Para Hegel, la realidad es la categoría central de las categorías modales. No abarca sólo lo actual, sino también lo virtual. Como vimos en Aristóteles, tan real es el ser en acto como el ser en potencia. La realidad no se limita a la mera facticidad ni a la mera insistencia. Tan real es la esencia como la existencia. La realidad no está ligada a la plenitud del ser (como decía la escolástica medieval).
El carácter central de la realidad es visible en La Lógica, donde la categoría surge de la mera posibilidad, y pasa de la contingencia a la necesidad. La realidad es la posibilidad formal, la contingencia que se hace posibilidad real cuando se dan las circunstancias. Cuando las condiciones de una cosa se hallan completamente presentes, entonces ella entra en la realidad. La posibilidad formal, por tener en sí el elemento del que está privada, la realidad, es ya por si misma necesidad. Lo que es realmente posible ya no puede ser de otra manera. Frente a la necesidad real surge la necesidad absoluta como el devenir propio de aquella. Para Hegel el movimiento dialéctico va de la posibilidad a la necesidad pivotando sobre la realidad.
Según Marcuse, la realidad es para Hegel la consumación del ser, y contiene en sí misma el carácter de la posibilidad que impide que se clausure en la mera existencia. Lo real es más que sus determinaciones inmediatas. Es presencia, y al mismo tiempo es paso dinámico a otra realidad. La realidad se concibe en Hegel como dinamicidad que supera toda conclusión y toda concepción determinada.
Bloch toma la concepción hegeliana de la realidad como base, pero pone el acento más en la categoría de la posibilidad que la realidad. Bloch parte de una concepción dialéctica y procesual de la realidad, en la que la contingencia de dicha realidad contiene posibilidades latentes, aún no desarrolladas. La realidad nunca se da completamente, no coincide nunca completamente con sí misma, porque está abierta esencialmente a la posibilidad, y en esa apertura se enraiza la esperanza. La dimensión utópica es esencial para toda realidad, y nunca se podrá clausurar completamente.
La utopía blochiana no es irracional. Se basa en una teoría de la materia que sirve de base a su teoría de la historia. La materia se concibe de forma dinámica, como conteniendo en germen las formas futuras no desplegadas [materia preñada]. Es la acción humana la que las va extrayendo. La tensión entre realidad y posibilidad se resuelve en una gradación del ser que presenta siempre una dimensión de apertura hacia la utopía.
(F.J. Martinez Martinez, Metafísica, T9)