La estructura en el pensamiento occidental siempre ha sido la de un centro organizador, la de la búsqueda de un origen y un telos. Un centro en torno al cual se ordenan las cosas. La historia del concepto de estructura es la historia de la sucesiva sustitución de estos centros organizadores.
Derrida dice que la forma matriz de todas estas estructuras ha sido la ciencia del ser como presencia, que ha reducido la metafísica a una teoría de la representación. Ese centro ha podido ser trascendente o inmanente, pero siempre ha gozado de una relación de presencialidad frente a los entes organizados de su entorno.
La novedad que ha introducido el estructuralismo no es por tanto la noción de estructura, sino la noción de estructura descentrada, en la que el centro queda convertido en un lugar vacío, un no-lugar en el que se despliega el juego de las diferencias. El pensamiento de Marx, Nietzsche, Freud, Heidegegr, Levis Strauss han contribuido a este vaciamiento del lugar del centro de la metafísica occidental. Los conceptos que vertebran estos pensamientos, más que intentar abandonar de un salto las categorías metafísicas, han establecido respecto a ellas una subversión irónica. Se trata de un discurso que toma de una herencia los recursos necesarios para la de-construcción de esta misma herencia (Derrida).
La interpretación estructuralista rompe con el determinismo clásico, destaca la importancia de los elementos de discontinuidad y ruptura frente al evolucionismo típico del historicismo, y va más allá de la noción clásica de sujeto, típica del humanismo occidental.
(F.J. Martinez Martinez, Metafísica, T6)