'La dialéctica no puede detenerse ante los conceptos de lo sano y de lo enfermo, de lo racional y lo irracional. Una vez que ha considerado enfermo lo universal dominante, ve la única garantía de curación en aquello que, comparado con dicho orden, parece enfermo, excéntrico, loco. Bajo este aspecto, la función de la dialéctica sería la de permitir que la verdad del loco llegara a la conciencia de su propia razón, sin la cual, por otra parte, perecería en el abismo de aquella enfermedad que el sano sentido común de los demás impone sin piedad' (Adorno, Minima moralia)

sábado, 12 de noviembre de 2016

ESTRUCTURALISMO Y ONTOLOGIA (4/4). PENSAR LA DIFERENCIA Y LA REPETICION.

El pensamiento estructuralista abre la posibilidad de ir más allá del pensamiento humanista moderno, que ha constituido según Foucault una antropología, una analítica de lo humano en su relación con la vida, el lenguaje y el trabajo. Frente a esto el estructuralismo propone un pensamiento de la diferencia y la repetición, que invierte el platonismo recuperando el simulacro, y que socava el predominio de la presencia mediante el juego de los acontecimientos.

La ontología estructuralista, en su versión deleuziana al menos, pone en el centro la noción de acontecimiento (como algo incorporal, que no existe sino insiste, sustraído al dominio del ser y la presencia), y la noción de simulacro (la mala copia que no quiere parecerse al arquetipo y prolifera indefinidamente rompiendo toda jerarquía ontológica). Los simulacros y los acontecimientos van más allá de la semejanza hacia la diferencia, y se repiten continuamente produciendo la novedad. Esta ontología subvierte la Metafísica occidental, centrada en los valores de lo mismo y lo semejante. El ser que pone en escena la ontología deleuziana es un ser radicalmente unívoco (en la línea de Duns Scoto, Espinoza y Nietzsche) que se dice repetidamente de la diferencia. Todo ser se dice de la misma manera, pero los seres que se repiten son diferentes. La analogía y las categorías rígidas quedan suplantadas por un univocismo radical y unas categorías fantasmáticas ligadas al acontecimiento. Este pensamiento es acategorial, en el sentido de que no sigue el camino bien marcado de las categorías como formas de ser y pensar codificadas. 

La repetición y la diferencia se enfrentan a las categorías de la representación típicas del pensamiento occidental, la repetición no repite lo idéntico sino lo diferente, es una producción continúa de novedad que va más allá de la memoria y la autoconciencia. No se repiten las personas sino las máscaras. Sólo los simulacros se repiten [en el acontecimiento], siempre diferentes, sin ninguna referencia a un modelo arquetípico privilegiado.

El pensamiento de la diferencia está ligado a la noción de serie. Para que exista estructura son necesarias al menos dos series. Para Levis-Strauss, el sistema totémico pone en relación dos series paralelas, una humana y otra natural.

El estructuralismo ha replanteado de forma radical elementos clave de la tradición metafísica occidental, y además ha desplegado a través de Derrida, Deleuze, Foucault, Lacan, Levis-Strauss un pensamiento original dotado de una ontología antiplatónica, de raíz nietzscheana, que ha recogido de forma creadora la tradición marxista y psicoanalítica, y se ha metido con la deconstrucción de la metafísica, dando un paso más que Heidegger en la elaboración de un pensamiento post-metafísico que no tendría por qué ser no ontológico, ya que no reniega de la tarea de proponer hipótesis acerca de la realidad última, en diálogo continuo y crítico con las ciencias naturales y sociales, así como la literatura y arte contemporáneos.

(F.J. Martinez Martinez, Metafísica, T6)