'La dialéctica no puede detenerse ante los conceptos de lo sano y de lo enfermo, de lo racional y lo irracional. Una vez que ha considerado enfermo lo universal dominante, ve la única garantía de curación en aquello que, comparado con dicho orden, parece enfermo, excéntrico, loco. Bajo este aspecto, la función de la dialéctica sería la de permitir que la verdad del loco llegara a la conciencia de su propia razón, sin la cual, por otra parte, perecería en el abismo de aquella enfermedad que el sano sentido común de los demás impone sin piedad' (Adorno, Minima moralia)

martes, 4 de abril de 2017

LA CONSIDERACION ONTOLOGICA DEL MAL (4/4). LA CUESTION DEL MAL EN RICOEUR.

La concepción cristiana del mal recibe una inflexión antropológica en la obra de Ricoeur, que en Finitud y culpabilidad  analiza la debilidad del hombre y la expresión simbólica del mal a través de los mitos de creación, del primer hombre, y del alma exiliada. A partir de la patética de la miseria  y a través de una síntesis trascendental basada en la imaginación pura y una sintesis práctica que culmina en la categoría del respeto, se conceptualiza la labilidad humana que hace posible la falta, el pecado y la culpa.

Ricoeur sitúa (siguiendo a Platón, Pascal y Kierkegaard) la miseria humana en el carácter forzosamente intermedio de su condición. La síntesis trascendental parte de la perspectiva finita en que se sitúa el ser humano en el principio. La imaginación pura media en la escisión abierta entre el verbo que dice el ser y la verdad y la perspectiva finita inicial. Desde el punto de vista práctico la perspectiva finita aparece como el carácter, la infinitud del sentido como felicidad, y la mediación entre ambos productos se produce gracias a la constitución de la persona mediante el respeto. Una filosofía del sentimiento se propone como la más adecuada para expresar la fragilidad de ese ser intermedio que somos.

La conclusión de esta marcha teórica radica en una visión conflictiva del ser humano, que hace del mismo un ser constitutivamente frágil. Más que en la limitación metafísica esa fragilidad se basa en la desproporción constitutiva del ser humano. En esa no-coincidencia de sí consigo mismo que hace aparecer esa síntesis frágil del hombre como el devenir de la oposición de la afirmación originaria y la diferencia existencial. Esa desproporción humana abre la posibilidad del mal, no es sólo el punto de inserción del mal ni sólo su origen, sino la capacidad misma del mal.

Ricoeur estudia la simbólica del mal: la mancha, el pecado y la culpabilidad. El significado físico del mal, ligado a su contacto con lo impuro se convierte en la noción de pecado, en cuanto que infracción. El mito de la creación considera que el caos se enfrenta a la creación de Dios. El mito de la caída consideran el mal no relacionado con las cosas, sino con el hombre. En medio Ricoeur sitúa los mitos trágicos, debido al castigo de Dios.

Se plantea la aporía que resulta de intentar conjugar la inmediatez del símbolo y la mediación del pensamiento, y que sólo podrá remediarse mediante la elaboración de una filosofía hermenéutica de alcance ontológico y antropológico que sea capaz de comprender el mal superando a la vez la visión ética del mal (propia del uso alegórico de los símbolos) y la visión trágica del mal (propia del uso gnóstico de los mismos), dando lugar a una visión ético-trágica que concilie las dos visiones opuestas. 

Concluimos aquí la visión del mal típica de la tradición cristiano-occidental. Posteriormente analizaremos el mal no desde una visión que lo considera una limitación metafísica o fruto del libre albedrío humano, sino como resultado no querido de las acciones humanas en contextos sociales, políticos y económicos históricamente determinados, como el producto de malos encuentros entre fuerzas que en principio son todas positivas y por tanto buenas.

(F.J. Martinez Martinez, Metafísica, T23)