Como vemos, ni la religión, ni el mito, ni la nación, ni el partido político, ni la democracia política pueden ser fuentes de sentido en una sociedad compleja como la contemporánea, producto a la vez de la modernidad cultural y de la modernización económica.
Para algunos, ha sido precisamente la modernidad cultural la culpable de la actual crisis, al entrar en conflicto con las premisas de la modernización capitalista.
Ello produce que la identidad y los valores se busquen en el ámbito del consumo más que en el ámbito de la producción. Más en el ámbito de la cultura que en el ámbito económico. El impulso ético hacia el trabajo queda relativizado y disminuido en la ética hedonista del consumo. La crisis y el desempleo empujan a buscar el sentido fuera del ámbito laboral.
La cultura moderna carece ahora de un centro definido que sirva de referencia valorativa. El arte se disuelve en tendencias. El genio se democratiza. El arte es más un articulo de consumo que se utiliza y se tira. Refleja más el sinsentido de la vida cotidiana que los ideales culturales de la humanidad. Produce más la identificación instintiva que el distanciamiento crítico racional.
Estas contradicciones culturales del modernismo se exacerban en el post-modernismo, que es más una condición que una época. La postmodernidad es algo más propio de supervivientes que de herederos. El superviviente ha de apañarse con los restos de un naufragio. El superviviente se fabrica un sentido consciente de su caducidad. No es ya un converso ni un perverso. Está obligado a ser más anarquista reversivo (que pasa de la ley) que subversivo. La posmodernidad pone en entredicho la categoría del sujeto individual y colectivo, y con ello la posibilidad de construirse una identidad donadora de sentido.
El sujeto es algo a construir. Aprovechando la escisión del sujeto de conocimiento y acción (Freud, Lacan), es posible desarrollar una identidad fragmentaria que podrá desplegarse de un extremo al otro (pasiones positivas-negativas, tristeza-alegría, poder-libertad). Se trata de la construcción de una identidad precaria pero actuante, capaz de elaborar un 'saber de la emergencia', atento a las posibilidades siempre abiertas por el azar. que de lugar a otro tipo de experiencia que vaya más allá de la experiencia moderna, sin abandonar sus ideales, pero siendo consciente de su aspecto utópico. No se renuncia al sentido, pero se es consciente de que éste sólo surge acompañado del sinsentido. Hay sentido, pero quizás no para nosotros, y por ello debemos construir un simulacro de sentido, que es a lo más que podemos aspirar.
(F.J. Martinez Martinez, Metafísica, T28).