Un rasgo importante del discurso colonial es la fijeza de la construcción ideológica de la otra parte. La fijeza como signo de diferencia connota rigidez y un orden inmutable. El estereotipo, que es su estrategia discursiva mayor, es algo ya conocido que debe ser repetido ansiosamente. Este proceso de ambivalencia, central al estereotipo, es lo que construye el discurso colonial. La fuerza de la ambivalencia es lo que da al estereotipo su valor, pues asegura su repetibilidad en coyunturas históricas cambiantes, conforma su sus estrategias de marginalización, produce ese efecto de verdad probabilística que en el estereotipo siempre está en exceso de lo que puede ser probado empíricamente.
La articulación del sujeto colonial en el discurso exige una articulación de formas de diferencia. Típicamente raciales y de sexo. También se pueden articular diferencias en base a un discurso moralista o nacionalista.
El discurso colonial produce al colonizado como una realidad social que es a la vez un 'otro'. Emplea un sistema de representación que es estructuralmente similar al realismo. El racionalismo occidental preserva los límites del sentido para sí mismo.
Hay una justificación tanto estructural como funcional para leer el estereotipo racial del discurso colonial en términos de fetichismo. EL fetiche o el estereotipo da lugar a una identidad: todos los hombres tienen pene, todos tienen la misma piel/raza/cultura - algunos no tienen pene, algunos tienen piel/raza/cultura diferente. El estereotipo es así la escena de una fantasía y defensa similares. De una originalidad que es amenazada por las diferencias de raza, color y cultura. El estereotipo no es una simplificación por ser una falsa representación de la realidad, es una simplificación porque es una forma fijada de la realidad que al negar el juego de la diferencia impide la correcta representación del otro en sus relaciones psíquicas y sociales. Al sujeto se le niega esa forma de negación que da acceso al reconocimiento de la diferencia. Esa posibilidad de diferencia y circulación es la que liberaría al significante de piel/cultura de las fijaciones de tipología racial.
Para completar el discurso colonial debemos de ubicar al estereotipo dentro del esquema lacaniano de lo imaginario. Lo Imaginario es la transformación que tiene lugar en el sujeto durante el estadio formativo del espejo, cuando asume una imagen que le permite postular una serie de diferencias y similitudes con el mundo que le rodea. Pero este posicionamiento es problemático, porque el sujeto se reconoce a sí mismo por medio de una imagen que es a la vez alienante y de ahí potencialmente confrontacional. Esta es la base de la relación entre las dos formas de identificación cómplices de lo Imaginario: el narcisismo y la agresividad. Y estas dos formas de identificación constituyen una estrategia dominante del poder colonial ejercido respecto al estereotipo, al dar conocimiento a la diferencia, y simultáneamente renegar de ella. Como en el estadio del espejo, la plenitud del estereotipo siempre está amenazada por la falta.
La construcción del discurso colonial es así una articulación compleja de los tropos del fetichismo (metáfora y metominia) y las formas de identificación narcisista y agresiva disponibles para lo Imaginario. En todo discurso colonial específico, las posiciones metafórico/narcisista y metonímico/agresiva funcionarán simultáneamente, ubicadas estratégicamente una en relación a la otra, semejante al momento de alienación que se alza como una amenaza a la plenitud imaginaria y la creencia múltiple que que amenaza la renegación fetichista. Los sujetos del discurso con construidos dentro del aparato de poder que contiene un conocimiento 'otro' que está detenido y es fetichista, y circula a lo largo del discurso colonial como esa forma limitada de otredad que hemos llamado estereotipo.
La estrategia de cuatro términos del estereotipo trata de proporcionar una estructura para el sujeto de un discurso colonial. Ahora vamos a tratar el problema de la discriminación como el efecto político de tal discurso, y relacionarlo con la cuestión de raza y piel. Es importante señalar que la creencia múltiple que acompaña al fetichismo no sólo tiene valor de renegación, también tiene valor de conocimiento.
Hay diferencias entre el fetiche sexual y el uso del fetiche para la comprensión del discurso racista. 1) El fetiche del discurso colonial no es, como en el sexual, secreto. La piel es el más visible de los fetiches, reconocido como conocimiento común. 2) El fetiche sexual está ligado al objeto bueno, deseable, que facilita las relaciones sexuales. El estereotipo como fetiche facilita del alguna forma las relaciones coloniales. EL colonizado es con frecuencia objeto de odio. La diferencia del objeto de discriminación es visible y natural. El color como signo cultural de inferioridad. La piel como su identidad natural.
El proceso se entiende mejoren términos de la articulación de la creencia múltiple que propone Freud en su ensayo sobre el fetichismo. Es una forma no represiva del conocimiento que permite la posibilidad de abrazar simultáneamente dos creencias contradictorias: una oficial y una secreta, una arcaica y una progresista, una que admite el mito y otra que articula la diferencia. Su valor de conocimiento está en su orientación como defensa ante la realidad externa.
(Homi K. Bhabha, La otra pregunta)