'La dialéctica no puede detenerse ante los conceptos de lo sano y de lo enfermo, de lo racional y lo irracional. Una vez que ha considerado enfermo lo universal dominante, ve la única garantía de curación en aquello que, comparado con dicho orden, parece enfermo, excéntrico, loco. Bajo este aspecto, la función de la dialéctica sería la de permitir que la verdad del loco llegara a la conciencia de su propia razón, sin la cual, por otra parte, perecería en el abismo de aquella enfermedad que el sano sentido común de los demás impone sin piedad' (Adorno, Minima moralia)

martes, 8 de noviembre de 2016

HEIDEGGER Y LA DECONSTRUCCION DE LA METAFISICA (3/3). NIHILISMO Y MODERNIDAD.

La época moderna surge cuando el mundo se convierte en imagen, el conocimiento en representación, y el hypokeimenon [el substrato, lo suyacente] en sujeto por obra de Descartes, lo que supone la conversión de la metafísica en teoría del conocimiento. Ligado al conocimiento como representación se encuentra el surgimiento de la técnica, que determina esencialmente la época moderna. Heidegger interpreta la técnica no solo como un instrumento de transformación, sino como un modo de des-ocultar, como un modo más de aparición de la verdad como alezeia.

Heidegger denomina ereignis al  ámbito a través del cual el hombre y el ser se encuentran en su esencia. Es el ámbito en el que el propio ser se encuentra en su sitio, se manera que el Ser es un modo de ereignis. Así, la posibilidad de pensar el Ser sin el ente, desgajar el Ser de la metafísica, está ligada a la posibilidad misma del ereignis. Pensar el Ser más allá de la metafísica exige que se abandone el Ser como fondo del ente a favor del hay, entendido como donación.

Lo abierto como alezeia, como desvelamiento en el ámbito del cual el Ser y el pensamiento son uno para el otro y son lo mismo, es lo que ha permanece impensado durante el dominio de la metafísica, la cual ha ignorado el Abierto y la claridad, a pensar de depender de la libertad de dicho Abierto. La nueva tarea que se plantea el pensamiento ya no es relacionar el Ser y el Tiempo, sino la claridad y la presencia. Toda especie de presencia se origina en el acontecimiento (ereignis) de la presencia. 

La apropiación y culminación de la metafísica como olvido del ser consubstancial al propio ser se asocia en Heidegger como en Nietzsche con la superación y culminación del nihilismo, lo cual supone abandonar el lenguaje de la metafísica para poder pensar la cuestión de la morada del ser, de su localización. La esencia del nihilismo, que encuentra su cumplimiento en la noción de voluntad de poder de Nietzsche, se basa en el olvido del ser. La recuperación del ser obtenida mediante la superación del nihilismo nos recuerda que a dicho ser le pertenece también esencialmente la nada.

La apropiación de la metafísica supone la vuelta del pensamiento a una palabra previa al olvido del ser, y por tanto la instauración de una nueva relación con el lenguaje, de la relación entre filosofía y poesía. El lenguaje es el acontecimiento en el que se produce la apertura del ser como vuelta a una palabra inicial, arcaica, en la que se exhibe el misterio, y a la que sólo se puede acceder a través del arte. La palabra poética es una apertura al origen como desvelamiento, y en ese sentido va más allá de la metafísica

Pero una filosofía que queda entregada al dominio de la palabra no puede ser una solución aceptable al problema de superación de la metafísica. La solución debe de estar en la posibilidad de construir una nueva hermenéutica a partir de la existencia, un nuevo arte de interpretación capaz de captar los problemas del nihilismo consumado. Esta hermenéutica es una especie de ontología débil en el sentido de Vatimo, ya que piensa el ser como transmisión y momento, como recuerdo, como caducidad y mortalidad. Es consciente de que la superación de la metafísica no podrá ser sino la distorsión del pensamiento metafísico. Este tipo de pensamiento sitúa la diferencia como lo inicial, anterior incluso a la diferencia ontológica que separa el ser del ente. Esta diferencia inicial es una archi-escritura previa a toda ontología o teología, previa a toda presencia, es una escritura muda que excede todo logos representativo.

(F.J. Martinez Martinez, Metafísica, T3)