Como compendio de la visión Cristiana, el optimismo universal de Leibniz en su Teodicea intenta explicar la existencia del mal y justifica la bondad de Dios, dando lugar a una disciplina que a partir de Wolf se incluyó en la filosofía e incluso se identificó con la teología natural. Hoy puede reinterpretarse toda la teología como el intento de explicar la existencia del mal en el mundo y la cuestión del sentido de la vida, mediante la existencia y actuación de un Dios bueno y providente.
Dejando aparte la hipótesis teísta, la teodicea entendida como antropodicea o cosmodicea puede considerarse el intento de explicar racionalmente el sentido y el problema del mal, mediante hipótesis naturales y humanas.
El principio fundamental de la teodicea de Lebniz es que Dios es bueno, omniscente y todopoderoso, y después de analizar todos los mundos posibles ha elegido (con necesidad moral y no metafísica como Spinoza) el mundo actual como el más perfecto de todos. Puede pensarse un mundo sin mal, pero ese mundo sería en su conjunto peor que el actual, pues todo está relacionado. Para Leibniz la suma de males es muy pequeña con respecto a los bienes, de una creación de la que solo conocemos una pequeña parte. Además los males son un casi-nada, un casi-no-ser frente al bien, al que corresponde la plenitud del ser.
El mal no tiene sólo un origen moral, Antes del mal moral (el pecado) está el mal metafísico, ligado a la imperfección de las criaturas. Esta concepción cristiana del mal como imperfección se repite así en Lebniz. Pero el origen metafísico del mal no está en Dios, ya que él desea el bien. Pero puede ocurrir que Dios elija el mal local para poder asegurar un mayor bien total.
El mal no es algo substancial sino accidental. Una privación desde el punto de vista metafísico. Desde el punto de vista moral depende de la libertad humana. La libertad para Lebiniz está determinada pero no necesariamente. La libertad siempre encuentra una razón suficiente para actuar. El hombre como Dios es libre. No está sometido una necesidad radical para actuar. Dios crea el universo porque quiere, no como para Spinoza, para quien Dios da lugar necesariamente al universo. Para Leibniz la única necesidad a la que está sometido Dios en la creación es la necesidad moral de dar origen al mejor de los mundos posibles. En cuanto al hombre todo en él está determinado, siendo una especie de autómata espiritual, pero sus actuaciones no están determinadas de una forma absoluta. Todo el pasado, presente y futuro es conocido por Dios, y en ese sentido está determinado, pero ello no nos exime de actuar.
En relación al mal, Leibniz dice que aunque la felicidad de las criaturas es un objetivo de Dios, no es su objetivo principal. La desgracia de algunas criaturas puede producirse para la realización de bienes más grandes, de forma que en el conjunto el bien predomine sobre el mal. A veces el orden del todo exige el desorden de alguna parte. La creación resuelve un problema de máximos y mínimos: cómo producir el máximo de perfección por las vías más simples.
El mal metafísico depende de la imperfeccón de las criaturas y su sumisión a un plan que busca la mayor perfección. El mal moral depende de nuestra voluntad y es permitido por Dios por aquella búsqueda del bien máximo global.
El mal es una privación que no requiere de un principio ni hay que atribuirlo a la materia, sino que es el resultado no querido de un orden óptimo.
(F.J. Martinez Martinez, Metafísica, T23)