'La dialéctica no puede detenerse ante los conceptos de lo sano y de lo enfermo, de lo racional y lo irracional. Una vez que ha considerado enfermo lo universal dominante, ve la única garantía de curación en aquello que, comparado con dicho orden, parece enfermo, excéntrico, loco. Bajo este aspecto, la función de la dialéctica sería la de permitir que la verdad del loco llegara a la conciencia de su propia razón, sin la cual, por otra parte, perecería en el abismo de aquella enfermedad que el sano sentido común de los demás impone sin piedad' (Adorno
, Minima moralia)
CRITICA EXISTENCIALISTA A LA FENOMENOLOGÍA DE HUSSERL. RECHAZO DE LA REDUCCIÓN. ACEPTACIÓN Y ADAPTACIÓN DE LOS CONCEPTOS DE INTENCIONALIDAD Y EPOJÉ. LA INTENCIONALIDAD UNIFICADORA DE LA CONCIENCIA NO POSICIONAL Y LA EPOJÉ VACIADORA SARTRIANA. LA EPOJÉ RADICAL DE PATOCKA (HUSSERL)
- SARTRE valora la fenomenología porque valora el
criticismo kantiano y en virtud de su método intuitivo y descriptivo conduce a
las cosas mismas. La descripción fenomenológica de la conciencia es radicalmente
distinta del idealismo kantiano del Yo pienso. Con la ayuda de la misma,
Sartre radicalizará más aún el cogito hasta hacerlo personal, porque no
es pura sustancia pensante, sino que en él hay ya un hoy que piensa. El cógito
sartriano no está solo, sino que es una conciencia dirigida sobre la
conciencia. Una conciencia refleja de otra irrefleja. Por su parte, el fenómeno no es únicamente la vivencia en la que
aparece el objeto, sino el objeto mismo apareciendo. Recordemos que en
Husserl por el contrario el aparecer de objeto no coincidía con el objeto
apareciente, pues mientras que aquel (el fenómeno) era vivido como parte de la
trama de la conciencia, las cosas nos aparecían perteneciendo al mundo fenoménico.
La vivencia o fenómeno era el aparecer de la cosa a la conciencia, algo
distinto de la cosa que aparecía.
- Por
lo que se refiere al yo en tanto polo de tales vivencias, al yo reducido o
trascendental de Husserl, al yo constituyente de la unidad de la conexión de
las múltiples vivencias, Sartre lo considera innecesario. Sartre
coincide con Husserl en que el yo empírico es un objeto trascendente a la
conciencia como los demás, en cambio el yo fenomenológico no tiene sentido,
porque no es él quien unifica la conciencia, sino la intencionalidad que la
caracteriza. El Ego no es una instancia individualizadora y unificadora, sino
que al contrario, es la conciencia la que posibilita la unidad y la
personalidad del yo. Ego no es
para Sartre la sustancia de la conciencia. Tampoco es la conciencia inmediata,
es decir la conciencia no-posicional de sí misma, la conciencia de primer grado
o irreflexiva (en esta última no hay lugar para el Yo porque solo es conciencia
de objetos y conciencia no posicional de dicha conciencia). El Yo es el sujeto de una conciencia
mediata, posicional, reflexiva o de segundo grado dirigida a la conciencia
misma como un objeto. Ella es la que
introduce el dualismo sujeto-objeto, y entonces aparece el Ego como sujeto de
dicha conciencia. El yo surge por tanto con ocasión de un acto reflexiva.
Con él se pone de manifiesto también un nuevo objeto que reafirma a dicha
conciencia, y que no está en el mismo plano del objeto de la conciencia
irrefleja (p.e. de una silla)
- La conciencia reflexiva que nos da el
yo tampoco es la conciencia originaria (la conciencia del mundo) sino otra
derivada de ella, la conciencia que se conoce a sí misma, que se tematiza. Así
pues, la conciencia de primer grado es condición trascendental para el
surgimiento de la conciencia de segundo grado. Mientras que en Husserl la conciencia es
posición de un objeto, trascendente a la misma, en Sartre es la conciencia no
posicional o irreflexiva, pre-personal, la que la que posibilita la reflexión. La
conciencia conocida o reflexiva es por su parte una conciencia personal, puesto
que su correlato noemático es ego el cual falta en una conciencia posicional de
algo que, al mismo tiempo, es conciencia no posicional de sí. Por
tanto, la concepción Sartriana de ego choca con ciertas tesis de Ideas I, que
según Sartre constituyen un retroceso con respecto a Investigaciones lógicas.
En esta obra, el yo antecede a la conciencia, pero en Ideas, una vez Husserl
practica la reducción y se encamina hacia el idealismo trascendental, después
de poner entre paréntesis el mundo, la conciencia se convierte en el ser absoluto,
y los objetos se constituyen conforme a ella. Se impone una diferencia radical
entre el ser de la conciencia (inmanente) y el del mundo (trascendente). El
último se reduce a un ser intencional, relativo a la conciencia.
- Sartre rechaza al ego husserliano
trascendente en la inmanencia de la conciencia. Separa el yo de esta, pues
mientras que el primero es un ser del mundo, la conciencia no lo es. Reconoce que Husserl tuvo el mérito de
hacer del Yo algo muy diferente a la sustancia cartesiana, lo consideró una
estructura necesaria para la conciencia, pero 'todos los resultados de la fenomenología amenazan ruina si el Yo no
es, al igual que el mundo, un existente relativo, es decir, un objeto para la
conciencia'. Eso es lo que
es el yo sartriano. Un existente concreto, diferente de las verdades
matemáticas, de las significaciones, de los seres espacio-temporales, pero tan
real como ellos. Husserl
convirtió al yo en una realidad absoluta. En cambio Sartre lo ve como una
realidad para la conciencia que reflexiona. De ahí se sigue que no hay yo trascendental, sino yo trascendente a la
conciencia. Aquel no es necesario para explicar esta. Tampoco es una
vivencia suya, sino únicamente algo relativo a ella.
- En cambio la conciencia es un absoluto
en la medida en que puede ser, en el modo irreflexivo, conciencia de sí misma
sin ponerse como objeto. En esta esfera ser y aparecer coinciden. Sartre la
denomina esfera trascendental y es la existencia absoluta que se
caracteriza por su espontaneidad. En el plano
irreflexivo las vivencias son, en efecto, espontáneas, puesto que ellas no son
objetos que existan para una conciencia que los convierta en tema, sino que
ellas mismas se determinan al existir. Por eso es absurdo que esa esfera tenga
que recurrir a un yo.
- En Ideas I Husserl defiende su tesis
del yo trascendental, en tanto trasfondo de la conciencia, como estructura
necesaria de la misma que le proporciona unidad e individualidad. Sartre
considera que dicho yo no es necesario para unificarla, porque la unidad de la
conciencia ya viene garantizada por la de los campos objetivos a los que está
dirigida intencionalmente: es la unidad del mundo en el que encuentro la que
determina la de la conciencia y no a la inversa. 'El ego no es propietario
de la conciencia, es el objeto de la misma', y sin embargo, no se halla en
el interior de la conciencia, sino fuera de ella, en el mundo. La intencionalidad
de la conciencia es por tanto lo que hace que ella misma se trascienda y se unifique. El yo trascendental es superfluo porque
la conciencia es un absoluto, debido a que su aparecer y su ser coinciden. En efecto, su existencia consiste con
ser conciencia de si, justamente porque es conciencia de un objeto
trascendente. La conciencia no tiene necesidad de un principio de su identidad,
puesto que, gracias a su intencionalidad, es su propia unificación.
- Si en Sartre no es necesario recurrir
al yo trascendental, y el yo psico-físico es un objeto para la conciencia, ésta
no puede sustraerse a la epojé. Una vez
llevada a cabo su suspensión, se distinguirá lo psíquico de la conciencia. Asimismo, el yo dejará de entenderse
como un 'yo pienso'. Su verdadero contenido ya no será 'yo tengo conciencia de
esta silla', sino 'hay conciencia de esta silla'. La epojé sartriana no
tiene por tanto el sentido husserliano de la suspensión de la actitud natural,
sino el de vaciar de todo contenido a la conciencia subjetiva auténtica y
reconducirla a la pura intencionalidad.
- PATOCKA se declara partidario de una
fenomenología sin sujeto trascendental en la que aún no ha realizado la
reducción, que se queda simplemente en la epojé, y solo suspende la
actitud natural para dar paso a la actitud fenomenológica. Husserl subordinaba
la epojé a la reducción. La suspensión de la tesis de existencia quedaba
supeditada a la remisión de los fenómenos a la subjetividad trascendental.
Husserl remite así todo parecer a su fundamento subjetivo, y absolutiza éste
como el único capaz de dotarlos de certeza. Patocka defiende una epojé sin reducción que nos lleve al
aparecer como tal, no a algún aparecer en particular. Este aparecer es
trascendental, en cuanto condiciona la posibilidad de aparecer del mundo y del
yo. Una vez que
se pone en práctica, la fenomenología deviene ciencia primera, pues el objeto
al que se dirige no es algo de eso que es, sino el darse de lo que se da, el
aparecer.
- Por le epojé accedemos al
aparecer. Suspendemos lo manifiesto para ver lo que manifiesta y damos con las
condiciones de posibilidad del aparecer de aquello que aparece. Solo la epojé
revela la actitud fenomenológica de suspensión de las tesis naturales, mientras
que la re(con)ducción amenaza con retornar a la subjetividad a costa de la
fenomenalidad. La epojé funda la
fenomenología y no se puede prescindir de ella, pero es preciso eliminar la
reducción. Con la reducción tenemos una ontología fundada en el modo de acceso
a un ente doble: la conciencia aparece a sí misma inmediatamente y hace
aparecer todo lo otro, lo real no aparece por sí mismo, sino por mediación de
la vivencia. Patocka considera innecesario este desdoblamiento y la reducción
misma.
- Patocka piensa que Husserl ha
distinguido la epojé de la reducción en Ideas I, No lo había hecho todavía en La idea de la fenomenología, donde ya afirmaba la trascendencia en
la inmanencia de la vida consciente, pero la inmanencia tenía el sentido de
darse algo en sí mismo en la percepción, no en la inmanencia de la conciencia
pura. Más adelante, toda trascendencia se fundamentará en la inmanencia de las cogitationes.
- Patocka cree posible además una epojé radical que no se detenga en la subjetividad, que se aplique
también al sí mismo para eliminar el poder constituyente del polo subjetivo, y
pone todo entre paréntesis. Tras esta epojé radical solo queda el
aparecer como tal y éste es el tema de la fenomenología asubjetiva. La
reducción no era lo suficientemente radical, porque identificaba una región del
ser, la conciencia, con el poder de hacer aparecer todo lo que aparece. Nos
llevaba a la conciencia entendida como un absoluto que se ponía a sí mismo, y
ponía todo lo que aparece ante sí. Patocka rechazará esta re(con)ducción a
cambio de aceptar la epojé como puesta entre paréntesis que nos lleva al
horizonte del mundo desde el que todo se destaca, hacia un originario.
- La epojé radical no solo descubre el
aparecer como tal, sino que testimonia activamente la libertad humana frente a
lo dado, precisamente porque puede ser puesto entre paréntesis. La
epojé es por tanto un acto de libertad fundante y no fundado. No requiere
fundamentación. Únicamente nos distancia de lo que aparece y nos emplaza en el
acto mismo del aparecer, ese que es horizonte de la vida. Se trata de un ámbito
trascendental, porque no pertenece a eso que aparece, sino que es su condición
de aparición.