Ahora tenemos mucho más control sobre las cosas. Eso condiciona nuestras posibilidades de hacer arte. Tendencias del arte bajo las actuales condiciones de producción. Historia de la capacidad de reproducción: imprenta, litografía, fotografía, cine, cine sonoro.
Pero en una reproducción falta el aquí y el ahora de la obra de arte, seña de su autenticidad: su historia, sus alteraciones, sus cambios de propietario...
La reproducción manual de una obra se cataloga como falsificación. Pero no así la técnica (fotografía, etc.). La reproducción roba su aura a la obra. La técnica reproductiva desvincula lo reproducido del ámbito de la tradición. Se transforma una presencia irrepetible en una presencia masiva. Le confiere actualidad al salir al encuentro de cada destinatario. Hay una conmoción de la tradición.
El modo en el que percibimos está condicionado históricamente.
Concepto de aura de objetos naturales: una cordillera, un atardecer. Actualmente ese aura se desmorona por la intensidad de la captura de la imagen y su reproducción. Las obras de arte antiguamente tenían un aura asociada a eventos de tipo mágico o religioso. Dicho aura está ligada a su función ritual. El valor único de la obra de arte original se funda en el ritual en el que tuvo su valor útil. Cuando surge la fotografía el arte entra en crisis y surge el arte por el arte. En lugar de su fundamentación en un ritual surge su fundamentación en la política. En la fotografía el valor exhibitivo comienza a reprimir al valor cultural.
En el cine el actor tiene por primera vez que actuar con toda su persona viva, pero sin su aura, porque el aura está ligada a su aquí y ahora. Del aura no hay copia.
Pirandello dice que el extrañamiento del actor ante el mecanismo cinematográfico es similar al del hombre frente al espejo. Además ahora esa imagen es transportable ante el público de consumidores que forma el mercado. Mercado al que va no sólo su trabajo sino sus entrañas. La atrofia del aura en el cine se compensa con el glamour de las estrellas, pero es ya una magia reducida a mercancía.
Antes había pocos autores y mucho público. Ahora todo el mundo ha escrito algo. El lector es ya también escritor.
El cine ha aislado cosas que antes pasaban desapercibidas. El cine indica la situación de manera mucho más precisa que la pintura. El cine consigue que la utilización artística y científica de la fotografía son idénticas. Es perceptible que la naturaleza que habla a la cámara no es la misma que habla al ojo. Sobre todo porque presenta en un plano consciente cosas que el hombre maneja en su plano inconsciente. Gracias al cine experimentamos el inconsciente óptico, de la misma forma que gracias al psicoanálisis nos enteramos del inconsciente pulsional.
El dadaísmo dieron menos importancia a la utilidad mercantil, procurando alcanzar esa inutilidad por medio de una degradación de su material. Buscan destruir el aura de sus creaciones, imprimiendo en ellas el estigma de las reproducciones. En el cine las imágenes sustituyen a mis pensamientos.
El cine no requiere ningún esfuerzo (Duhamel). Las masas buscan disipación. El arte exige recogimiento.
El orden de la propiedad impide el aprovechamiento natural de las fuerzas productivas. El crecimiento de los medios técnicos, de los ritmos, de las fuentes de energía urge un aprovechamiento antinatural. Y lo encuentra en la guerra. La alienación ha alcanzado un grado que le permite vivir su propia destrucción como un gozo estético. Este es el esteciticismo de la política fascista. EL comunismo le contesta con la politización del arte.
(W. Benjamin, La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica)