El logos público y político recibe una inflexión en la filosofía clásica griega con Sócrates, Platón y Aristóteles. Tras la insistencia sofística en la dialéctica no como discurso para descubrir la verdad sino para triunfar, Sócrates defiende que sólo de la fuente interior puede brotar purificada por el logos la verdadera norma que valga para todos.
Platón tiene una relación ambivalente con el logos Por un lado lo considera esencial. La paideia sería la dirección de la vida humana bajo el hilo del logos. Pero en otras ocasiones dice que el conocimiento perfecto que nos lleva a la idea del Bien es inaccesible al logos, y exige una especie de iluminación. En Las Leyes, Platón habla de un logos divino, otorgado por quien conoce a la polis como ley. Para convertirse en ley el logos divino exige un legislador sabio, cuya sabiduría está más cerca de la revelación que del diálogo con sus conciudadanos. Este carácter mistérico del logos platónico será retomado por el cristianismo.
En La República sin embargo el logos es un tipo de conocimiento que parte de hipótesis, aunque luego las abandona al remontarse hacia los principios universales. La dialéctica sería el arte de deslindar por medio del logos la idea fundamental, la idea de Bien, de todas las demás cosas. En Teeteto el logos nos sirve para hacer conocer la propia opinión a través de la voz utilizando verbos y nombres, pero dicho logos no llega hasta los elementos últimos, que son alógicos. En Fedon se plantea que dada la imposibilidad de alcanzar la verdad del ser de manera inmediata, nos refugiamos en los logoi, es decir, en los razonamientos sobre las cosas. El logos como conocimiento va más allá del logos y nos pone en contacto con lo divino. Las limitaciones del logos serán desarrolladas por los neoplatónicos, que excluirán de sus ámbito la materia y el Uno.
Como hemos comentado, la traducción de logos por ratio no hace justicia al concepto griego. A partir de Ciceron el pensar aparece como lo racional. Ratio viene de reor que Heidegger traduce por tomar algo por algo, lo que se aproxima a noein pero se aleja de legein. Cuando se traduce el zoom logon exon por animale rationale salimos de la órbita semántica del vocablo griego, en la que logos implicaba una relación imprescindible con la expresión, con el pensamiento expresado, con la palabra.
La dimensión ontológica de la razón se va perdiendo paulatinamente, prevaleciendo su carácter intrumental.
(F.J. Martinez Martinez, Metafísica, T11)