'La dialéctica no puede detenerse ante los conceptos de lo sano y de lo enfermo, de lo racional y lo irracional. Una vez que ha considerado enfermo lo universal dominante, ve la única garantía de curación en aquello que, comparado con dicho orden, parece enfermo, excéntrico, loco. Bajo este aspecto, la función de la dialéctica sería la de permitir que la verdad del loco llegara a la conciencia de su propia razón, sin la cual, por otra parte, perecería en el abismo de aquella enfermedad que el sano sentido común de los demás impone sin piedad' (Adorno, Minima moralia)

martes, 10 de mayo de 2016

LA CONTINUIDAD DE LA APREHENSIÓN INTUITIVA. LA DURACIÓN INTERIOR. LA MEMORIA Y EL ACONTECIMIENTO. LA UNIDAD VIVIDA FRENTE A LA RECONSTRUCCIÓN ARTIFICIOSA DEL EMPIRISMO Y EL DOGMATISMO (BERGSON)

  1. Para Bergson, el dato inmediato de la conciencia es el de una continuidad de sensaciones y sentimientos que no es un todo indiferenciado sino persistencia de lo múltiple cualitativo, una duración. Debemos partir de ella y no de hechos ideales para estar en contacto con la realidad. Para ser libre no necesitamos reglas abstractas, sino comenzar con un sentimiento y una experiencia moral. Kant consideró que los estados psicológicos podían reproducirse en el espacio interior de la conciencia como los estados físicos en el espacio. No logró comprenderlos en su intensidad cualitativa. No entendió que el dato inmediato de la conciencia era la duración. El error de Kant es tomar el tiempo como un medio homogéneo. No parece haber señalado que la duración real se compone de momentos interiores unos a otros, y que cuando reviste la forma de un todo homogéneo, es que se expresa en el espacio. Así, vuelve a confundir el tiempo con el espacio, y la representación simbólica del yo con el mismo yo. Juzga la conciencia incapaz de percibir los hechos psicológicos como no sea por su yuxtaposición, olvidando que un medio donde estos hechos se yuxtaponen y se distinguen unos de otros es necesariamente espacio y no duración.
  2. La duración es el verdadero dato de la conciencia despojado de toda construcción intelectual. Para Bergson esta es la duración real, mientras que la del tiempo objetivo es solo aparente, y su homogeneidad contrasta con la heterogeneidad de la duración real.
  3. El poder espiritual es duración o movimiento continuo, del que el pasado es solo un momento. La realidad auténtica de la conciencia, el tiempo de la vida, es esa duración irreducible, la continuidad de nuestra vida interior. El flujo vivido. Mediante su intuición tenemos la idea de tiempo. El principal error sobre ella es considerar la propia duración como un tiempo espacialmente concebido, un tiempo indefinidamente indivisible que solo puede contener un número determinado de fenómenos conscientes.
  4. La única conexión entre experiencias presentes y pasadas es la duración de la conciencia. Justamente, es esa continuidad indivisible de cambio la que constituye la duración verdadera. La duración real es la cosa más clara del mundo: es lo que siempre se ha llamado el tiempo, pero el tiempo percibido como indivisible.
  5. El pasado solo es en el presente, según las exigencias de los acontecimientos que tienen lugar en él. Para Bergson nuestra conciencia es un tejido de acontecimientos. Dichos acontecimientos son hechos, pero también son dimensiones del tiempo en cuyo interior se inscriben esos hechos. Solo desde la conciencia es posible distinguir la diferencia entre pasado y presente que caracteriza a la memoria.
  6. La definición bergsoniana más acertada de memoria es la que da al final del cuarto capítulo de materia y memoria: la síntesis del pasado y del presente en vista al futuro, una síntesis que no es de identificación sino de transición.
  7. En la metafísica de Bergson lo primero no es la percepción seguida de la retención memorística, sino el acontecimiento. Desde él hay que pensar el tiempo. El pasado no es lo que difiere de lo actual, sino un componente más del acontecimiento. Este pertenece a la duración, tiene duración. Solo tiene sentido cuando es vivido, cuando forma parte de un acto en cuyo interior se inscriben las dimensiones de la duración. El acontecimiento es primero un hacer. Formas con otros una cadena en la que se integra lo virtual con vistas a la acción. Pero esta interiorización no es previa, sino simultánea a dicha cadena. Para Bergson, a diferencia de Descartes, la duración del yo no implica la de la conciencia de dicha duración. El ser viviente es movilidad. La conciencia es otra cosa: ella introduce elección e indeterminación. Nuestra vida vivida no es objeto para la conciencia. No es explicable por ella. Su continuidad e identidad no se deben tanto a la memoria como a la duración.
  8. Hay un dualismo entre la distinción bergsoniana entre un yo profundo (pura interioridad no especializada) y un yo superficial (que designa su zona de contacto con los otros y con el mundo). El primero vive la duración, mientras que el segundo se mueve en el tiempo homogéneo y objetivo. Ambos reproducen la división bergsoniana de lo real en la exterioridad en la que la materia se yuxtapone y la interioridad del espíritu en la que hay materia y duración. Concebimos las cosas materiales exteriores unas a otras (…) pero los hechos de conciencia, incluso los sucesivos, se penetran, y en el más simple de ellos puede reflejarse el alma entera.
  9. La intuición pura, interna o externa, es la de una continuidad indivisa. Somos nosotros quienes la fraccionamos en elementos yuxtapuestos, que responden aquí a palabras distintas y allá a objetos independientes. Pero justamente por haber roto así la unidad de nuestra intuición original, nos sentimos obligados a establecer entre los términos desunidos un enlace, que no tendrá más remedio que ser exterior y sobreañadido. A la unidad viva que nacía de la unidad interior, la sustituimos por la unidad artificial  de un marco vacío, inerte como los términos que mantiene unidos. En el fondo empirismo y dogmatismo concuerdan a partir de los fenómenos así reconstruidos, y solo difieren en que el dogmatismo se fija más en esa forma, mientras que el empirismo lo hace más en esa materia. En efecto el empirismo, sintiendo vagamente lo que de artificial hay en las relaciones que unen a los términos entre ellos, se atiene a los términos y descuida las relaciones. Su error no está en apreciar demasiado la experiencia, sino al contrario en sustituir la experiencia verdadera, la que nace del contacto inmediato del espíritu con su objeto, por una experiencia desarticulada y en consecuencia desnaturalizada. El dogmatismo descubre y despeja las dificultades ante las que el empirismo cierra los ojos, pero busca la solución por su mismo camino. También acepta esos fenómenos desligados, discontinuos, con los que se contenta el empirismo, y simplemente se esfuerza en lograr una síntesis que, al no haber sido dada en una intuición, necesariamente tendrá una forma arbitraria.
  10. Frente al empirismo y al dogmatismo, que reducen el yo a una discontinuidad de estados internos que después son reunidos, Bergson se sitúa en la continuidad de la pura duración en la que actuamos y en la intuición inmediata de la misma para llegar a la libertad como esencia de ese yo: la duración ‘en la que nos vemos actuar’, y en la que es útil que nos veamos, es una duración cuyos elementos se disocian y yuxtaponen; pero la duración ‘en la que actuamos’ es una duración en la que nuestros estados se fundan unos en otros, y es entonces cuando debemos esforzarnos en volver a situarnos en el pensamiento en el caso excepcional y único en el que especulamos sobre la naturaleza íntima de la acción, es decir, en la teoría  de la libertad.