Tenemos así quienes niegan la densidad ontológica al mal (tradición griega y cristiana), quienes reconocen la entidad del mal y tratan de analizar sus causas históricas para eliminarlo, pero hay además otra postura: los que no buscan erradicar el mal, sino potenciarlo como signo de afirmación del carácter creador del hombre frente a Dios, como una transgresión activa de las leyes naturales y religiosas.
Un ejemplo es Sade. Para Sade, la misma razón instrumental que pone en acción al empresario capitalista es ejercida por el libertino de cara al fin último, que es el placer. Sus textos entrecruzan ficción y pedagogía. La pedagogía de Sade se opone radicalmente a la de Rousseau. El deísmo benevolente de Rousseau es rechazado basándose en el ateísmo radical de Holbach. La postura sádica es así opuesta a la masoquista.
(F.J. Martinez Martinez, Metafísica, T25)