'La dialéctica no puede detenerse ante los conceptos de lo sano y de lo enfermo, de lo racional y lo irracional. Una vez que ha considerado enfermo lo universal dominante, ve la única garantía de curación en aquello que, comparado con dicho orden, parece enfermo, excéntrico, loco. Bajo este aspecto, la función de la dialéctica sería la de permitir que la verdad del loco llegara a la conciencia de su propia razón, sin la cual, por otra parte, perecería en el abismo de aquella enfermedad que el sano sentido común de los demás impone sin piedad' (Adorno, Minima moralia)

domingo, 27 de mayo de 2018

Sexo y género, raza y etnicidad, naturaleza y sociedad



Del sexo al género

El término género se introdujo en la década de los 80. Se había detectado que los roles culturales variaban de cultura a cultura. De ahí que no se pudiera reducir simplemente al sexo.

El género busca trascender el reduccionismo biológico, interpretando las relaciones entre hombres y mujeres como construcciones culturales. Se distingue así entre género como creación simbólica, sexo que se refiere al hecho biológico de ser hembra o macho y sexualidad que concierne a las preferencias y a la conducta sexual.

La teoría del género no está exenta de controversia. Aunque ha ganado terreno, no hay un modelo único para su análisis. La cuestión más controvertida es si el hecho biológico de la diferencia sexual y está vinculado a nivel intercultural con las relaciones de género y de qué manera.

Judith Shapiro señaló en los 80 que el problema de separar sexo y género es que las etiquetas interculturales relativas a género pasan entonces a ser arbitrarias. Otro autores como Yanagisako y Collier ponen en duda sin embargo que sea necesaria una relación entre género y sexo, aunque dan por supuesto la diferencia de sexo (el dimorfismo sexual existe en el mamífero humano).

De la raza a la etnicidad y vuelta atrás

La literatura feminista ha abordado la relación entre género y raza. Sin embargo, en la literatura sobre relaciones raciales y étnicas no hay este análisis.

Si lo hay sin embargo relativo a la relación entre raza, etnicidad y racismo.

En general ahora se coincide en que en el género humano no existen razas en el sentido biológico. Los rasgos fenotípicos son una fracción mínima del genoma del individuo. Por tanto las formas de desigualdad y exclusión son construcciones sociohistóricas. De hecho en el caso judío por ejemplo apenas hay rasgos fenotípicos diferentes. Los conceptos de etnicidad y grupo étnico en el sentido de identidad cultural fueron adoptados frente a raza para señalar el carácter ideológico-político de las doctrinas racistas. Los términos se extendieron tras la posguerra como repudio a las doctrinas racistas de los nazis. Se trataba de hacer hincapié en que las comunidades humanas son fenómenos histórico-culturales y no rasgos morales de origen racial y por tanto hereditarios.

La sustitución de raza por etnicidad minimizó el soporte conceptual al fenómeno racista. El hecho de relegar el término raza a la naturaleza, lo reificó, dejando el termino etnicidad como fenómeno cultural.

En los 70 se consideró en estados unidos la etnicidad como un criterio más de estratificación social. Hoy se piensa en los ataques a inmigrantes más en términos de xenofobia que de racismo, aunque en ocasiones realmente lo encubre.

Podemos ver una analogía entre raza-etnicidad y sexo-género en relación a la discusión de si son criterios relacionados entre sí o son sistemas de clasificación social distintos.

Sin embargo hay un hecho que complica esta analogía. Hemos dicho que no hay razas humanas en el sentido biológico. Pero si hay dimorfismo sexual en los mamíferos. Así, en un caso el problema es cómo de construye algo a partir de algo que no existe (etnicidad-raza), mientras que en el otro es como se construye y relaciona algo a partir de algo que ya existe (género-sexo).

Como hemos dicho el término etnicidad no es sencillo, y una de las opciones para definirlo es asociarle rasgos culturales compartidos a los que se da un significado esencial. Estamos entonces naturalizando el término etnicidad, que habíamos creado como término cultural para distinguirlo del biológico raza. Estamos ante un culturalismo biológico, que desdibuja las fronteras entre cultura y biología. Esto nos rompe los esquemas por dos prejuicios: que existe la raza, y que el ámbito cultural y biológico inciden de manera distinta en la naturaleza humana.

Los filósofos no marxistas han atribuído un papel social irreductible a la raza, si bien reconocen las consecuencias de  la discriminación racial. Los marxistas han interpretado el racismo  no como atributos de grupo, sino como resultado de la lucha de clases.

¿Es el sexo para el género lo que la raza para la etnicidad?

Como hemos dicho, las razas biológicas no existen, y la etnicidad tiende a naturalizarse. El sexo sin embargo si es biológico, luego a primera vista la respuesta a la pregunta es no. Las diferencias de sexo proporcionan en un porcentaje alto el material empírico con el que se construyen las diferencias de género. No obstante no existe un modelo científicamente correcto de sexo como la base real sobre la que se construye el género (Laqueur, 1991). Este hecho si nos permite entonces establecer una similitud en las relaciones sexo-género y raza-etnicidad, existiendo además un vínculo ideológico-político entre ambas relaciones. Diferencias de sexo y raza se constituyen en hechos biológicos significativos de la sociedad de clases, naturalizando y reproduciendo así las desigualdades de clase. Es decir, se construyen y legitiman las desigualdades sociales y de género atribuyéndolas a los supuestos hechos biológicos de las diferencias de raza y sexo.  El rasgo decisivo de la sociedad de clases es la tendencia a naturalizar la desigualdad social.


Género, raza y clase

Rich (1984) ha prevenido del riesgo del presentismo en el análisis histórico (peligros de proyectar significados presentes sobre fenómenos pasados.

En SXVI, race en Francia e Inglaterra tenía el significado positivo de descendencia noble de un cierto linaje. Hay quien opina que el término se contaminó en España en SXVI con la expulsión de los judíos. Pero estos significados eran diferentes a la noción moderna de conjunto de individuos que comparten rasgos biológicos comunes. Un ejemplo temprano de ello es la doctrina católica de pureza de sangre frente a la convivencia hasta ese momento de cristianos, musulmanes y judíos. Se comenzó a considerar que la esencia del hijo la proporcionaba la sangre de la madre. Lo que inicialmente era una cuestión religiosa subsanable con la conversión, según Kamen (1988)  se transformó en SXV/SXVI  con la expulsión de judíos/moriscos del imperio español en una doctrina racista del pecado original.  A partir de ese momento la descendencia de judíos y musulmanes fue considerada como una mancha permanente e indeleble. Esta doctrina se trasladó a las colonias españolas, extendiéndose a los africanos transportados y sus descendientes. Hasta SXVI la clasificación de la población  indígena era teológico-moral. A partir de SXVII ante la multiplicidad de razas y castas surgió una obsesión por los europeos por garantizar su pureza racial, considerada como condición de distinción social. En Europa en SXVII estudiaban las diferencias físicas en los humanos para determinar su lugar en la cadena de seres vivos. En el SXVIII esto se plasmó en las primeras formulaciones del racismo científico (demostración científica de que las diferencias morales y culturales tienen base biológica). En el SXIX se asociaban desigualdades sociopolíticas con diferencias raciales, que atribuían las desigualdades sociales a las leyes de la naturaleza (pej. social-darwinismo).

Este esquema (naturalización de diferencias sociales y posterior interpretación de estas como desigualdades socio-políticas) no era solo un reflejo de la expansión colonial europea, sino que se aplicaron también a desigualdades conflictos políticos latentes en europa).

La tensión entre el afán del hombre por descubrir la naturaleza y dominarla y la tendencia a naturalizar a los sujetos sociales es uno de los aspectos destacados en el debate moderno sobre el lugar del hombre en la naturaleza. Al consolidarse la burguesía en SXIX, las corrientes mencionadas coinciden con el auge económico-político de una ética de igualdad de valor y oportunidades. ¿Por que persiste la naturalización de la condición social? Es precisamente esta posibilidad de ir contra el orden establecido lo que provoca que las desigualdades sean naturalizadas.

¿Qué tiene que ver la naturalización de la desigualdad social con las jerarquías de género que prevalecen en esta sociedad? Se ha fomentado la idea de los vínculos entre padres/madres e hijos como lazos de sangre. El ansia de inmortalidad de  los hombres tiene su reflejo biológico en el deseo de transmitir sus genes, y la imagen de las mujeres como destinadas por la biología a la maternidad. Si se atribuye la condición social a la biología, la procreación es clave. Las mujeres son entonces controladas porque en este esquema biológico desempeñan un papel esencial.

Pero cómo encaja aquí la revolución sexual y el retroceso de la familia tradicional? En parte, en esta sociedad individual, se ha dado un giro ideológico. El éxIto ha pasado a ser la base de la condición social frente a cualquier otro criterio como el familiar. Pero el éxito del individuo se atribuye a su talento natural. Las mujeres son entonces referidas en relación a los hombres como las otras, inferiores a la hora de competir contra los hombres en términos de igualdad debido a su condición de madres. La discriminación en el mercado de trabajo es uno de los efectos de esta conceptualización esencialista.

Un ejemplo actual de naturalismo es incentivar la natalidad, favoreciendo medidas para que las mujeres trabajadoras tengan más hijos para facilitar la continuidad del estado del bienestar. Que no se de ese trabajo a parados o inmigrantes, subyace la idea de que carecen de las cualidades.

Resumiendo: el género, la clase y la raza están interrelacionados y son claves en el mantenimiento de la sociedad de clases. La ilusión liberal de la superación económica con el esfuerzo individual es una trampa ideológica que oculta la realidad de la explotación de la mayoría por una minoría. Esta ilusión liberal de la superación económica socava la posibilidad de resistencia colectiva. Si se concibe la desigualdad en términos naturales, hace falta para garantizar los privilegio existentes controlar la capacidad reproductiva de las mujeres. La política pronatalista del primer mundo y de control de la natalidad del tercero es un ejemplo de ideología racista y sexista.


(V.Stolcke, ¿Es el sexo para el género como la raza para la etinicidad?, Textos de antropología contemporánea pp.315-348)