'La dialéctica no puede detenerse ante los conceptos de lo sano y de lo enfermo, de lo racional y lo irracional. Una vez que ha considerado enfermo lo universal dominante, ve la única garantía de curación en aquello que, comparado con dicho orden, parece enfermo, excéntrico, loco. Bajo este aspecto, la función de la dialéctica sería la de permitir que la verdad del loco llegara a la conciencia de su propia razón, sin la cual, por otra parte, perecería en el abismo de aquella enfermedad que el sano sentido común de los demás impone sin piedad' (Adorno, Minima moralia)

miércoles, 15 de febrero de 2017

ONTOLOGIA DEL SER SOCIAL (1/3)

La ontología del ser social abarca temas correspondientes a la antropología filosófica, a la filosofía de la historia y a la filosofía de la cultura en sentido amplo. Este ámbito de la realidad abarcaría lo que en terminología hegeliana denominaríamos espíritu en sus aspectos subjetivo, objetivo (histórico y social) y absoluto (cultural). Destacamos el carácter social porque la subjetividad humana sólo tiene sentido en el ámbito de la sociedad. 

La ontología del ser social está íntimamente relacionada con la del ser natural, ya que aquel se apoya en éste. La actividad fundamental humana, el trabajo, depende de la naturaleza. La cultura, incluso en sus producciones más espirituales, está referida al ser natural.

La actividad humana se realiza siempre en un contexto natural, que le opone una cierta resistencia. Aunque hoy la naturaleza está socializada y elaborada a través del trabajo, no podemos olvidar que desde un punto de vista ontológico dicha naturaleza presenta siempre un resto no humano. Las catástrofes naturales y la muerte están ahí para recordarnos ese carácter autónomo de la naturaleza.

El eliminar esa consideración ontológica del carácter irreductible de la naturaleza y conceder importancia solo a la actividad humana, a la praxis, nos puede hacer caer en idealismo de la praxis (Lukacs, Merleau-Ponty, Sartre, etc.), en el que se coloca la materialidad en una situación de dependencia de una instancia subjetiva, más originaria, que se constituye como su condición ontológica de posibilidad. Estas concepciones no tienen en cuenta que el sujeto presuntamente constituyente de la realidad objetiva es a su vez un elemento de dicha realidad objetiva, y que su carácter constituyente trascendental depende de su empiricidad objetiva, ya que tanto el pensamiento como el lenguaje, sedes de la constitución del mundo, son productos materiales de seres materiales que viven en sociedad.

La naturaleza es así un residuo existente en sí, con independencia de la intervención transformadora del hombre. Pero no se ha de considerar como un ideal utópico al que retornar. El ser humano debe asumir que tal retorno es imposible. Ser humano supone transformar y manipular la naturaleza. El ser humano es un ser práctico. El impulso de dominar la naturaleza es un rasgo esencial de su ser. En su intercambio orgánico (Marx) con la naturaleza, el ser humano no solo utiliza la naturaleza como un material, sino que también contribuye a desatar las potencias adormecidas en la naturaleza, y al hacerlo libera esa materia natural que sin la intervención humana hubiera quedado en mera potencia, sin actualizar. Hay un carácter cocreador (Bruno) del hombre con la naturaleza. La naturaleza es el cuerpo inorgánico del hombre  (Marx)

(F.J. Martinez Martinez, Metafísica, T19)