Nietzsche reconoce como Marx el origen social del mal, aunque sitúa su superación más en los individuos aislados que en las clases sociales (Marx), separándose además de excesivo pesimismo de Freud.
Nietzsche sitúa el origen de los valores morales no en la utilidad, sino en la voluntad de los hombres poderosos, que proclaman sus propios actos como buenos en contraposición a lo plebeyo y vulgar. Fueron los que ocupaban puestos de mando los que acuñaron la noción de bueno, uniéndola a la de poder.
Según Nietzsche, la superioridad política se traduce en superioridad ética, asociado jerarquía social a jerarquía moral. Pero esta moral de los poderosos y fuertes es sustituida en el cristianismo por la moral de los esclavos y débiles. Dicha moral de los esclavos no es activa, sino que surge como reacción al mundo exterior. Es una moral reactiva, que da lugar a la culpa la cual contribuye a debilitar la confianza del ser humano en sus propias fuerzas, induciéndolo a buscar apoyo en un más allá administrado por las castas sacerdotales, principales beneficiarios de esta inversión de valores. La culpa se desarrolla a fin de dominar a la bestia humana, demasiado segura de si misma y su vitalidad. La ley y sus nociones de justo e injusto son imposiciones a los hombres activos. Tanto en Nietzsche como en Freud la conciencia se origina por introyección de los instintos agresivos. La misma actividad que hacia afuera produce las grandes obras vuelta hacia el interior da origen a la culpabilidad.
Los análisis de Marx, Freud y Nietzsche se combinan con las obras de Deleuze y Foucault, los cuales analizan el origen de las instituciones y de los males que se desprenden de ellas. En el anti-edipo (Deleuze) se estudian los tres grandes máquinas sociales desarrolladas hasta ahora: la máquina territorial primitiva, la máquina despótica bárbara y la máquina capitalista civilizada. Igualmente,Foucault ha explicado como a través del manicomio, la cárcel, la fábrica, el hospital y la escuela se han establecido los mecanismos de control de los hombres.
(F.J. Martinez Martinez, Metafísica, T24)