Dado el carácter ontológico fundamental del logos griego, el enfoque aristotélico de las categorías es lingüístico, pero también ontológico. Aristóteles parte de un enfoque lingüístico (distingue entre las expresiones que se dan en un nexo y las que se dan sin nexo alguno), pero luego continúa con el enfoque ontológico (algunos seres se afirman de un sujeto aunque no estén en ningún sujeto, otros se afirman de un sujeto y están en un sujeto, y otros ni están en un sujeto ni se afirman de él). Aristóteles afirma entonces que las expresiones sin ningún nexo son substancia, cantidad, cualidad, relación, lugar... este es un enfoque lingüístico, pero que liga al ontológico según el cual las categorías son los géneros más generales del ser.
El enfoque ontológico de las categorías es compartido también por Heidegger, que tampoco olvida su carácter lingüístico. Para Heidegger la categoría expresa el hecho de dirigirse a una cosa para hacerla pública, de forma que se esta se revela como es, revelación que se realiza mediante el lenguaje que interpreta a todo ente desde el punto de vista de su ser y lo nombra en cuanto tal. La categoría es la interpelación de un objeto en relación con lo que él es, pero esta interpelación le permite al ente acceder a estar presente en el lenguaje.
Para Benviste sin embargo las categorías de Aristoteles son la proyección conceptual de un estado lingüístico dado. Aunque distingue entre categorías del pensamiento y de la lengua, considera finalmente que las primeras son una transposición de las segundad.
Así, los tres sentidos que hemos dado así a las categorías (ser, lengua, pensamiento) están presentes en Aristóteles: las categorías son formas lingüísticas que expresan formas del pensamiento y se refieren a las grandes divisiones del ser. Como cada lengua corta el mundo de una forma distinta, tenemos un cierto relativismo en las posibles divisiones categoriales.
Desde el enfoque aristotélico, la pluralidad de las categorías remite a una doble escisión: el ser se escinde un una pluralidad de significaciones, y por otro lado en cada ente concreto tenemos una escisión entre un sujeto y la serie de predicaciones concretas que se le puede atribuir. Esta segunda escisión nos plantea el problema de la escisión entre la substancia y las demás categorías. Para Aubenque las categorías muestran el enraizamiento esencial de los distintos sentidos del ser en los diversos modos de predicación. La substancia aparece en la clasificación aristotélica de las categorías, pero además como aquella significación esencial del ser en virtud de la cual las otras significaciones son tales. Así, la sustancia es el fundamento inmanente de la tabla de las categorías, pero además pertenece a ella. Las categorías no son la sustancia, no hablan de la esencia, solo dicen en relación a ella. Dichas categorías secundarias son un rebrote de la esencia, ya que son producto suyo, pero brotan aparte como accidentes del sujeto. Podemos ver así una cierta jerarquía ontológica entre la sustancia y el resto de las categorías que se dicen de ella, que dio lugar a la doctrina medieval de la distinción entre sustancia y accidentes.
(F.J. Martinez Martinez, Metafísica, T8)