Desde un punto de vista no creyente, se puede recuperar la religión como ámbito de donación de sentido. Así lo hacen Horkheimer y Bloch.
M.Horkheimer, en su Crítica de la razón instrumental afirma que el concepto de verdad no se puede separar sin más del teísmo si no se quiere caer en el positivismo junto con el concepto de Dios muere también la idea de una verdad absoluta, cosa que ya había descubierto Nietzsche. Pero por lo mismo, ahora somos realmente libres para crear nuestros propios valores. Horkeimer expresa una nostalgia por una justicia plena que ya no puede existir en este mundo sin Dios. Horkheimer concibe un teología negativa como nostalgia y anhelo de algo radicalmente distinto, que no puede justificarse racionalmente, y que probablemente no exista, pero que es necesario para otorgar sentido a este mundo y para fundamentar una ética. La moral y el sentido sólo pueden basarse en algo trascendente que sin embargo no se puede analizar, que es sólo un anhelo, una esperanza. La teología es la esperanza de que lo injusto no es la última palabra. Para Horkheimer el sentido del mundo no está en el mundo, sino en el anhelo, en la esperanza. La finitud humana está abierta a un infinito visto como añoranza. de una justicia plena que no se puede realizar en la historia finita.
Para W.Benjamin, la revolución-redención más que instalar una sociedad libre lo que hace es lavar las consecuencias de los males pasados, de ahí la necesidad de una visión escatológica y teológica que que contemple tanto la superación definitiva del mal futuro como la redención del mal pasado. Tanto Horkheimer como Benjamin mantienen el anhelo de esta revolución -redención, pero son conscientes de su imposibilidad ontológica, de ahí su añoranza de la esperanza. El sentido total sólo es posible basándolo en una noción de Dios que es proyección de nuestras añoranzas, y no de nuestras certezas. El conocimiento del desamparo del hombre es sólo posible mediante el pensamiento de Dios, pero no mediante la absoluta certeza de Dios (Horkheimer).
Para A.Ortiz-Osés, al verum (objeto del conocimiento) y al bonum (objeto de la acción), se puede añadir el pulchrum, entendido como la unidad de sentido proyectado como absoluto. El pulchrum, el sentido, es una proyección de nuestros deseos, de nuestros anhelos, no algo que se de en la realidad. Es el resultado de una interpretación, de una hermenéutica, que analiza la realidad desde el punto de vista de la esperanza a fin de atisbar toda huella que trascienda lo meramente dado. Estas huellas se encuentran en el arte, el amor, la práctica revolucionaria... y dan lugar a un trascender sin trascendencia, en palabras de Bloch, que abre el ámbito del sentido.
(F.J. Martinez Martinez, Metafísica, T26)