La ontología de Marx es paradójica. Sus enunciaciones son pensadas acerca de un ser, y por tanto son ontológicas, pero en él no se encuentra ningún tratamiento autónomo de los problemas ontológicos. Este dualidad viene de Hegel donde existe la unidad de la lógica y la teoría del conocimiento.
El La Disertación Marx dice haciendo crítica de los planteamientos de Kant en relación a su crítica al argumento ontológico que de la efectividad histórica de determinadas representaciones de Dios se sigue una especie de existencia social. Plantea así ya un problema que desempeñará un papel importante en el Marx materialista y economista: la función socialmente práctica de determinadas formas de conciencia, sean o no desde el punto de vista ontológico general verdaderas o falsas. Kant combate el argumento ontológico porque ha cortado todo enlace entre representación y realidad. Marx alega en nombre del carácter específico del ser social que los táleros imaginarios pueden lograr socialmente una relevancia en cuanto al ser. En escritos tardíos de Marx reaparecerá esta idea como una dialéctica entre el dinero real y el ideal.
En el camino de desarrollo del joven Marx aparece la orientación a una concretización creciente de las formaciones reales, conexiones existentes, etc. Esta tendencia encuentra su primera expresión en Manuscritos económico-filosóficos, cuya originalidad innovadora estriba en que por primera vez en la historia de la filosofía aparecen las categorías de la economía (la producción, la reproducción de la vida humana) haciendo posible una presentación ontológica del ser social sobre fundamentos materialistas.
La categoría central para Marx es el trabajo, pues en él aparecen todas las otras determinaciones: el trabajo es condición de existencia independiente de todas las formas de sociedad del hombre, una necesidad natural para mediatizar el intercambio de materia entre el hombre y la naturaleza (Marx, El Capital). Por el trabajo tiene lugar una doble transformación: 1) El hombre transforma la naturaleza y se transforma a sí mismo, cambiando la suya propia. Desarrolla las potencias que 'duermen' en la naturaleza y las somete a su poder 2) Los objetos naturales, las potencias naturales, se transforman en instrumentos de trabajo. El hombre que trabaja emplea las propiedades de las cosas para dejarlas actuar como medios para sus fines. Los objetos naturales al ser puestos en movimiento por el trabajo devienen útiles. Este hacer útiles es un proceso teleológico: Al final del proceso de trabajo se da un resultado que al comienzo del mismo estaba dado idealmente en la representación del trabajador. No es que éste efectúe sólo una transformación en lo natural. Es que realiza en lo natural la finalidad que él conoce (Marx, El Capital).
El ser social presupone el ser de la naturaleza orgánica e inorgánica. No puede entenderse como autónomo o contrario al ser natural como hace la filosofía burguesa. Tampoco hay que entender una traslación sin más de las leyes de la naturaleza a la sociedad como hace el darwinismo social. Las formas de objetividad crecen a partir del ser natural y devienen expresamente sociales. Tal crecimiento es un proceso dialéctico que comienza con un salto ontológico, con el emplazamiento teleológico en el trabajo, con el que no puede darse analogía alguna en la naturaleza.
Por el acto del emplazamiento teleológico en el trabajo, está dado en sí el ser social. El proceso histórico de su despliegue tiene dentro de sí los más decisivos cambios de ese en-si en un para-sí, y con ello, la superación de las formas y contenidos del ser natural en formas y contenidos propios de la socialidad. El emplazamiento teleológico, en cuanto que modificación material de la realidad material, sigue siendo algo nuevo desde el punto de vista ontológico. En cuanto a su ser, debe derivarse genéticamente de las formas de transición. Estas son el resultado de un trabajo llegado a sí mismo, y esta génesis, que no es un proceso teleológico, se entiende como su resultado.
Marx separa la realidad del camino de su conocimiento. La ilusión idealista de Hegel consiste en que el proceso ontológico del ser se acerca demasiado al proceso gnoseológico de su conceptualización.
En relación a las relaciones ontológicas ente naturaleza y sociedad, las categorías de la naturaleza son la base de las categorías sociales. Solo sobre la base de un conocimiento de las cosas el emplazamiento teleológico del trabajo puede cumplir su función transformadora. Que surjan formas nuevas que no tienen analogía con la naturaleza no cambia este hecho. Incluso cuando el objeto natural permanece en su índole propia, su función en cuanto que valor de uso es ya algo nuevo. Con el valor de uso surge en el curso del desarrollo social el valor de cambio, en el que toda objetividad natural ya desaparece, y tiene entonces una objetividad fantasmal (Marx). Esta objetividad social presupone objetividades naturales socialmente transformadas, de modo que las categorías socialmente puras, si su totalidad constituye la índole del ser social, este ser no solo resulta del proceso material concreto de su génesis a partir del ser natural, sino que se reproduce constantemente en este carril, y desde el punto de vista ontológico, jamás puede desligarse enteramente de su base. El sentido esencial de la conformación del ser social consiste en reemplazar determinaciones puramente naturales por formas mixtas de naturalidad y socialidad y las determinaciones puramente sociales que se desarrollan sobre esta base. La tendencia social del proceso es así el constante aumento de componentes sociales: el viraje materialista en la ontología del ser social culmina en el descubrimiento de la prioridad ontológica de la economía en él, que presupone una ontología materialista de la naturaleza. La fundación de una ontología materialista de la naturaleza, que comprende en sí historicidad, procesualidad y contradictoriedad dialéctica, está contenida implicitamente en la fundamentación metodológica de la ontología de Marx.
Frente a los que consideran que Marx dejó de ser filósofo para pasar a ser un especialista en economía, pensamos que, aunque Marx nunca tuvo la intención expresa de crear un sistema filosófico, Marx no fué con el tiempo menos filósofo, sino que al contrario profundizó significativamente en sus enfoque filosóficos. Mientras que la economía como ciencia particular aísla los fenómenos, la economía de Marx siempre arranca del ser social y desemboca en la misma. La economía de Marx está atravesada de espíritu científico que en su devenir consciente y crítico jamás renuncia al sentido ontológico, que más bien como regla crítica instala en movimiento el establecimiento de cada hecho y toda conexión. El rechazo critico de las falsas ontologías surgidas en la filosofía no significa actitud antifilosófica, sino de un trabajo conscientemente crítico.
En los problemas del ser social, la cuestión ontológica de la diferencia, de la contradicción y del nexo entre fenómeno y esencia desempeña un papel decisivo. Con frecuencia los fenómenos ocultan la esencia de su propio ser, en lugar de alumbrarla. Así, la ciencia puede facilitar o no esclarecer las cosas. Las deformaciones de haberlas se producen con más facilidad en el dominio del ser social que en el de la naturaleza. El enunciado de Marx de que toda ciencia sería superflua si la forma fenoménica y la esencia de las cosas coincidiera de forma inmediata (Marx, El Capital) es muy importante para el ser social. La relación del fenómeno con la esencia del ser social, a consecuencia de su conexión inseparable con la praxis, presenta nuevos rasgos y determinaciones (por ejemplo: en todo proceso cerrado el resultado hace desaparecer el proceso de la propia génesis. En el dominio del ser social esta génesis es de carácter teleológico. Esto tiene como consecuencia que su producto, solo más tarde, adopta la forma fenoménica en tanto que producto listo y concluso, y hace desaparecer su propia génesis si el resultado corresponde a la posición finalista. [La ciencia es así necesaria para pasar del fenómeno al producto acabado mediante el proceso teleológico del trabajo. Dado que ese emplazamiento teleológico define al ser social, la ciencia es su como llevarse a cabo].
El sistema ante todo tiene en sí, como ideal de síntesis filosófica, el principio de plenitud y cierre, de antemano incompatibles con la historicidad ontológica del ser desde Hegel. Esta tendencia contradice la concepción ontológica de Marx. Concentra su interés precisamente en tipos de relación que no se subordinan adecuadamente a ningún sistema. Esta crítica antisistemática no es ingenua, sino que arranca de la totalidad del ser. Pero esta totalidad no es formal, sino la realidad pensada, las categorías no son una jerarquía sistemática, sino determinaciones de existencia.
Para que el marxismo sea una fuerza de desarrollo filosófico debemos referirnos a Marx mismo, con el apoyo de Engels y Lenin. Las consideraciones de la II internacional y del periodo de Stalin pueden dejarse de lado.
(Gyorgy Lukacs, Marx, Ontología del ser social, pp.65-87)