Bataille considera que se prohíbe aquello que puede constituir un factor de desorden en el universo, especialmente la muerte y la sexualidad. Ambas realidades son muestras del exceso de que desborda la concepción económica de la naturaleza y el ser humano. Para Bataille la sociedad, como los organismos vivos, produce más energía que la que necesita para su reproducción simple, y las diferencias entre sociedades son las diferencias en la manera de gastar ese exceso, más que el mecanismo de producción. Frente a la concepción ascética clásica, Bataille concede un sentido positivo al gasto improductivo (por ejemplo en el erotismo, el misticismo, y todas las formas de éxtasis). La transgresión de las prohibiciones es una forma usual de consumir ese excedente. Dicho consumo improductivo transgresor está institucionalizado en la fiesta y la religión. En sus obras Bataille busca colocar el mal en el lugar del bien en una mezcla de sexo, dolor y muerte.
Igualmente Klossowski busca una antiteología que subvierte el orden divino. El marido entrega a la mujer a sus invitados, desarrollando una economía generalizadora basada en el intercambio de personas que da lugar al exceso transgresor. Para Klossowski la idea del mal está ligada a esta proliferación de simulacros que disuelven la personalidad en una multiplicación indefinida de seres. Frente al orden de Dios basado en la identidad de la personal Klossowski propone un anticristo que diluye la persona. Nos encontramos sin embargo en un callejón sin salida, pues para transgredir estamos dando validez al orden transgredido.
(F.J. Martinez Martinez, Metafísica, T25)