reproducción de la vida humana siempre constituye el momento determinante, no puede entenderse la economía de Marx.

Como conclusión de estas consideraciones, indíquese brevemente una vez más que la tan popular contraposición de violencia y de economía, en el mejor de los casos es metafísica y no dialéctica. La violencia puede ser una categoría económica inmanente. En el tratamiento de la renta del trabajo, por ejemplo, Marx indica que su esencia, la plusvalía, sólo puede ser extraída por coacción extraeconómica. 

La recíproca penetración se extiende a lo largo de toda la historia de la humanidad. Desde la esclavitud hasta la determinación de la jornada de trabajo del capitalismo la fuerza sigue siendo un momento integrante de la realidad económica en toda sociedad de clases. También en esto se trata de una dialéctica ontológica concreta: el ajuste necesario de en conexiones económicas según ley no puede suprimir la contradicción entre ambas, y esta contradictoriedad esencial no puede por su parte suprimir la necesidad de la conexión. La concepción ontológicamente justa del ser debe partir siempre de la heterogeneidad primaria de los momentos singulares, de los procesos, de los complejo, unos respecto a otros, y al mismo tiempo de su íntima y radical copertenencia, en una totalidad socio-histórico concreta. Siempre que hallamos tales encadenamientos de complejos heterogéneos, contradictorios, debemos orientarnos a la concreción de su aprehensión pensante (reflejo de su concreción sustantiva) , e igualmente guardarnos de una legalidad abstracta, así como también de la empírica abstracta de del 'solo una vez'. En el plano de nuestras presentes consideraciones, la exigencia de la concreción sigue siendo un postulado simplemente metodológico y abstracto. Y lo concreto de la cosa misma todavía no se consigue. La causa de esta abstracción estriba en que hasta ahora, para elaborar las determinaciones más importantes y generales de la ontología del ser social de Marx, una de las determinaciones decisivas, la historicidad de este ser, en cuanto a su todo o en cuanto a la conexión de sus partes unas con otras, o sus modificaciones según las transformaciones dele todo y de los complejos que lo forman, todo esto, si no lo hemos puesto 'entre paréntesis' -lo que es imposible-, en cuanto a su significación ontológica, todavía no le hemos concedido la suficiente importancia. Es necesario subsanar esta insuficiencia,


(Gyorgy Lukacs, Marx, Ontología del ser social, pp.87-128)