Tras la primera etapa colonialista, relacionada con el descubrimiento del nuevo mundo, algunos países europeos (Inglaterra, Francia) tuvieron una segunda etapa colonial, fundamentalmente motivada por el poder comercial y financiero que les proporcionaban las colonias.
Conceptualmente en la justificación de ese colonialismo jugaba un papel importante la denominada carga del hombre blanco, explicando como los pueblos del imperio eran incapaces de gobernarse a si mismos, y necesitaban de la guía británica para civilizarlos y cristianizarlos. Esta doctrina paternalista y racista sirvió para legitimar la adquisición y el control británico de partes del Africa central y de Asia, y tuvo su equivalente en la mission civilisatrice francesa.
(Kottak, Antropología cultural, cap.13 - Colonialismo y desarrollo)
(Kottak, Antropología cultural, cap.13 - Colonialismo y desarrollo)