'La dialéctica no puede detenerse ante los conceptos de lo sano y de lo enfermo, de lo racional y lo irracional. Una vez que ha considerado enfermo lo universal dominante, ve la única garantía de curación en aquello que, comparado con dicho orden, parece enfermo, excéntrico, loco. Bajo este aspecto, la función de la dialéctica sería la de permitir que la verdad del loco llegara a la conciencia de su propia razón, sin la cual, por otra parte, perecería en el abismo de aquella enfermedad que el sano sentido común de los demás impone sin piedad' (Adorno, Minima moralia)

lunes, 24 de abril de 2017

LA DIFICULTAD DE CREAR SENTIDO EN LAS SOCIEDADES CONTEMPORANEAS (1/3). LA MODERNIDAD COMO PROCESO DE ESCISION DE LA TOTALIDAD.

Tanto a nivel colectivo como individual la cuestión del sentido está relacionada con la cuestión de la identidad. Pero esto es cada vez más difícil. 

En épocas premodernas las cosmovisiones míticas y religiosas transmitían escalas de valores y aseguraban la unión de las esferas del saber. Los mitos fijaban un sentido a la existencia humana y la situaban en relación con el resto del cosmos. Pero la modernidad, industrial y capitalista, ha provocado la separación de los ámbitos político, económico e ideológico.

En el ámbito cultural la modernidad ha supuesto la escisión de la antigua razón substancial de base metafísica o religiosa en tres esferas distintas: la ciencia, la moral y el arte, cada una de las cuales instala un punto de vista específico: la verdad, la rectitud y la belleza. La especialización ha implicado el aumento de esta escisión.

La modernidad cultural y la modernización económica son las dos caras de la misma moneda. Desde el punto de vista de la constitución de una identidad como base de la donación de sentido, la sociedad moderna es el ámbito en el que se generalizan al mismo tiempo una moral de tipo universalista y una estructura individualizada del yo, que sólo de forma colectiva pude mantenerse enclavada en una identidad colectiva. Frente a las sociedades arcaicas, que igualaban lo particular y lo general a las civilizaciones desarrolladas, cuna de las religiones monoteístas, que compatibilizan la adhesión a una estado - religión determinados con el desarrollo de la identidad personal. Posteriormente, las sociedades de tipo capitalista han posibilitado una ética de tipo universalista que ya no es tan fácilmente asimilable a a los límites de un estado o religión concretos. En las sociedades modernas se ha desarrollado una posibilidad para la totalidad de la población de llegar a un nivel postconvencional de la conciencia moral, caracterizado por una orientación contractual y una orientación por principios éticos universales. Según lo primero, la acción justa se define en función de los derechos individuales y los acuerdos aceptados socialmente según la orientación por principios universales. Según lo segundo lo justo se define como decisión de la conciencia según los principios éticos que ella escoge y que pretenden amplitud, universalidad y consistencia lógica. Estos principios son la justicia, la igualdad, la reciprocidad y el respeto por la dignidad de los seres humanos. A estos principios hay que añadir la ética lingüística y comunicación universal de Habermas que admite la posibilidad de someter a discusión las necesidades humana, tratando de elevarlas al nivel de universales. A la libertad moral se añade la libertad política, y su ámbito de validez son todos los individuos en tanto que miembros de la sociedad mundial.

Este desarrollo de una estructura universalista de valores tiene su cruz en la triple escisión del individuo moderno frente a su naturaleza exterior, sociedad y naturaleza interior. Respecto a la naturaleza interior, el sujeto encuentra su lugar significante en el otro. Para llegar a reconocerse debe pasar por el lugar del otro. Por el inconsciente que aparece como ese discurso del otro. Además de esta escisión respecto al otro hay una escisión interna del propio yo, debido a la cual el sujeto presenta dos actitudes antitéticas ante la realidad: la aceptación y la negación y su sustitución por un fantasma, producido por el deseo. Por último, el sujeto está también escindido del deseo que lo constituye ya que el objeto de su deseo es siempre el deseo del otro, deseo que surge en la escisión entre el apetito de la satisfacción y la demanda de amor.

(F.J Martibez Martinez, Metafísica, T28)