La oposición ser-apariencia y ser-devenir se encuentra en el origen del pensamiento filosófico.
El devenir griego está sometido al ser. No hay novedad. Hay movimiento cíclico. Eterno retorno. El pensamiento griego ha percibido el tiempo por un lado como la vida lineal humana, y por otro como la cíclica de la naturaleza. Tanto Heráclito como Parménides como Platón pretenden sintetizarlos, mediante un presente eterno que rechaza el devenir.
El tiempo hebreo y cristiano aparece abierto a la novedad. La creación se considera no acabada. El hombre debe completarla.
La noción moderna de tiempo seculariza el tiempo judeo-cristiano. La historia sólo tiene sentido en un pensamiento lineal que marcha hacia la consumación.
En el barroco el azar y la irreversibilidad adquieren gran importancia. El hombre es hijo de sus obras, no de su origen. El hombre histórico es creador. El devenir es calculable.
Pero la reflexión más profunda que se llevó a cabo sobre la noción de devenir vamos a encontrarla en Hegel.
(F.J. Martinez Martinez, Metafísica, T11)