Según Heidegger, logos viene de legein, cuyo primer sentido es el de presentar, aunque su sentido mas habitual es escuchar, decir, escurrir. Así, logos es recoger algo y presentarlo. El logos nos pone en presencia de las cosas. Es por lo que entramos en contacto con las cosas, y lo que permite que las cosas, de alguna manera, se nos den. No hay por tanto una distinción entre objeto y sujeto, sino una ontología cuyo elemento común es el logos que actúa como medio unificante en el que las cosas se muestran. El logos es algo universal. La ley de todas las cosas. Lo común a los hombres y los dioses. En el ámbito de lo inteligibles es lo que permite decir y hablar de algo.
El logos es el principio de la comprensión. Si los mortales quieren entender han tenido que escuchar previamente al logos. Deben pertenecer ya al logos. Lo que dice el logos a los mortales es que todas las cosas son una: 'Cuando se escucha, no a mí, sino a la razón, es sabio convenir que todas las cosas son una' (Heráclito, B50). El logos no es una facultad del individuo. No escuchamos a Heráclito, sino al logos por su boca. Y lo que el logos dice es que todas las cosas presentes se reúnen en la unidad del logos. Según la interpretación de Heidegger, el logos es la no-ocultación. Pone todo al descubierto. Pone en la presencia la cosas. La unidad de las cosas consiste precisamente en su logos, En esta posibilidad de desvelarse en la presencia. Este poner del logos se lleva a cabo mediante el lenguaje. El lenguaje en cuanto que logos recoge y reúne lo que está presente y lo deja extendido en su presencia. El logos hace patente aquello de que se habla en el habla.
El logos pues designa el ser de las cosas, el ser de los entes. Es lo que los unifica. El hombre que es capaz de conectar con el logos es sabio. Sabio es aquel que se contenta con lo que le es asignado por el destino y se acomoda con ello. El sabio se asienta, reposa en lo que el logos, en cuanto posición que reune a los entes, ha dispuesto.
Vemos pues como en el origen del pensamiento occidental se encuentra una reflexión sobre el logos que no se puede reducir a un mero representar.
El logos es así un decir que es a la vez un presentar. lo que hace aparecer y deja sub-yacer a las cosas. El logos es un decir que es a la vez un presentar. Es el ensamblaje entre el legein (decir) y el noein (pensar): 'Se debe decir y pensar lo que es' (Heráclito B6). Noein también se puede traducir por percibir, tomar en consideración. Se requiere así el dejar subyacer (legein) así como el tomar en consideración (noein).
Noein y legein están íntimamente ensamblados en el pensamiento griego. El noein se despliega a partir del legein. El tomar en consideración no es un captar, un apresar, como lo será después para los estoicos, sino un permitir el advenimiento de lo subyacente. El pensamiento griego originario es ajeno al concepto , a la aprehensión. No es una captura de lo real por parte de una mente ajena a esta realidad.
Cuando este pensamiento griego se traduce al latín por Cicerón como ratio (razón) pierde su vivacidad y queda oscurecido, La filosofía occidental posterior supone un retroceso, no sólo por su olvido del ser, sino por su olvido del logos. La filosofía pasa a un lenguaje más abstracto, para filósofos, y no al lenguaje natura del logos, El logos griego originario es un discurso lleno de sentido. Más que un reflexión sobre la interioridad es una razón expresada, una razón comunicada, que exige y supone la participación de otros. En el logos el pensamiento apunta esencialmente a su expresión. Es un pensamiento social. Es un instrumento no solo de la filosofía, sino de los debates políticos. El juego político tiene las mismas reglas que el juego intelectual: ambas suponen la participación en un diálogo creativo.
El logos de Parménides afirma que más allá de las palabras como las emplea el vulgo hay una razón inmanente al discurso. Un logos consistente en la exigencia absoluta de no contradicción: el ser es, el no-ser no es. Este logos está abierto a todos los hombres. No se descubre en la naturaleza, sino que es inmanente al lenguaje. No es el procedimiento por el que el artesano produce sus objetos, sino las técnicas de comunicación que utiliza el maestro, el abogado, el político. El logos griego es un producto de la ciudad, y por tanto es esencialmente político. Permite actuar sobre los hombres más que transformar la naturaleza. En ese sentido nada más opuesto al logos griego que la razón instrumental moderna, ligada a la técnica como imposición sobre la naturaleza y transformación de la misma.
(F.J. Martinez Martinez, Metafísica, T14)