'La dialéctica no puede detenerse ante los conceptos de lo sano y de lo enfermo, de lo racional y lo irracional. Una vez que ha considerado enfermo lo universal dominante, ve la única garantía de curación en aquello que, comparado con dicho orden, parece enfermo, excéntrico, loco. Bajo este aspecto, la función de la dialéctica sería la de permitir que la verdad del loco llegara a la conciencia de su propia razón, sin la cual, por otra parte, perecería en el abismo de aquella enfermedad que el sano sentido común de los demás impone sin piedad' (Adorno, Minima moralia)

sábado, 22 de abril de 2017

EL SENTIDO DE LA HISTORIA. ESPERANZA Y UTOPIA (3/4). ESPERANZA Y UTOPIA.

La esperanza cristiana tiene su fundamento ontológico en el depósito pleno de sentido que supone Dios. Esto es considerado algo utópico si no se es creyente.

La utopía de Moro pretende instaurar el reino de  Dios en la tierra, y no esperar al juicio final. La utopía surge cuando se quieren adecuar las estructuras sociales terrenas a los anhelos de libertad y justicia de la religión cristiana que el humanismo ha hecho luego suyas. Ahora el bien y el sentido es algo humano a crear. No es algo teológico o natural. De hecho es de lo más antinatural.

Puesto que la felicidad es algo individual, a lo más que se puede llegar es a construir una sociedad que posibilite esto, gestionando los límites de las libertades individuales. Marcuse consideraba que incluso esto es utópico. Marcuse funda una antropología de la esperanza de cuño materialista, paralela a la teología de la esperanza aludida. En Eros y civilización pretende una fundamentación naturalista de la razón mediante una antropología de las pulsiones que distingue entre represión necesaria y represión sobrante, superando la visión pesimista de Freud de represión casi total de los instintos para que la sublimación de la energía libidinal de estos pueda dar origen a la cultura. Para Marcuse racional es aquella represión que de forma demostrable fomenta las oportunidades de una vida mejor en una sociedad mejor. Este concepto de racionalidad exige la eliminación de la represión sobrante, que en nuestras sociedades alcanza un monto extraordinario, buscando así la reconciliación de la razón con la sensibilidad, cuya escisión está en la base de la civilización occidental.

La obra de Marcuse es una utopía social y política basada en una utopía antropológica que se toma en serio la historización de los instintos aludida por Marx, que piensa que el hombre nuevo debe establecer un relación tecnológica nueva con la naturaleza que asegure la doble igualdad que el joven Marx estableció en sus manuscritos, entre humanismo, comunismo y naturalismo.

La dificultad de la utopía Marcusiana parece que sólo deja lugar a utopías esperanzadas cuasi-religiosas como la de Bloch, o a pesimismos anhelantes como el de Horkheimer.

Bloch en El principio de la esperanza recupera frente a los sueños volcados hacia el pasado de Freud y Jung los sueños utópicos abiertos hacia al futuro. La apertura de la realidad y de la historia en Bloch se basa en sus nociones de frente (límite máximo hasta ahora alcanzado en el avance hacia el futuro), novum (apertura a la novedad, a lo aún no realizado) y ultimum (campo de la identidad final en la que se llegará a la reconciliación final). Estas categorías junto a la de horizonte, que sirve de punto de partida al conceder a la realidad la posibilidad de apertura hacia lo que aún no es) son las bases del optimismo militante de Bloch. 

Desde el punto de vista ontológico, la esperanza en la utopía de Bloch se fundamenta en la categoría de posibilidad, que Bloch analiza a partir de la distinción aristotélica entre lo posible en un momento dado y lo en último termino posible.

Para Bloch la base de la acción humana se encuentra en una noción dinámica de la materia procedente de Aristóteles a través de la filosofía romántica de la naturaleza y del joven Marx. La materia con sus posibilidades inagotables es la fuente de la utopía. La materia muestra una apertura utópica a lo aún no-devenido. La ética utópica de Bloch no es una ética humana sino cósmica. La categoría de posibilidad es fundamentalmente ontológica, no gnoseológica, y fundamenta su utopía concreta en lo objetivamente real.   

La utopía de Bloch al contrario de la de Marcusse no es sólo política y social, sino cósmica, y pretende alcanzar el summum bonum como la identidad única y definitiva de sujeto y objeto. Para Kolalowski esta identidad final nos hace correr el peligro de postular un final. 

Bloch oscila entre una visión inacabada de la historia, en la que se considera la posibilidad del fracaso final, y una visión de cuño religioso en la que parece afirmar una redención final, como la llegada a la Patria, al reino en la que el sujeto y el objeto, la humanidad y la naturaleza se reconcilian definitivamente. Horkheimer en cambio rechaza cualquier fundamentación de la esperanza ni en la naturaleza ni en la historia. Su esperanza es más anhelo que otra cosa.

(F.J. Martinez Martinez, Metafísica, T27)