'La dialéctica no puede detenerse ante los conceptos de lo sano y de lo enfermo, de lo racional y lo irracional. Una vez que ha considerado enfermo lo universal dominante, ve la única garantía de curación en aquello que, comparado con dicho orden, parece enfermo, excéntrico, loco. Bajo este aspecto, la función de la dialéctica sería la de permitir que la verdad del loco llegara a la conciencia de su propia razón, sin la cual, por otra parte, perecería en el abismo de aquella enfermedad que el sano sentido común de los demás impone sin piedad' (Adorno, Minima moralia)

domingo, 2 de abril de 2017

LA CONSIDERACION ONTOLOGICA DEL MAL (2/4). EL MAL COMO PRIVACION.

La afirmación de un principio positivo del mal ha sido una excepción en nuestra tradición, que siempre ha rechazado la igualdad ontológica del bien y del mal. Este ultimo ha sido considerado siempre como un no ser, como un último grado del ser. 

El pensamiento medieval modulo estas teorías con la idea del mal como imperfección, como carencia. Limitación de las criaturas. Dios no es responsable del mal. Sólo lo permite, ya que Dios solo es responsable del ser, de la perfección, y el mal deriva del no ser, de la imperfección. El cristianismo mezcla el aspecto metafísico (más griego - carencia en la creación) y el moral (más latino - pecado, privación de un bien) del mal. 

Para Agustín el mal de una cosa es todo lo que es contarlo a la naturaleza, lo que ataca la esencia de su ser. Dios es el primer ser, carente de corrupción y cambio, y carente de contrario, porque al ser sólo se opone el no-ser. El mal es algo negativo que se opone a la sustancia de las cosas. Implica una naturaleza a la que pueda hacer daño. Mientras que el ser es un producto del orden, la corrupción en cuanto que desorden produce el no-ser. La bondad de dios no permite que la corrupción de las cosas las lleve a un no ser completo. Todas las cosas, hasta las defectuosas, tiene un lugar en el universo. Además el cristianismo aspira a recuperarlas mediante el movimiento ordenado puesto en marcha por la redención. 

Para Agustin Dios no es el autor del mal, sino el hombre, con su libre albedrío. El mal es la privación del bien, que es el ser. No hay nada que sea absolutamente malo, porque entonces sería el no-ser, que no es. No hay mal sin bien. Ambos pueden coexistir en la misma cosa. El mal es relativo. Algunas cosas son consideradas malas porque no convienen a otras. Pero cosas que no convienen a otras pueden convenir a otras. 

Esta visión del mal como carencia o privación supeditada al bien se mantiene en toda la tradición cristiana. Para Pseudo Dionisio el mal procede de varios defectos parciales. La existencia del mal es accidental. No es una realidad que esté en las cosas. Confluyen así las tradiciones neoplatónica y cristiana al considerar el mal como una apariencia, como una privación. El mal es producido por la mezcla de cosas desemejantes, que luego veremos en Espinoza.

No solo la tradición platónica cristiana tiene esta noción del mal como carencia. También el aristotelismo cristiano lo tiene. Tomas considera el mal como la privación de un bien particular más que como una realidad en sí. El sujeto en el que se da el mal tiene la realidad, pero no el mal en sí. El mal como privación se considera desde el punto de vista metafísico. El mal como pecado se dice sólo de los actos que carecen del debido orden o medida. La culpa viene debido al carácter voluntario del pecado. El mal del pecado tiene una componente exterior (relacionada con el carácter malo del acto producido) y una interior (relacionada con la intención o voluntad). El carácter de culpa del pecado está relacionado con este aspecto interior. El mal moral depende así del libre albedrío.

(F.J. Martinez Martinez, Metafísica, T23)