Desde un punto de vista ontológico podemos distinguir con Leibnitz entre el mal metafísico, el mal físico y el mal moral. En la tradición occidental el mal metafísico se ha ligado siempre a algo negativo, a la imperfección, a la falta de ser. Una imperfección existente en un conjunto dominado por el bien. Esta visión optimista considera incluso que el mal es necesario para poder hablar de completitud en el universo. Esta idea de completitud del universo ha sido expresada por A.O. Lovejoy bajo la metáfora de La gran cadena del ser. Los seres se imbrican en un todo continuo de un eslabón a otro. La plenitud y continuidad del universo exige que se desplieguen los seres intermedios, lo que da lugar a una gradación de los seres.
La gran cadena del ser pasa desde sus raíces platónicas y neoplatónicas a Leibnitz a través de la escolástica medieval y la filosofía natural del renacimiento. Llega hasta nosotros a través del romanticismo y las discusiones biológicas. La noción del mal metafísico, de la gran cadena del ser y de los principios de plenitud y continuidad son esenciales porque permiten justificar el mal y asignarle un puesto, aunque ínfimo, en dicha cadena.
Plotino colocaba el mal como casi un no-ser, relacionado con la materia cuando esta no ha sido todavía informada por las formas ideales. Incluso cuando estas formas se unen a la materia, son en parte corrompidas por esta. La materia es el mal debido a su indeterminación. El mal ligado a la materia es un mal ontológico, al cual sigue el mal moral que aparece en el alma debido a la cercanía de ésta a la materia. La debilidad del alma tiene su origen en que ésta no esta separada de la materia.
Plotino se enfrenta a los gnósticos, que aceptaban la existencia de un mal independiente. Consideraban un mal por la cercanía a la materia, pero otro debido a la decisión voluntaria del hombre. Existe un mundo de libre albedrío donde es posible inclinarse hacia el mal. La dualidad está escrita en el ser del hombre, que desde su creación tiene dos almas: la terrena y la psíquica. Hay una concepción dramática del universo, entre un dios bueno y un dios mano.
Plotino se enfrenta a los gnósticos, que aceptaban la existencia de un mal independiente. Consideraban un mal por la cercanía a la materia, pero otro debido a la decisión voluntaria del hombre. Existe un mundo de libre albedrío donde es posible inclinarse hacia el mal. La dualidad está escrita en el ser del hombre, que desde su creación tiene dos almas: la terrena y la psíquica. Hay una concepción dramática del universo, entre un dios bueno y un dios mano.
(F.J. Martinez Martinez, Metafisica, T23)