El arte conserva. El joven sonríe en el lienzo o en la novela, y volverá a hacerlo siempre que nos traslademos a tal página o tal momento. Conserva y se conserva en sí. La cosa se ha vuelto independiente de su modelo y del espectador. Lo que se conserva es un bloque de sensaciones, es decir, un compuesto de perceptos y de afectos.
Los perceptos ya no son percepciones, son independientes de un estado de quienes los experimentan; los afectos ya no son sentimientos o afecciones, desbordan la fuerza de aquellos que pasan por ellos. Las sensaciones, perceptos y afectos son seres que valen por sí mismos y exceden cualquier vivencia. Están en la ausencia del hombre, cabe decir, porque el hombre, tal y como ha sido cogido por la piedra, sobre el lienzo, o a lo largo de la palabra, es él mismo un compuesto de perceptos y de afectos. La obra de arte es un ser de sensación y nada más: existe en sí.
No basta con la memoria, es necesario fabulación.
Los seres de sensación son variedades, como los seres de concepto son variedades, y los seres de función variables.
El artista es creador de afectos.
Un monumento no conmemora, no honra algo que ocurrió, sino que susurra al oido del porvenir las sensaciones persistentes que encarnan el acontecimento.
Las figuras estéticas nada tiene que ver con la retórica. Son sensaciones: perceptos ya afectos, paisajes y rostros, visiones y devenires. Pero, ¿no definimos acaso el concepto filosófico a través del devenir y casi con los mismos términos? Sin embargo las figuras estéticas no son idénticas a los personajes conceptuales. Hay conceptos de sensaciones y sensaciones de conceptos, pero no se trata del mismo devenir. El devenir sensible es el acto a tavés del cual algo o alguien incesantemente se vuelve otro (sin dejar de ser lo que es), mientras que el devenir conceptual es el acto a través del cual el propio acontecimiento común burla lo que es. Este es la heterogeneidad comprendida en una forma absoluta. Aquel la alteridad introducida en una materia de expresión.
¿Se puede asimiar la sensación a una opinión orognaria?
EJEMPLO13:
(...)
Composición. Esa es la única definición del arte. La composición es estética, y lo que no está compuesto no es una obra de arte.
Todo sucede entre los compuestos de sensaciones y el plano de composición estética.
Tal vez sea esto lo propio del arte: pasar por lo finito para volver a encontrar, volver a dar lo infinito.
Lo que define el pensamiento, las tres grandes formas del pensamiento, el arte, la ciencia y la filosofía, es afrontar siempre el caos, establecer un plano, trazar un plano sobre el caos.
- Pero la filosofía pretende salvar lo infinito dándole consistencia. Traza un plano de inmanencia que lleva a lo infinito acontecimientos o conceptos consistentes, por efecto de la acción de personajes conceptuales.
- La ciencia por el contrario renuncia a lo infinito para conquistar la referencia: establece un plano de coordendas unicamente indefinidas, que define cada vez unos estados de cosas, unas funciones o unas propiedades referenciales, por efecto de la acción de unos observadores parciales.
- El arte se propone crear un finito que devuelva lo infinito. Traza un plano de composición que a su vez es portador de los monumentos o de las sensaciones compuestas, por efecto de unas figuras estéticas.
No hay que pensar sin embargo que el arte es una síntesis de la ciencia y la filosofía, de la vía finita y de la vía infinita. Las tres vías son específicas, tan directas unas como otras, y se diferencian por la naturaleza del plano y de lo que lo ocupa. Pensar es pensar mediante conceptos, o bien mediante funciones, o bien mediante sensaciones, y nnguno de estos pensamientos es mejor que el otro o más plena, completa o sintéticamente pensamiento.
Los tres pensamientos se cruzan, se entrelazan, pero sin síntesis ni identificación. La filosofía hace surgir acontecimientos con sus conceptos, el arte erige monumentos con sus sensaciones, la ciencia construye estados de cosas con sus funciones. Una tupida red de correspondencias puede establecerse entre los planos. Pero la red tiene sus puntos culminantes allí donde la propia sensación se vuelve sensación de concepto o de función, el concepto concepto de función o de sensacion y la función función de sensación o de concepto. Y uno de los elementos no surge sin que el otro pueda estar todavia por llegar, todavía indeterminado o desconocido. Cada elemento creado en un plano exige otros elementos heterogéneso que todavía están por crear en los otros planos: el pensamiento como heterogénesis. Bien es verdad que estos puntos culminantes comportan dos peligros extremos: o bien retrotraernos a la opinión de la cual pretendíamos escapar, o bien precipitarnos en el caos que pretendíamos afrontar.
(G.Deleuze & F.Guattari, ¿Qué es la filosofía?, II.3)