Con el cristianismo se produce un cambio en la noción de logos. Ya Filón de Alejandría entendía el logos como el intermediario entre el creador y la criatura, pero la noción cristiana de logos se fija definitivamente en el cuarto evangelio (S.Juan). Logos es el hijo de Dios, el Camino, la Verdad, la Vida y será traducido como Verbum, el Verbo divino. Según Tomas de Aquino, en Dios está el verbo de Dios como Dios entendido como en el entendimiento la idea de piedra que es piedra entendida. Pero como el entendimiento divino está siempre en acto, es necesario que Dios haya entendido siempre, y por tanto que el Verbo haya estado siempre en El. Dado que el ser de Dios es su entender, se identifica pues la esencia de Dios con el Verbo divino, cosa que no sucede con el verbo del entendimiento humano, que no se identifica con el ser mismo en el acto de su entendimiento.
El logos entendido como Verbo se separa radicalmente de la noción griega al entenderse más como palabra de Dios como palabra humana.
Además, al menos en algunos autores, el cristianismo introduce una visión pesimista con respecto a las capacidades del hombre para conocer y captar la realidad de las cosas. El pecado recluye al hombre en un estado de indigencia que solo el auxilio de la gracia divina permite superar.
Además, la preocupación del cristianismo por el más allá y su menor preocupación por el mundo hace que la razón pierda importancia.
(F.J. Martinez Martinez, Metafísica, T11)