'La dialéctica no puede detenerse ante los conceptos de lo sano y de lo enfermo, de lo racional y lo irracional. Una vez que ha considerado enfermo lo universal dominante, ve la única garantía de curación en aquello que, comparado con dicho orden, parece enfermo, excéntrico, loco. Bajo este aspecto, la función de la dialéctica sería la de permitir que la verdad del loco llegara a la conciencia de su propia razón, sin la cual, por otra parte, perecería en el abismo de aquella enfermedad que el sano sentido común de los demás impone sin piedad' (Adorno, Minima moralia)

domingo, 16 de abril de 2017

EL SENTIDO DE LA VIDA (1/4). EL SENTIDO DE LA VIDA COTIDIANA.

La cuestión del sentido se plantea inicialmente en relación a la propia vida individual. Kolakowski dice no obstante que esta pregunta sólo es obsesiva en las épocas en las que la propia vida se ve como problemática. Cuando la vida es satisfactoria su sentido no se cuestiona. La vida se plantea como carente de sentido en los momentos de cambio histórico, cuando se produce el paso de una cosmovisión a otra, o en momentos de choque de culturas, con la confusión que ello conlleva.

La vida cotidiana se rige por valores de pragmatismo, analogía e imitación a los valores del grupo. La vida cotidiana no puede dar respuesta a la exigencia de un sentido para la vida. En Ser y Tiempo Heidegger analiza la vida cotidiana como la vida impersonal del uno. El Dasein, el ser-ahí, es un ser-en-el-mundo-con, y se relaciona con los demás a través de la habladuría y la cháchara. Esto hace que aquello que parece claro no lo esté realmente. Para Heidegger la vida cotidiana es una vida inauténtica, carente de sentido, abierta a la angustia.

Este sinsentido de la vida cotidiana es explotado por el existencialismo francés: Sartre (La Nausea), Camus (el Mito de Sisifo). La nausea es el estado en el que el ser (el cuerpo) se hace presente e imposible de superar a la nada (la conciencia). Para Camus el sinsentido surge del divorcio que existe entre el hombre y su vida. La escisión entre el hombre y el mundo es la clave del absurdo, pero en la vida cotidiana esta escisión sólo se intuye. Así la vida cotidiana es inauténtica y no platea una solución al problema del sentido, pero por otra parte también impide que se plantee la pregunta, por lo que aparentemente le está dando un sentido, aunque no sea real. La vida cotidiana parece dar sentido, e impide que uno se pregunte por el sentido en sí. Estas cuestiones se plantean sólo en los momentos en que las metas propias de la vida cotidiana no se consiguen, y entonces se abre un espacio en el que puede surgir la cuestión de la finalidad de la existencia en sí.

Frente al existencialismo Lukács considera que la vida cotidiana no tiene por qué ser inauténtica si se es capaz de conectarla con las objetivaciones fundamentales de la vida humana: la ciencia, el arte, la filosofía y la política. Esto permite que la vida cotidiana deje de ser particular y se haga universal. Incluso en un entorno político y social alienante es posible llevar una vida con sentido negando la situación mediante una revuelta subjetiva contra ella. Es posible convertir la vida cotidiana en una vida para-nosotros que nos proporcione felicidad mediante una apertura constante a lo nuevo.

(F.J. Martinez Martinez, Metafísica, T26)